En Espana, bajo el olor a sardina, el heroe es elegido para una alta mision, mientras los poetas liricos del regimen duermen con una pistola bajo la almohada.

Cuando toda Espana olia a sardina entre clerigos, militares, lentejas y Concha Piquer, y en los descampados se lamian mutuamente las heridas los perros famelicos y los mutilados de guerra, por la calle Sacramento de Madrid, a la sombra de viejos palacios, se pavoneaba de noche Eugenio d'Ors con correajes, un aguila bicefala en la hebilla del cincho, boina colorada con borla hasta la oreja y otros abalorios franquistas como un orondo fantasma. De regreso de Argentina, Ortega y Gasset se habia exiliado voluntariamente en Portugal, donde imperaba Salazar, otro ferreo dictador, un hecho que dejo descolocados a sus incondicionales y sumergidos seguidores. Los intelectuales del regimen e incluso los poetas liricos dormian con las polainas puestas y la pistola bajo la almohada por si habia que levantarse otra vez a matar rojos. En aquel Madrid desolado de adoquines y railes de tranvia, los senoritos calaverascon esmoquin y bufanda blanca iban a bailar a Pasapoga y cada tronco de acacia tenia un mendigo o un policia de la Secreta apoyado. Cualquier deseo administrativo, excepto el de acostarse con Ava Gardner en el hotel Hilton, necesitaba estar sellado con timbre movil y dos polizas.

En medio de aquella Espana con olor a amoniaco de urinario publico, resulta que Jesus Aguirre no queria ser como los demas. Podia haber encauzado su talento hacia las musas o haber sido acogido por la diosa de la Justicia o tal vez por el amor a la ciencia, pero habia decidido dar un paso adelante para desprenderse de la clase subalterna y fue el quien a la hora de pensar en el futuro marco su destino y eligio consagrarse a Dios.

El seminario pontificio de Comillas se levantaba como una poderosa fabrica clerical, regida por jesuitas en lo alto del monte de La Cardosa, rodeado de un parque de arboles centenarios, y hasta el interior de sus paredones, erigidos por arquitectos catalanes a expensas de un marques que segun las malas lenguas habia sido negrero, iban llegando alumnos de todos los pueblos, unos con vocacion religiosa y otros porque el patrimonio familiar no les permitia otra educacion en colegios de pago con una salida civil.

Aguirre fue un seminarista de vocacion tardia. Su madre lo llevo a un sastre especializado para que le tomara medidas para una sotana, un alzacuello de baquelita y una sobrepelliz con puntillas en el vuelo y en las bocamangas. Gracias a otra beca del director de la papelera Sniace, de ocho mil pesetas, el mes de octubre de 1951 entro Jesus Aguirre por la puerta del seminario de Comillas cargado con una maleta de cantoneras metalicas. Llevaba en ella mudas interiores, camisas, camisetas, zapatos y calcetines negros y un misal tambien negro con cantos rojos y una cruz dorada grabada en la tapa y una Biblia traducida por Nacar-Colunga. Atraveso el enfatico portal de azulejos azules con un gran escudo papal y las siglas JHS que se abria al pie de la colina junto a la clasica palmera de indiano. Al ascender por la pradera habia vislumbrado entre las copas de los falsos platanos la cresteria neogotico-mudejar del edificio construido en 1892. Le recibio con la sonrisa abierta en lo alto de la escalinata el padre prefecto. En el vestibulo piso el mosaico que representaba un leon con trece garras, en honor a ese papa Leon XIII que habia fundado el seminario, y siguio a su superior hasta la nave del dormitorio, donde habia varias hileras de camas separadas por un panel, cada una con un taquillon, donde el neofito dejo sus enseres en medio de un revuelo de sotanas de quienes en adelante serian sus companeros. Despues le fueron mostrados el patio, la capilla, las aulas, los corredores y el refectorio.

Jesus Aguirre habia comenzado a escribir cartas a su prima Mariluz, en las que le iba desvelando sus suenos, sus cuitas amorosas siempre diluidas con un amor a Cristo. Mariluz estudiaba Filosofia y Letras en la Complutense de Madrid y era su unica conexion en el mundo. Apenas llega al seminario, le escribe: «Querida prima mia: he pasado unos dias ?fatales! Despistado y sin sotana, me sentia ridiculo con mi traje claro y mi corbata roja. Eran dias de saludos y mi posicion entre desconocidos era violenta. Es curioso, un ser temible no me atemorizaria tanto como unos pobres humanos cuya unica defensa eran unos anos de antiguedad en el seminario (…) los jesuitas son finisimos, te tratan con una enorme deferencia (a los bachilleres). He congeniado perfectamente con ellos. Modifico mis antiguas opiniones.?Que hay mundo por dentro? Indudable, pero tambien hay mucho Dios y mucho trabajo. Ademas, yo no me voy a meter en su mundo ni ellos en el mio. Tienen unas formas sociales esmeradas, pero es falta grave hablarles sin permiso».

