desanimo le dije a Hortelano que ninguna aristocracia es fidedigna si los pasteles con que obsequia a los invitados no saben un poco a moho, pero el trato de salvarse y pidio un gin tonic y si fuera posible, en caso de que las hubiera en palacio, tambien unas patatas fritas, marca Lolita, pero en Liria no habia patatas fritas esa tarde. Matias Cortes, viejo amigo del' duque, decia que siempre que le habian invitado a comer en Liria le habian dado pollo. En uno de esos almuerzos en palacio con Polanco, Pancho Perez y Pradera, la duquesa dijo a los comensales: «No se si sabeis que estais comiendo con el hombre mas inteligente de Espana». Matias Cortes contesto: «Si, pero este vino esta oxidado». Yo pensaba que en eso consistia la verdadera nobleza. Por mi parte echaba de menos que en Liria no hubiera goteras. Un palacio que se precie debe tener goteras. Cuantas mas palanganas en los salones, mas grandezas de Espana. Tantos baldes, tantos blasones.

Luego las palabras se fueron dilatando hacia territorios de la memoria. Jesus Aguirre trato primero de desviar la conversacion cuando le hable de aquella ocasion en que en la iglesia de la Universitaria cambio el dominus vobiscum por el bonjour tristesse. «?Podemos saber de una vez quien era ese chico?» El duque de Alba no queria hablar del asunto, pero de pronto se levanto de la cama turca, se acerco a la biblioteca, cogio el retrato de Enrique Ruano y paso la yema del dedo indice delicadamente por el marco de plata y luego la demoro sobre la frente bajo el flequillo de su joven amigo. «Buenos dias, tristeza - exclamo el duque y anadio-: Fui su confesor y director espiritual, pese a que ya en ese tiempo me habia decidido a dejar el ministerio eclesiastico y el padre Martin Patino me estaba arreglando los papeles con el Vaticano para volver al laicado. Enrique murio cinco dias despues de hacerse esta foto que le pedian para el servicio militar obligatorio. Tenia veintiun anos. Un chico idealista, un dandi, muy atractivo, como veis. Algunos envidiosos decian que era un exhibicionista. No es asi. Enrique estudiaba Derecho y pertenecia al Frente de Liberacion Nacional, en el que tambien yo participe. Tres policias de la Brigada Social lo arrojaron por la ventana de un septimo piso de la calle General Mola, el 20 de enero de 1969. Fue un asesinato. Tres dias antes de su muerte, la tarde en que lo apresaron en la plaza de Castilla, habia estado conmigo: acababa de salir del piso de soltero que yo tenia en la plaza de Maria Guerrero, en El Viso. Lo detuvieron junto con su novia Lola, una chica estupenda que despues se caso con Javier Sauquillo, al que asesinaron en el despacho de abogados en Atocha y a ella le dieron un balazo en la mandibula». El duque dio una honda calada de Winston, que le llego mas abajo del diafragma, y luego quedo callado con el retrato en las manos.

Fue una caida muy sonada en el ambiente de la clandestinidad. Se contaba que a la novia de Ruano la interrogaron en los sotanos de la Direccion General de Seguridad de la Puerta del Sol. Los esbirros se sabian por completo la vida de los dos. A ella la pasearon por todo Madrid para que confesara de donde eran las llaves que llevaba en el bolsillo, un piso donde guardaban ciertas evidencias, panfletos y un ciclostil. La chica resistio la tortura hasta dar tiempo a que escaparan otros amigos. Se comporto como una heroina. Finalmente ya no pudo aguantar. Despues de torturarlo, a Enrique Ruano 1o llevaron a ese piso de General Mola. A las tres de la tarde su madre aun logro verlo salir esposado de la Direccion General de Seguridad hacia el registro, se abrazo a el y al ver que nollevaba cazadora le dijo: «Vas a coger frio». Alas seis la llamo la policia y le dijo: «Su hijo se ha suicidado». Corrian muchas versiones de este suceso. En el atestado no constaba que al cadaver le habian serrado una clavicula que habria sido determinante para el esclarecimiento de los hechos. Esa lesion provocada por un objeto cilindrico conico, una bala, era incompatible con la caida pero alguien habia hecho desaparecer el hueso. No se hicieron pruebas de balistica. El atestado solo decia que el cadaver estaba boca-arriba, con los brazos encogidos, las piernas flexionadas y un charco de sangre a la altura de la cabeza en el lado derecho. Estaba vestido con ropa interior blanca, jersey azul oscuro, pantalon gris, calcetines verdes y zapatos marrones. Se prohibio publicar una esquela. Lo peor sucedio al dia siguiente, cuando el ABC saco en primera pagina un supuesto diario de Enrique Ruano en el que expresaba intenciones suicidas. Eran fragmentos manipulados de una carta a su psiquiatra Castilla del Pino. El franquismo mantuvo que se habia suicidado, que en un descuido habia conseguido zafarse de los tres agentes armados sin que ninguno lograra contenerle y se habia arrojado por la ventana.

