habia ido montando un mundo a mi alrededor invisible para otras personas, un mundo en el que yo tenia algo que decir y que hacer. Asi que en cuanto cumpli con el recado de Sandra, en cuanto me subi al coche, ya sabia lo que tenia que hacer.
Tenia que ir de nuevo al barco del Carnicero ahora que el estaria comprando o dando un paseo, la unica casa o morada de toda la Hermandad que era accesible, probablemente porque llevaba muchos anos viviendo asi sin que le ocurriera nada y no tenia por que recelar. Pasar desapercibido, camuflarse, ser uno de tantos, no tener aparentemente nada que ocultar era mas seguro para el que rodearse de muros y vigilancia. Sin embargo, de pronto, una pastilla de jabon menos, una floreenla menos, un cuchillo menos. Pero ?quien iba a entrar en el barco para coger estas cosas?, solo podria achacarlo a un despiste suyo.
Me quede en calcetines para bajar la escalera. Todo estaba como la ultima vez. Ser tan intensamente organizado le daria sensacion de estabilidad y de que su pequeno mundo no podia cambiar. Le entendia porque a mi me pasaba igual. Si me cambiaba las gafas de bolsillo, me hacia un lio. Asi que volvi a poner la pastilla en su sitio, el cuchillo en el suyo y las flores no las toque. A continuacion cogi de las estanterias todos los cuadernos escritos de puno y letra de Heim que pude cargar. Sali, me puse los zapatos y espere sentado en un banco de enfrente a que llegara.
Entro con sus fuertes piernas nudosas y la cabeza dirigida al suelo y bajo al recinto sagrado. Tenia frio pero espere hasta verle salir a cubierta. Dio zancadas de un lado a otro y volvio a bajar. En los catamaranes de los lados no habia nadie y a nadie podia preguntar si habian entrado en su barco. ?Y por que iba a entrar alguien para hacer aquella tonteria? Trataria de ser prudente y consideraria que el no habia visto bien y que habia pensado que faltaba algo cuando en realidad no faltaba. Decidio volver a bajar. Al subir de nuevo escudrino el suelo de cubierta como debio de escudrinar el de dentro y las escaleras. Y en un momento determinado sacudio la cabeza como diciendose a si mismo que esto era una tonteria y que no merecia la pena pensar mas en ello.
Pero al dia siguiente, antes de acudir a mi cita con Sandra, en la hora en que el solia ir a la lonja o a darse una vuelta en tierra firme, no salio. Seguramente queria comprobar si algo se movia, si desaparecia o aparecia mientras el estaba alli. La semilla de la inseguridad en si mismo estaba sembrada, ahora solo habia que esperar a que creciera. Estaba seguro de que empezaria a hacer por si mismo lo que habria hecho yo. El mismo se encargaria de regar la planta de la sospecha. Dia si y dia no me pasaba por alli, no queria perder de vista al Carnicero. Me dolia verle y al mismo tiempo no podia dejar de verle en sus tareas cotidianas de limpiar su querida cubierta como en otros tiempos habia hecho esas otras tareas cotidianas de cargarse a seres humanos con el mismo primor y organizacion.
En cuanto Sandra se metia en el bunker de Villa Sol nos quedabamos incomunicados y no sabia cuando podria tranquilizarla diciendole que el inquilino estaba bien y que por muy locos que estuvieran todos ellos no iban a jugarsela por un capricho de Karin.
Habia que esperar a vernos en el Faro a las cuatro de la tarde dia si y dia no para contarnos las novedades, salvo que Sandra se las arreglase para dejarme algun mensaje en el hotel, en el buzon del Faro o que yo me dejase ver cuando traia al pueblo a Karin a gimnasia. Lo bueno de que seamos animales de costumbres es que acabamos teniendo un horario mas o menos fijo. Yo mismo, a pesar del tipo de vida en el que estaba metido en estos ultimos tiempos, sin rendir cuentas a nadie y teniendo que aprovechar cualquier oportunidad que se me presentase para seguir con mis pesquisas sobre la Hermandad, no tenia mas remedio que hacer un alto al mediodia para descansar y acostarme temprano por la noche.
Tenia que administrar mis energias y no saltarme la medicacion. Y gracias a este viaje me habia dado cuenta de que sabia cuidar de mi mismo. Me vigilaba como si estuviera fuera de mi y me obligaba a beber agua aunque no tuviera sed y a comer aunque no tuviese mucha hambre, tambien me obligaba a hacer estiramientos al levantarme por la manana, unos minutos de gimnasia sueca que Salva me habia ensenado a hacer en el campo, sobre todo cuando llegamos alli. Al final ya no nos quedaba fuerza ni para respirar, pero hasta ese momento Salva decia que el ejercicio venia muy bien para la cabeza porque activaba la circulacion de la sangre y el transporte de oxigeno al cerebro. Y despues de que intentase suicidarme de aquella manera tan pobre y tan lamentable no deje de hacer las flexiones ni un solo dia.
