vuelta en los pantalones, las solapas de la chaqueta subidas, una bufanda negra anudada como en las revistas y gafas de sol.

Hay veces en que no hay que pensar porque el mundo se ordena solo y sin mas historias las piezas encajan. Ante mi tenia a Sebastian Bernhardt, el Angel Negro, como lo llamaba Sandra. Le reconoci enseguida, como si su presencia hubiese hecho saltar una chispa dentro de mi. Hoy estaba siendo un dia redondo: el mas invisible de todos los invisibles y probablemente el mas importante de la Hermandad, el que tenia la ultima palabra, estaba a unos metros de mis narices. El y Alice iban charlando calle abajo. Se sentian jovenes y guapos, a todas luces mucho mas de lo que eran. Puse el coche en marcha y me acerque al final de la calle por donde habian dado la vuelta. Los vi sentados en la terraza cubierta de un restaurante que colgaba sobre el mar. El le cogia la mano y se la besaba y ella se reia. Podrian ser amantes, y de ahi el control de Alice sobre el magnifico liquido, y de ahi que Otto estuviese ahora mismo entretenido con el golf. Luego parecio que trataban algun asunto serio. Se tomaron dos ensaladas y dos cafes y a la hora volvieron a subir la cuesta. Me quede a mitad de calle, bastante antes de llegar hasta ellos, que se detuvieron a la puerta del complejo de apartamentos sin dejar de hablar, sobre todo el, que parecia darle instrucciones a ella. Ella asentia. A los cinco minutos salio Frida, y ella y Alice se marcharon en el Audi.

Esta vez no las segui. Volverian a casa de Alice, se meterian directamente en el garaje y no podria comprobar si sacaban o no la caja con la que habian salido de Transilvania. Probablemente se la habian entregado a Sebastian.

No sabia que mas hacer. Eso me desesperaba, pero ya se me ocurriria algo. Ver comer a Alice y al Angel Negro me habia abierto el apetito, asi que me fui a mi bar de costumbre y me pedi un menu. Me tome unas lentejas y sepia a la plancha con agua mineral sin gas y de postre natillas. Sali bastante hinchado, dispuesto a echarme una pequena siesta hasta la hora de ir a recoger los resultados de los analisis.

A las cinco y media ya no podia mas y me marche a Transilvania, la tienda de regalos. Esto me ayudaria a matar la ansiedad, la espera de los resultados del laboratorio me tenia en vilo.

Solamente habia un dependiente de unos treinta y cinco anos sin mucho que hacer. Le dije que queria hacer un regalo y que no sabia que comprar.

– Es artesania de Rumania y de los Balcanes -dijo sin ningun interes por vender ni por lo que tenia expuesto. Tenia acento rumano.

Estuve mirando los precios de aquellos objetos, a algunos de los cuales ni siquiera les habian quitado el polvo, y compre una caja de laca bastante bonita para regalarsela a Sandra. Con la caja en la mano continue mirando, haciendo tiempo por si ocurria algo de interes. El dependiente tuvo una llamada y entre una verborrea que no entendia distingui los nombres de Frida y Alice. Tambien podrian haber sido imaginaciones y que mi deseo de escuchar algo familiar hubiese forzado los nombres y tambien podria ser que en aquella caja de carton llevaran simples objetos de la tienda, aunque era curioso que no la hubiesen envuelto para regalo.

El rumano cogio de mala gana la cajita lacada y la envolvio torpemente y, para colmo, como solo tenia quince euros sueltos dijo que no importaba, que preferia los quince que tener que pasar la tarjeta del banco. Indudablemente aquel sitio olia a tapadera. Si eran los encargados de traer el producto desde donde fuese, lo guardarian en la trastienda hasta que viniese a recogerlo Alice. Seguramente por la relacion especial que mantenia con Sebastian, Alice era la encargada de custodiar y repartir semejante tesoro. Y otra cosa, ?sabrian Fredrik y Karin y los otros cual era el punto de recogida' Aunque lo supieran, probablemente no se atreverian a hacer absolutamente nada, porque si a Alice se le habia concedido este poder era porque tenia otros poderes, que le cubririan bien las espaldas.

El laboratorio estaba a las afueras, cerca del poligono industrial y las instalaciones eran nuevas y modernas, aunque su director tuviera casi mi edad. Me pidieron que volviera dentro de una hora, poco antes de la hora de cerrar, el director queria verme personalmente y explicarme los analisis. Los pacientes sentados en la sala, que tambien esperaban sus resultados, me miraron con pena y cierto alivio. Pensaban que estaba tan mal que mis pruebas necesitaban un comentario del director y al mismo tiempo preferian que si la estadistica tenia que cumplirse que se cumpliera en mi y no en ellos.

