– Perjudicas a Sandra dejandote ver con ella. Imagino lo que buscas e imagino que Sandra se ha cruzado en tu camino e imagino que se te ocurren mil cosas que Sandra podria hacer para ayudarte, pero tambien imagino que no querras morir precisamente ahora que tus suenos podrian cumplirse o ahora que por lo menos tienes suenos.

– Hace mucho que para mi la vida es pura propina.

– Eso era antes, ahora no quieres perderla. Y creeme, como te volvamos a ver con ella, se acabo, ?me entiendes?

Afirme y por fin la Anguila salio del coche.

Se me quitaron las ganas de entrar en el centro comercial a comprarme los calcetines.

Lo mejor seria marcharme al hotel antes de que el cuerpo se me enfriara y no pudiera moverme.

Conduje con la mano buena, la derecha, sujetando el volante, y con la magullada en los cambios de marcha. Saque fuerzas de no se donde para dejar el coche lo mas oculto posible y antes de subir a la habitacion me pedi un vaso de leche caliente en el bar del hotel y me lo lleve a la habitacion. Me temblaban las manos, no de miedo, sino de cansancio. Aunque aun era pronto, estaba deseando tomarme la medicacion, quitarme las lentillas, ponerme el pijama y meterme en la cama. No retiraria el cobertor acolchado porque necesitaria todo el calor posible y olvidarme de Sandra y de lo que le pudiese estar ocurriendo para ser capaz de funcionar al dia siguiente.

Cuando ya tenia puestas las gafas de culo de vaso, llamaron a la puerta. No me parecia este el momento mas apropiado para que llegara el fin. Si de verdad hubiesen querido liquidarme, tendrian que haberlo hecho en el parking del centro comercial, vestido de calle y con el coche al lado, como si fuese un robo. Ni siquiera habria merecido una nota en los periodicos. Por el contrario llamaria muchisimo la atencion que asesinaran a un anciano completamente indefenso en la habitacion de un hotel. Asi que pregunte quien era.

Entro Roberto mirando la suite como si quisiera comprobar que no faltaba nada. A mi ya no me parecia tan impresionante como antes, me habia acostumbrado y encontraba que era un quiero y no puedo de suite.

– ?Se encuentra bien? Los de la cafeteria me han dicho alarmados que tenia la cara descompuesta y mucho temblor en las manos.

Vio el vaso de leche sobre la mesilla y luego observo que me cogia una mano con la otra.

– Me he resbalado y me he hecho dano.

– Deje que le eche un vistazo -dijo.

– Me duele por la contusion, pero no es nada.

Insistia en que tendrian que hacerme una radiografia, pero yo le dije que ya tenia el pijama puesto y que no pensaba salir del hotel.

– Solo quiero descansar.

Empece a pensar que quiza Roberto el de la gran peca era mi amigo y que podria contarle que hacia aqui y entregarle el album de fotos de Elfe y los cuadernos incriminatorios de Heim y los mios. Demasiado facil, demasiado amigo y demasiada debilidad por mi parte. Deseche la idea a pesar de que volvio a subir con pomada y una venda que me coloco muy bien colocada y que le agradeci mucho.

Sone que la Anguila le retorcia la mano a Sandra y que le dolia, que le latian las articulaciones de puro dolor y que yo se la vendaba. Pero cuando desperte, a quien le dolia la mano era a mi y no podia hacer nada por Sandra si no queria salvarse. Podria huir de Villa Sol aprovechando cualquiera de los momentos en los que bajaba al pueblo. Podria ir a la estacion de autobuses y desaparecer. Aunque yo pudiese entrar en la casa, inmovilizarlos a todos y cogerla de la mano para sacarla de alli, ella no querria, se habia envenenado con ideas de venganza, de justicia o de acabar lo que habia empezado o de enamoramientos. Asi que debia pensar en asuntos mas practicos.

De un momento a otro me desvalijarian el coche. Ellos sabian que yo guardaba pruebas y que no las iba a ocultar en el hotel, asi que el coche se convertia en la mejor opcion. No tuve que pensar mucho. Desde que estuve en la «casita» hablando con el inquilino, me venia a la mente una y otra vez el caos de libros y papeles en que vivia hundido el profesor. Alli no llamarian la atencion los cuadernos y el album, o no se la llamaria a el. Tenia tanto que leer que no buscaria por la casa mas papeles aun.

