ampollas y distribuirlo desde la tienda tapadera llamada Transilvania era pura escenografia y un timo.
Estaba loco por contarselo a Sandra. Con la conversacion se habian hecho las ocho y cuarto y no queria que pensara que no habia podido acudir. Se me habia acelerado el pulso y en el coche me bebi un buen trago de agua y trate de tranquilizarme. Si me pasaba algo, ellos seguirian durmiendo a pierna suelta y pensando hasta el final de sus dias que eran unos elegidos. Controlate, me dije, y arranque en direccion al Faro.
Llevaba la carpeta con la analitica en la mano y pensaba decirle a Sandra que nos marchasemos a otro sitio por si alguna vez la habian seguido a ella o a mi. Habia pensado que fuesemos por separado a una iglesia que habia a la entrada del pueblo. Alli estariamos tranquilos. Pero cuando llegue ya no estaba. Eran las ocho y media y a veces Sandra no tenia margen de maniobra por los dichosos caprichos de Karin. Fui hasta la piedra C, no habia nadie por los alrededores, la levante y nada. Ninguna nota. No habia venido, si hubiese venido habria dejado alguna senal. Entre a tomarme una infusion para hacer tiempo.
Me sente en nuestra mesa habitual y se acerco la camarera.
– Ha venido y se ha marchado.
– ?Perdon? -dije.
– La chica, ha venido y no ha esperado ni diez minutos. Es meterme en lo que no me importa pero no pierda el tiempo. Esa chica no le quiere.
Estuve por soltar la carcajada.
– ?Y como lo sabe? -dije.
– Es de cajon, puede ser su nieta. Mirese, ?si usted fuera ella le gustaria alguien como usted?
– Gracias por el consejo, me tomare una manzanilla.
– Va a sacarle el dinero -dijo esta mujer de unos cincuenta anos mal llevados a la que no queria ofender por lo que pudiera pasar.
– Pues tendria que haber elegido a otro porque no tengo mucho. Vivo a base de manzanillas y menus de nueve euros y el dia que como no ceno.
– Ya es algo, a esa le da igual.
– ?No cree probable, ni por lo mas remoto, que pudiera enamorarse de mi?
– Ni de cona. Esta loco si se hace esas ilusiones. Es patetico que se le pueda pasar por la cabeza.
– Por la cabeza se pasan muchas cosas. No me diga que no piensa usted alguna vez en algun actor famoso al que jamas va a conocer.
– Un actor ?como quien?
– Un actor, pues… no se, como Tyrone Power por ejemplo.
– ?Como quien? Ese murio hace mucho, no se ni la cara que tenia.
– Fue un galan clasico.
– A esa chica no le gustan los galanes, no le gusta usted. Vuelva a su casa. No me iria con la conciencia tranquila esta noche si no se lo dijera.
Le iba a decir que siempre me habia parecido que estaba de parte de Sandra y que habia sido una verdadera sorpresa que se preocupara por mi.
Agradeci que la manzanilla estuviera ardiendo para hacer tiempo porque sabia que en cuanto Sandra pudiese saldria pitando hacia aqui. Tenia que haber sucedido algo de fuerza mayor para que no viniese a la cita mas importante que habiamos tenido y que probablemente ibamos a tener nunca, el descubrimiento del Gran Tesoro. Sin Sandra, sin sus agallas, habria sido imposible descubrirlo. Algun dia tendrian que reconocerle su valor. Todo lo que yo habia hecho en comparacion con lo que habia hecho ella no era nada porque yo estaba lleno de odio hacia aquella gente y en cualquier accion mia habia una venganza personal, sin embargo ella lo hacia por todos. La camarera no tenia ni la mas remota idea de quien era la persona de la que hablaba y que habia juzgado con tanta bajeza. La mire con desprecio cuando me trajo la cuenta.
Escribi en una servilleta la palabra
Me eche la servilleta al bolsillo, recogi la carpeta y sali. Me sente unos minutos en nuestro banco y puse la servilleta bajo la piedra C.
Sandra
Tenia tiempo de mirar tiendas antes de reunirme con Julian. Habia llegado al punto de encontrar un pequeno placer en el simple hecho de poder andar a mi ritmo y no al de los pequenos pasos de Karin o del mismo Julian. Porque aunque siempre hablasemos sentados, tardaba un siglo en poner la taza en el plato y en pagar y en ponerse el chaqueton. Asi que el encontrarme a mi aire sin sentir el peso de Karin colgando de mi brazo era un deleite. Me encamine a la calle de los artesanos y los artistas, donde se encontraban cosas unicas, zapatos hechos a mano, vestidos muy originales, ceramica, objetos de madera y cuero.