Estuve paseando por el poligono, admirando el original diseno de las nuevas naves industriales, nada que ver con aquellas cajas de hormigon vacias que luego llenaban de maquinaria grasienta. Ahora todo era cristal, acero, plastico, luminosidad. Estaba nervioso. Hoy iba a ser el gran dia. Entre en un almacen de bricolaje y vi como cortaban los tablones. Olia muy bien, a pino serrado. A Raquel le habria encantado este lugar, le gustaba todo lo que estuviera a medio hacer para la casa, maderas que hubiese que montar y pintar, barro que hubiese que decorar, cuero que hubiese que tenir. Me volvia loco con esas cosas. Di una vuelta y era una pena que yo jamas fuese a ser cliente de este almacen, que los anos en que estas cosas tienen sentido no los hubiese aprovechado precisamente en esto. Hermosos arcones solo a falta de lijar, alacenas que imitaban una antiguedad de cien anos. Me sente en una silla de anea a esperar. Matrimonios que se entusiasmaban con las librerias sin barnizar mientras trataban de sujetar a los hijos. Estudiantes que buscaban una mesa con tara y mas barata para una vivienda provisional. No habia ningun sitio mejor en el mundo para esperar el pasado, los analisis que me devolvian a un tiempo que ya no existia, pero que se empenaba en seguir existiendo a toda costa. Todo tendria que oler como en este almacen.

Cuando faltaba un cuarto de hora me fui andando hacia el laboratorio, admirando los arboles y a la gente que trabajaba, que se ganaba la vida haciendo algo que se podia ver y tocar para los demas.

Al verme de nuevo en aquel remanso de paz senti el mismo nerviosismo que cuando me hacian las pruebas del corazon. El doctor me hizo entrar en su despacho de caoba y cerro la puerta. Era muy amable, me pregunto como me encontraba y comento el buen tiempo que hacia. Parecia que tenia todo el tiempo del mundo. Por fin abrio una carpeta y salieron a la luz las tipicas analiticas. Me habian hecho tantas y tantas que las reconocia al vuelo. Por lo menos, pense, han podido extraer algo de liquido.

– Bien -dijo-, tendriamos que repetir los analisis. Hemos trabajado con una minima muestra que presumimos que estaba contaminada porque no hemos apreciado nada especial.

– ?Nada?

Se encogio de hombros.

– ?Y decia usted que su hijo se inyectaba esto? No tiene por que alarmarse. Es un potente complejo vitaminico.

– Doctor, yo no soy medico, aunque me paso la vida entre ellos, asi que se lo preguntare sin rodeos, ?es posible que este compuesto produzca el efecto de rejuvenecer y producirle la energia de un joven a un anciano pongamos como yo?

– Las concentraciones de vitaminas y minerales como la fosfatildiserina, la taurina, las vitaminas del grupo B y otras son muy elevadas. Desde luego pueden mejorar la concentracion y la sensacion de vitalidad, pero no hacen milagros. Sin duda es un compuesto mucho mas eficaz que el que toman habitualmente los estudiantes.

»A veces -continuo-, la gente paga fortunas por formulas vulgares, tanto para ingerir como para uso local, me refiero a los cosmeticos. Se dejan enganar con la ilusion de ser mas jovenes y mas inteligentes. Espero que su hijo no sea uno de esos. En muchos lo que mas funciona es el efecto placebo.

El doctor se acomodo en el sillon. Como a toda la gente de mi edad le gustaba echar el rollo.

– Nos horroriza la muerte, nos da panico -dijo-, lo que es una completa estupidez y una perdida de tiempo porque la muerte nunca falta a su cita. Es puntual. No la podemos parar ni detener, ?retrasar?, bueno, quiza, no estoy seguro. ?Y sabe por que? Porque la muerte es buena, es necesaria para la vida. La muerte de una celula supone su renovacion, si no muriesen unas y naciesen otras no podriamos vivir. Digale a su hijo que coma bien, que haga ejercicio, que haga el amor siempre que pueda, que disfrute de la vida y que no se complique.

– ?Y yo, doctor? El es joven, pero yo…

– Lo mismo, pero en dosis pequenas.

A la hora de pagar tuve que sacar la tarjeta oro. Fuese como fuese habian tenido que afinar mucho en el analisis y dos auxiliares habian trabajado hasta la madrugada. Me costo dos mil euros y me pregunto si necesitaba factura. Le dije que en un asunto asi era innecesaria.

Sali de alli mas mareado que cuando me comunicaron que tenian que cambiarme una valvula del corazon. Despues de todo, los experimentos sadicos del Doctor Muerte o de Himmler no habian servido para encontrar la inmortalidad o la eterna juventud, ni siquiera para alargar la vida. El envasar el bebedizo en estas sospechosas

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