Me tome un gelocatil con el desayuno. No tenia hambre, pero no podia desfallecer y como hacia sol sin viento, pense que lo mejor seria acercarme por la playa para fortalecerme con sus rayos. Me sentaria junto al muro donde el sol pegaba mas fuerte, luego volveria al hotel a tumbarme un rato en la cama y a eso de las tres y pico me acercaria por la casita.

Todo ocurrio como habia previsto. Espere hasta ver salir al inquilino con la cartera y subir a un Renault de tercera mano por lo menos, y entre sin problemas. Si me sorprendia, tenia pensado decirle que estaba tomando medidas para las estanterias, pero no hizo falta. Abri la pequena verja y en varias zancadas estaba ante la puerta de la calle, que se abrio con suavidad. Entre montanas de papeles y carpetas logre alcanzar la escalera. En las habitaciones de arriba enseguida deduje que la suya era la que tenia la cama revuelta y periodicos y revistas por el suelo. Habia alguna Playboy y no quise mirar mas. En el resto de los cuartos parecia que entraba menos. Uno de ellos, el mas grande, tenia dos camas (recordaba vagamente que la habia visto cuando Sandra me enseno la casa) y dos mesas de estudio con cajones a los lados y en una pared una estanteria con libros del colegio de los que debian de ser los sobrinos de Sandra. No creia que al inquilino fueran a llamarle la atencion aquellas cosas, y de interesarle ya las habria investigado, asi que abri uno de los cajones. Habia cuadernos y folios cosidos con dibujos desde primaria. Solo a sus padres podria interesarles, asi que meti debajo el album de fotos de Elfe, y los cuadernos de Heim y los mios los coloque de forma apaisada detras de los libros de texto. Era imposible que nadie que no los buscase expresamente los encontrara. Y si dieran con ellos por casualidad no sabrian interpretar las anotaciones de Heim ni que hacer con el album.

Sali bastante aliviado con la certeza de que ni la Anguila ni ninguno me relacionaban con la casita, por lo menos no se les ocurriria sospechar que era mi caja fuerte. Lo que ya no me gustaba tanto es que pudiese entrar cualquiera, por lo que manana, dia que nos tocaba vernos a Sandra y a mi, le contaria que habia visto al inquilino en perfecto estado y que seria conveniente darle una llave nueva.

Despues me fui a Urgencias del hospital para que me vieran la mano.

Sandra

Le entregue una llave nueva de la casita a Julian, y el se ofrecio a llevarsela al inquilino. Me habia guardado una por si surgia una emergencia y mira por donde habia surgido. No pensaba decirle a mi hermana que hoy por hoy cualquiera podria entrar en la casa y desvalijarla porque no queria que viniese y que pusiera mi mundo mas patas arriba de lo que ya estaba. Julian estaba hecho polvo, se habia resbalado en el parking del centro comercial y se habia torcido la mano, pero no era nada. En Urgencias le habian puesto una venda elastica.

Yo queria estar el minimo tiempo posible con el en el Faro por si acaso iba Alberto por casa de los noruegos y me pillaba fuera, lo que me habria trastornado mucho. Aunque a veces estar tanto en la casa para que al final no apareciera me trastornaba mas aun. Incluso a veces se me pasaba por la cabeza mandarle un recado con Martin cuando venia a traerle las inyecciones a Karin o a hablar con Fred en la salita-biblioteca, pero luego me echaba para atras, como si el mismo Alberto me pidiese que no dijera nada. Solo aquel beso en el puerto, la confesion de Julian de que le habia visto con otra y ninguna demostracion de interes por su parte despues de aquella noche y a mi me preocupaba que querria que hiciera yo. ?Seria cretina?

?Que querria que hiciera?

– ?Has hecho muchas tonterias por amor?

La pregunta pillo por sorpresa a Julian. Y no debia de haber hecho muchas porque tuvo que pensarlo demasiado. La noche en la costa era humeda y negra y se metia en los huesos. Las urbanizaciones de veraneo estaban poco iluminadas, luces aisladas, que daban mas sensacion de oscuridad. Todo eran estrellas y la luna en cuarto menguante, el mar rugia invisible. La luz del Faro lo hacia asomar cada minuto entre las tinieblas. Alli se estaba fuera del mundo conocido, se estaba completamente solo en el planeta junto con otros que tambien estaban solos.

– No he hecho muchas, la verdad -dijo-, no he necesitado hacerlas, solo he amado a una mujer y ella me

Вы читаете Lo que esconde tu nombre
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату