Matias se enternecia pensando en su hijo Ignacio. Carmen Elgazu lo mismo, pero, como siempre, habia algo de el que no acababa de gustarle. A raiz de la entrada de los japoneses en la guerra, al parecer Ignacio se habia interesado… por las religiones orientales! Carmen Elgazu no acertaba a comprender. 'Pero, hijo, no te basta con la nuestra?'. Carmen no lograba siquiera retener los nombres del sintoismo, del budismo, del hinduismo, del islam… Para ella, todos eran protestantes. Cualquier religion que no fuera la catolica era protestante.
Una vez Ignacio le dijo:
– Hablas de este modo porque has nacido en Espana, en Bilbao. Y si hubieras nacido en Pekin?
– Donde esta eso? -pregunto Carmen-. Bueno, que mas da! Pues, si hubiera nacido donde tu dices, me hubiera venido aqui andando.
Matias anadio:
– Y yo la hubiera esperado en Madrid, en la verbena de San Anton.
Ignacio habia resuelto de una vez para siempre su problema capital: se casaria con Ana Maria. Cualquier obstaculo seria inutil, empezando por la negativa de su futuro suegro, don Rosendo Sarro.
– Ya eres mayor de edad, no es cierto?
– Pues claro! -respondio Ana Maria.
– Entonces, esperaremos a que yo me afiance en la profesion, lo que me va a costar quiza un ano, y adelante con las flores de azahar!
– Ignacio, siempre sere tan dichosa?
– Eso depende de ti, no de mi…
– Que quieres decir?
– Yo sere siempre el mismo; es decir, nunca sabras como soy. Asi que, la costa esta clara.
Ana Maria se reia. Ya no llevaba, como antano, los mofletes uno a cada lado. Llevaba una larga cabellera, en la que Ignacio ensortijaba sus dedos. Cambio de peinado el dia en que el gran amigo de la pareja, el pintoresco Ezequiel, fotografo, que continuaba saludando con titulos de pelicula -ultimamente, Los tres lanceros bengalies-, le dijo que con los mofletes seria una munequita hasta el fin de los tiempos, y que ya era hora de que se mostrara como mujer.
Ana Maria obedecio, e Ignacio encantado. 'Ya era hora! -exclamo-. Siempre pensaba: cuando se quitara esos aparatos para la sordera, que me recuerdan a Gaspar Ley?'. Gaspar Ley era el sordo director del Banco Arus en Gerona, y su mujer, Charo, cansada de viudedad, se habia ido por fin a vivir con el, y tenia un proyecto embrionario: montar en la ciudad una lujosa peluqueria de senoras acorde con la que Damaso habia establecido para los caballeros.
Ignacio y Ana Maria acostumbraban a verse donde siempre, en el cafe del fronton Chiqui. No siempre sus dialogos eran de color de rosa. Aparte la sombra de don Rosendo, quien se paseaba con un haiga -ultima moda de los estraperlistas-, y que tenia una querida sin apenas ocultarlo, porque este detalle daba tambien un toque de elegancia y de poder, estaban la guerra mundial y la posguerra en Espana. Esta ultima llevaba trazas de nunca acabar. Todo estaba como el primer dia de la victoria: los vencedores, al cielo, los vencidos al reino de Satanas, como hubiera dicho el especialista demoniologico Jose Luis Martinez de Soria.
– Te fijas en La Vanguardia, Ana Maria? Cada dia la lista de los ejecutados en el campo de la Bota. Hoy dos, manana seis, pasado manana tres, y asi hasta no parar. Y me se de memoria, porque lo vivo en Gerona como actuan los jueces: un minuto para cada victima y sanseacabo. Como se puede consentir semejante matanza?
– Claro que me fijo en esto, Ignacio. Y estoy perpleja. Y los obispos, mutis… Protesta el de Gerona? Pues aqui, lo mismo.
– Has visto lo que trae hoy? Fijate. Ha sido ejecutado Crisanto Perez, que era completamente rojo en todas sus manifestaciones… Te das cuenta? Ha sido detenido Anastasio Escardera, tenaz propagador del NO PASARAN.
– Y la gente, tan tranquila… -Ana Maria guardaba para su coleccion otro terron de azucar de los que servian en el fronton Chiqui.
– Pero yo no! -barbotaba Ignacio, conteniendose para no gritar-. Yo protesto con todas mis fuerzas. No luche para esto. Luche para que se acabaran los sepultureros a sueldo.
Ana Maria encendia un pitillo.
– Y que me dices del superhombre Adolfo Hitler?