Fue un crimen simbolico. Enrique pertenecia a una clase acomodada, su padre era procurador, vivia en un piso confortable del barrio de Salamanca y era la primera vez que el franquismo mataba a un hijo de vencedores de la guerra que se habia puesto del lado de los vencidos. Aquellos padres de derechas que hicieron la guerra con Franco y que, tal vez, fueron a la Division Azul engendraron algunos hijos rebeldes e idealistas, que en la Universidad se enfrentaban a los guardias en una larga pelea contra la dictadura. En la decada de los sesenta» entre las dos generaciones se establecio un abismo infranqueable. En la mesa, ante el plato de sopa, si se hablaba de politica, se producian discusiones acaloradas. Poco a poco el padre de derechas y el hijo de izquierdas se convirtieron en dos desconocidos, pero entonces a los hijos, y mucho menos a las hijas, no se les ocurria irse de casa. Realmente la clandestinidad empezaba por el propio hogar. El estudiante volvia de la facultad, donde habia participado en una asamblea revolucionaria, y al llegar a casa se estrellaba de nuevo contra el orden establecido. A la hora del almuerzo el padre aun bendecia los alimentos que les habia regalado el Senor, cuando los vastagos ya eran ateos. Estas dos generaciones usaban las mismas palabras para expresar cosas distintas. Al final ya no tenian nada que decirse y, en el mejor de los casos, se impuso entre ellas un silencio pactado hasta que cada una se disolvio por su cuenta. Algunos jovenes comunistas eran hijos de generales e incluso de ministros del regimen. Asi era Enrique Ruano. Por eso su muerte causo tanta, conmocion en la universidad, en la Iglesia y en ciertas capas de la burguesia. «Lo quisieron presentar como un pobre chico manipulado por las fuerzas del mal, los comunistas -dijo el duque-. En aquella epoca era frecuente ir al psiquiatra. Una tarde estabamos juntos en el meson de Fuencarral ante una puesta de sol y despues de un largo silencio exclamo: '?Cuanto tarda en morir el dia!'. Nos unia el amor a Mozart. Sus padres no comprendieron nada. Su asesinato marco una linea divisoria del regimen de Franco». Jesus Aguirre, duque de Alba, dejo el retrato de Enrique Ruano sobre el anaquel de la biblioteca y volvio a murmuran bonjour tristesse, como si oficiara un acto liturgico.

Aquella tarde en el palacio de Liria le pregunte en que fecha exacta dejo de ser cura. No supo o no quiso contestar» pero dijo: «Cuando mis amigos me hacian esta pregunta yo les decia: el dia en que deje de ser cura os lo hare saber con un tarjeton adornado con grecas doradas». Supuse que al menos recordaria cual habia sido su ultima misa o acto como sacerdote. Tampoco lo recordaba. Tal vez fue el responso que dio a la hija de su secretaria Maripi, que murio en la clinica de la Concepcion. En ese momento salio de la editorial con sotana. Luego ya pidio una sotana prestada para casar a Matias Cortes y a Fernando Savater y para bautizar a cualquiera de los hijos de sus amigos. En el proceso de secularizacion, Matias Cortes tuvo que ir de testigo a la curia de la calle Bailen. En su declaracion dejo constancia de que Aguirre habia abandonado de hecho el oficio, ni decia misa, ni predicaba, ni bautizaba, ni bendecia siquiera la mesa, ni daba de comulgar, ni rezaba y que se pasaba la mayor parte de la noche con sus amigos comunistas discutiendo de politica en el pub de Santa Barbara. Habia que ser sutil en el testimonio y no exagerar porque si los testigos lo hubieran contado todo, ademas de arrancarle de cuajo el ministerio, le habrian excomulgado y condenado publicamente a las tinieblas exteriores.

Juan Garcia Hortelano le hizo memoria. Su ultimo acto como ministro del Senor file cuando aparecio un copon de oro lleno de hostias debajo de una cama en el piso del escritor Gonzalo Torrente Ballester, en la avenida de los Toreros. «Tal vez -comento el duque- yo vivi aquella escena ya como una parodia». En ese momento sono el telefono en palacio y entro el mayordomo diciendo que le llamaba el duque de Arion. Jesus Aguirre salio del gabinete para hablar. Con un gesto dio a entender que nuestra visita habia terminado. Hortelano le pregunto si se verian al dia siguiente en un acto del diario ElPais.«Lo siento. Manana parto para el Milanesado», contesto el duque.

A la salida de Liria, Garcia Hortelano me pidio que le acompanara» a casa. Vivia cerca, en el barrio de Arguelles. Mientras abandonabamos los sucesivos salones y cruzabamos la pradera de palacio, el escritor comenzo a contarme la historia. ?Como fue a parar un copon de oro junto con dos candelabros de plata bajo una cama del piso de Torrente Ballester? Fue sencillamente un milagro que quedo sin resolver, porque a la salida del palacio de Liria habia un control de policia con varios furgones en los que destellaban las linternas de cobalto y alli supimos que habian matado a un general y muy cerca de nosotros surgio de la oscuridad un grupo de jovenes que arrojo un coctel molotov sobre el escaparate de una agencia de viajes de la calle Princesa. «Manana parte el duque para el Milanesado, ?que crees que va a hacer alli nuestro amigo?», pregunte a Hortelano bajo el resplandor del fuego. «Cualquiera sabe -exclamo el escritor-. Aguirre va ahora de palacio en palacio. En Milan, en Sevilla, en Salamanca, en San Sebastian, en Marbella, en Ibiza y en todas sus mansiones, entre alfombras, oleos, escalinatas, jardines y salones, ejerce su aristocracia como una liturgia sacerdotal, como si supiera de nino que estaba predestinado a ser duque de Alba, en caso de no haber podido ser cardenal o Papa. Ahora su obsesion es

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