Iba mirando los escaparates y entrando y saliendo de las tiendas caprichosamente. Esto que antes de conocer a los noruegos, antes de Villa Sol, antes de Julian, antes de sentir un hormigueo en el estomago que no se me iba de ninguna manera, esto que antes hacia sin pensar ni darle importancia, ahora me producia sensacion de libertad y de ser duena de mi. Una de las tiendas que mas me gustaba era de ropa artesanal de ninos y vendian jerseis como el que yo intentaba hacer en Villa Sol. Y estaba estudiando una sisa cuando ante el escaparate, decorado con canastillas, con delicadas sabanas bordadas, toallas con puntillas y mil detalles para que un nino se sintiera entre algodones, vi pasar a Frida.
No era nada raro que me pudiera tropezar con ella en cualquier parte del pueblo, pero el verla fuera de los dominios de Villa Sol me sobresalto y el hormigueo en el estomago se descontrolo. Frida no encajaba en el mundo normal aunque nadie aparte de mi en esta calle se diese cuenta. Mi primer impulso fue retirarme a un lado para que no me viese, pero luego me di cuenta de que iba andando obcecada, sin mirar a los lados. Probablemente tambien ella pensaba que yo no existia fuera de Villa Sol ni del control de los dos viejos y que ella podia descansar de observar y de estar pendiente de todo. Deje el jerseicito en el mostrador y sali. Estaba casi segura de que Frida no volveria la cabeza. Hacia frio y llevaba sobre un jersey rojo un chaleco acolchado azul marino, mini-falda y botas de piel vuelta, y se habia recogido el pelo en una trenza.
Entro en Transilvania, una pequena tienda de regalos y salio con una bolsa grande. Por una vez en la vida no tenia cara de asesina. Parecia una chica casi normal, con algo de ilusion en la mirada. Continuaba sin importarle lo que ocurriera alrededor, y yo seguia con cierta comodidad sus fuertes pantorrillas asomando por las botas calle arriba. Solo esperaba que no cogiera la bicicleta, porque yo habia aparcado la moto bastante mas abajo. Torcio hacia el barrio de pescadores con paso cada vez mas rapido. O llegaba tarde o estaba deseando llegar a dondequiera que fuese. Y aunque a mi a veces me costaba respirar, no estaba dispuesta a perderla de vista. El instinto me habia puesto detras de ella, y el instinto me obligaba a saber donde iba. Podria haberme quedado mirando ropa para el nino y siendo libre, pero el querer saber que estaba haciendo Frida era mas fuerte que la libertad.
Se detuvo ante una taberna para mirarse en el cristal de la puerta. Se paso la mano por la trenza y entro. En el cristal habia un pulpo dibujado y no se veia bien, asi que doble la esquina y, como era de esperar, alli habia un ventanal y por el ventanal se podia ver a Frida de espalda y a la Anguila de frente. ? La Anguila! Me aleje un poco para observarlos mejor, ellos no podian verme a mi. ? La Anguila! Hablaba ella, el la miraba. Ella saco lo que llevaba en la bolsa. Era una chupa de cuero muy bonita. El la cogio y sin apenas reparar en ella se la devolvio. Ella le cogio la mano, y el suavemente, sin brusquedad, la retiro. Hablaron, el recostado en la silla, pasandose de vez en cuando la mano por el pelo, y ella con los hombros y la cabeza echados hacia delante, hacia el. Yo estaba medio tapada por un coche y no pensaba moverme de alli hasta que esta historia acabara. ?Como podia confiar en alguien que se veia a solas con Frida?
Pasada media hora Alberto pago y se levantaron. Frida le tendio la bolsa con la chupa y el al principio no la cogio, se habia metido las manos en los bolsillos del chaqueton para no cogerla, pero ella insistio, le suplicaba con todo el cuerpo que no la desairase, y el no tuvo mas remedio que aceptar. Incluso a mi la situacion me puso tan tensa que me alegre de que cogiera la bolsa y se acabara de una vez con aquello. No me parecio prudente seguirlos, seguramente cada uno se iria por su lado, asi que me fui a buscar la moto.
Subi al Faro todo lo rapido que pude y espere a Julian diez minutos. Pense que tal vez ya se habia marchado, aunque como no habia ninguna nota debajo de la piedra quiza no habria podido venir. Estuve a punto de