– Esa es otra -contestaba Ignacio, acercando el cenicero hacia si-. Ese los condena por millares. Pero lo malo es que ha involucrado a los rusos; y a los sovieticos tampoco les puedo perdonar…
– Como siempre, te encuentras en el fiel de la balanza.
– Exacto.
– Insatisfecho…
– En este sentido, si… Pero te tengo a ti! Y eso es mucho mas que terminar una guerra.
Ezequiel los llamaba 'los tortolitos', o Romeo y Julieta, pelicula que se acababa de estrenar. Y lo eran, aunque confiaban en que su vida seria menos truculenta y el final mas feliz. Ignacio solia ir a Barcelona casi todos los domingos, en un tren renqueante que se paraba en todas las estaciones. Alli comprobaba los mil ardides de los estraperlistas de poca monta, de comestibles para vivir. Odres en el pecho de las mujeres, que semejaban ninos de teta. Gente que, doscientos metros antes de una parada, tiraban la mercancia por la ventana, donde la recogian complices que la estaban esperando. De vez en cuando se paseaba por el convoy un inspector. Osear Pinel, fiscal de tasas, padre de Solita, habia contratado a seis inspectores vascos de eficacia probada. Los expedientes se amontonaban… Siempre que le era posible, el bueno de Oscar Pinel hacia con dichos expedientes una gran fogata.
Ignacio y Ana Maria podian tratar todos los temas sin reserva, excepto uno: Adela. Ignacio continuaba en Gerona con Adela.
No lo podia remediar. Y puesto que Manolo le habia confesado una vez que 'habia enganado a Esther', Ignacio le conto a Manolo, su amigo y maestro, que el tambien estaba enganando a Ana Maria. Lo raro era que el marido, Marcos, que desde hacia tiempo husmeaba algo -aunque jamas podia sospechar que se tratase de Ignacio-, no le hubiera descubierto. Lo malo de el es que ante Adela se quedaba mudo. Era un pusilanime. Ignacio decia: 'En el fondo, es un consentido. Un consentido por la gracia de Dios'.
Ignacio vivio una prueba de la que, al pronto, no quiso hablar con Ana Maria. Se entero por Ricardo Montero de que algunas de las ejecuciones de la pena maxima, y no solo en Barcelona, eran publicas, a condicion de tener alguien que se interesara por tal deferencia. Decidio hablar con Manolo y este le confirmo que ello era cierto, incluso en Gerona. 'Yo mismo puedo arreglartelo. Te acompanare hasta el cementerio para que te dejen pasar. Pero si me lo permites, yo me quedare fuera, fumando un pitillo'.
Manolo le llamo un miercoles y le dijo: 'Manana, a las seis de la madrugada, hay una ejecucion'. Ignacio se presento en el cementerio, mientras Carmen Elgazu supuso que el muchacho iba a misa al Sagrado Corazon. Jose Luis, en la puerta, le informo. 'Se trata de un tal Aurelio Prat, que formaba parte de aquel famoso comite de Orriols. Este comite clavo en una verja a seis monjas adoratrices. Comprenderas que el asunto esta claro'.
Ignacio entro y vio a Aurelio Prat adosado a una tapia, con los ojos vendados. El piquete, alineado. Un alferez, el sustituto de Ricardo Montero, con el sable en alto. La escena fue vista y no vista. 'Fuego!'. Y sono la descarga. El 'reo', como si fuera un pelele, se desplomo. No grito ni 'Viva' ni 'Muera'. Se desplomo. El alferez se aproximo a el y lo remato con el tiro de gracia.
Ignacio se retiro. Fuera le esperaba Manolo, con su coche. 'Asi que, eres un morboso…' 'Nada de eso. Quiero vivir de realidades'. 'Las seis monjas eran reales'. 'Si, lo creo, pero me consta que no siempre es asi'. 'Tambien a mi me consta. De ahi que no haya encendido el pitillo. Me dio verguenza'.
Enmudecieron. El frio de la madrugada era cortante, pero asomaba el sol al otro lado de las Pedreras. Cielo azul. Ni una nube, a excepcion de la que vagaba por el cerebro de Ignacio.
Manolo era hijo del abogado barcelones Jose Maria Fontana Verges, ponderado y ecuanime. Manolo habia aprendido en el bufete de su padre el amor a la justicia. Jose Maria Fontana podia permitirse el lujo de 'elegir' los asuntos, pues con ser abogado de la FECSA le bastaba para vivir. Nunca aceptaba pleitos sucios. Su honor era intachable, lo que hacia compatible con una sana ambicion. Un poco mas bajo que Manolo, con muchas manchas hepaticas en la cabeza, destacaba por ser el campeon de Barcelona de golf. Siempre decia que la salud de que