En la entrada, apenas cruzado el vestibulo, tambien habia visto un cuadro en el que aparecia el diablo tentando a Jesus de Nazaret. Un companero muy ironico le interpreto la pintura. El diablo estaba tentando al Nazareno para que se hiciera jesuita y el Nazareno habia resistido la tentacion. De hecho, del seminario de Comillas se salia como sacerdote secular y se necesitaban tres anos de meditacion y examen antes de ser admitido en la compania de Ignacio de Loyola. Jesus Aguirre tuvo que hacer en Comillas un examen oficial y preparar un curso de perfeccion humanistica, con griego y latin, dispensado de las asignaturas de ciencias, y emprender luego los tres anos de filosofia escolastica para someter cualquier verdad a un buen silogismo.

En el examen de ingreso le preguntaron alguna leccion de la Historia Sagrada. La escalera que Jacob vio en suenos, el lance de David y Goliat, las doce tribus de Israel y el arte con que Jose enamoro a la mujer de Putifar. El subconsciente del joven seminarista quedo formado por sucesivas capas de este legamo sagrado. Dios lo habia escogido entre otros. adolescentes de su edad, lo habia senalado con el dedo para que fuera su adalid. A partir de ese momento deberia considerarse un elegido. «Querida prima mia: este lugar es maravilloso, la paz infinita, soledad, mar, montanas, valles… Se siente a Dios en toda la naturaleza, un elemento de vida que tiene presencia viva en mis suenos. Lo encuentro cada dia mas hermoso y mas mio. Se me va metiendo, me lo voy metiendo. Cada dia dejo los picos costosos, recostados, dificiles para mecerme en la forma ondulante, imprecisa de mi mar. Y me digo, ?no habra aqui un poco de sensualidad? Sensualidad en la recepcion y no en la impresion, naturalmente. Habra que estudiarlo. Lo que si, es que dentro de poco tendre un mar propio, particular, mio, solo mio, a fuerza de admirar el que Dios nos dio. Asi pasa siempre, de lo general a lo particular, de lo estetico a lo etico. Asi pasa siempre.»

Era un tiempo gris plomo en que Lain Entralgo daba conferencias en el Ateneo madrileno sobre Menendez Pelayo o en torno a la idea de la Hispanidad. A una de estas lecciones asistio una chica judia que acababa de llegar a Espana en un Hispano-Suiza a cobrar una herencia de su marido, un sefardi de origen espanol, recien fallecido. Se llamaba Juana Mordo. Un dia leyo en el periodico el anuncio de la conferencia de Lain y por puro aburrimiento entro en la sala y al instante quedo prendada al ver a aquel hombre guapo, moreno, de pelo planchado, en lo alto de la tarima orlado por banderas hablando del Imperio espanol con palabras altisonantes. Dos donceles falangistas con camisa azul y correajes en posicion de firmes le guardaban la espalda, cada uno con un estandarte en la mano. Al terminar el acto la chica le hizo una observacion que a Lain le gusto y asi iniciaran una amistad que se trabo de tal forma que la chica, que habia llegado por cuatro semanas, se quedo en Madrid toda la vida y al final se convirtio en la sacerdotisa del arte contemporaneo de nuestro pais.

En 1950 los coleccionistas todavia se conformaban con un buen calendario de la Union de Explosivos, con una Santa Cena de lata cromada para el comedor o con un conejo y tres perdices ensangrentadas encima de la consola. Los pintores mas consagrados aceptaban como un exito que el dentista se aviniera a sacarles una muela a cambio de un paisaje o que el urologo les rebanara la prostata pagando con un bodegon. Entre poetas y pintores habia un intercambio de cuadros por sonetos. Las galerias de arte estaban en la trastienda de alguna libreria, iluminadas con bombillas de sesenta vatios mal contados.

«Yo era una joven muy pura, una chica de buena familia. Si hubiera vivido con mi marido seria una senora burguesa, jugaria al bridge todas las tardes y leeria algun libro de cuando-en cuando», me dijo Juana Mordo. Pero la joven judia tuvo una aventura amorosa en Madrid. Hizo traer sus cosas desde Berlin en un convoy militar frances, que atraveso la zona rusa y vendio el coche para resistir mientras su hermano le mandaba dinero; pero el dinero nunca llego y se vio muy pronto sola en Espana, sin nada; asi que decidio ponerse a trabajar y cayo en cierto medio de intelectuales, lo mejor que habia entonces en esa especie. Empezo a tener amigos que iban a su casa para charlar, Luis Rosales entro el primer dia algo impertinente e ironico, pero muy pronto comprendio el caracter fuerte de aquella joven judia, que ejercia de Madame Stein la millonaria de su misma raza que protegio a muchos artistas en el Paris de entreguerras solo que aqui no habia ningun James Joyce, ningun Hemingway, ningun Picasso, ningun Henri Matisse y tuvo que abastecer su tertulia con lo que habia: escritores de la generacion literaria del 36 y algunos pintores de la escuela de Vallecas.

Juana Mordo me conto un dia: «Aquellas tertulias en mi casa duraron diez anos, hasta que entre a trabajar en la galeria Biosca. Se celebraban los sabados. Yo solia invitar formalmente a quien me interesaba y lo hacia una sola vez para abrirle la casa. Despues ya acudia la gente libremente si le gustaba. Venian amantes del flamenco, poetas, pintores, escritores e intelectuales. Yo preparaba unos panecillos de nada, cacahuetes y vino tinto, solo eso. Mi piso era pequeno, pero a veces llegaron a juntarse mas de cincuenta personas. Entrabas en el dormitorio

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