No se me ocurria como penetrar en ese otro mundo de Sandra cuando me vino a la mente la aficion de Karin por ir al centro comercial. Eran las siete y media de la tarde, asi que lo mas probable es que Karin le pidiese a Sandra dar una vuelta por alli. Y aunque tenia pensado acercarme por el Nordic Club por si tenia suerte y veia a Sebastian Bernhardt, tire hacia el centro comercial.
Estaba hasta los topes. Cerca de nuestra casa en Buenos Aires tambien habia uno y a Raquel le encantaba ir por alli tarde si y tarde no. A mi al principio me repateaba, me parecia una perdida de tiempo, tenia cosas mas importantes que hacer, como ir detras de tal o cual nazi, pero con el tiempo note que me relajaba, note que alli me olvidaba de todo y solo pensaba en lo que veia, era como darse una vuelta por el cuerno de la abundancia, por la cueva de Ali Baba. Alli estaba todo, lo que necesitabas y lo que no necesitarias nunca. Asi que no me importaba meterme en este supermercado y aprovechar para comprarme unos calcetines y unos panuelos de tela. Mi hija me decia que era mas higienico sonarse con panuelos de papel, pero a mi me gustaba el contacto del suave algodon en la nariz y no pensaba renunciar a esto. No se si eran lujos o manias porque tampoco soportaba los calcetines de fibra sintetica, tenian que ser de fibra natural y los calzoncillos de algodon cien por cien, como las camisas. Necesitaba que la carroceria de mi cuerpo fuese suave y comoda y que la notase lo menos posible. Y cuando veia a los viejos de la Hermandad pensaba que tambien ellos tendrian sus manias, como las camisas anormalmente anchas de Fredrik, y que habiamos llegado al mismo punto, unos por el camino de los verdugos y otros por el camino de las victimas. Habiamos llegado al borde del precipicio.
No llegue a entrar en el centro comercial propiamente dicho. Nada mas aparcar entre dos columnas y abrir la puerta del coche alguien vino por detras y me empujo contra una de las columnas. Me golpee con el cemento en la espalda y la cabeza. Como aun tenia las llaves en la mano se las clave a aquel energumeno en el estomago lo mas fuerte que pude, pero me encontraba tan cerca que no llegue a herirle, se separo y me retorcio la muneca en que llevaba las llaves. Era la Anguila.
Le pedi que me dejara.
– Te dejare si te alejas de Sandra.
– ?Sandra? -pregunte.
– Si, Sandra -contesto retorciendome un poco mas la mano.
– Esta bien -dije soltandome como pude, porque si me hacia mas dano ya si que no podria volver a ver a Sandra.
– Esta bien -repeti-.
En la mirada de la Anguila no habia ira, estaba llena de cansancio, de tristeza quiza.
– Marchate y no vuelvas a acercarte a Sandra.
Con una de las manos me apretaba el cuello y le pedi que me soltara si no queria que me muriese alli mismo. Cuando estuve libre, carraspee y me cogi la mano retorcida con la otra. Esto me iba a costar caro, me doleria todo el cuerpo varios dias. Abri el coche y me sente. El me veia hacer.
– ?Quien eres? ?Por que has venido a este pueblo?
– Un amigo me invito a venir pero cuando llegue el habia muerto. O volvia a hacer otro largo viaje de vuelta o me quedaba. Decidi quedarme, hacia mucho que no tenia vacaciones.
La Anguila sabia que no le decia toda la verdad. Se sento en el asiento de al lado y se encendio un pitillo sin pedir permiso. Evidentemente alguien que me acababa de pegar no iba a tener miramientos de esa clase.
– ?Y de que conoces a Sandra? -dijo mirando alrededor. Estaba considerando que llevaba muchas cosas en el coche. Vio la manta del hotel, el agua, las manzanas, los prismaticos, un cuaderno, periodicos. Si ahora no se le ocurria ponerse a registrar se le ocurriria mas tarde.
– La conoci en la playa y nos hicimos amigos. Cuando nos vemos, nos saludamos.
– Es mucho mas que saludaros. Pasais mucho tiempo juntos. Os citais con frecuencia.
Su tono era malicioso. La muneca y la mano me dolian bastante.
– Quiza Sandra se siente sola y necesita hablar con alguien. No sere el hombre de sus suenos, pero puede contar conmigo. Por lo menos yo no la engano, no le creo falsas ilusiones y no me dedico a ver como lo pasa mal mientras yo continuo con mi vida de Don Juan.
Lo de Don Juan le provoco una mueca burlona en la boca.
