libertadores oyeron esta palabra, porque quedaban solamente doce. De los doscientos seis hombres que salieron de Spaspiskopez, solo quedaron doce combatientes, entre ellos, Mateo, herido de bala en una cadera.
Los alemanes, con una camilla sobre un trineo, se llevaron a Mateo a la retaguardia ahora libre, y lo depositaron en manos de un medico aleman que le practico el primer reconocimiento y tambien la primera cura y que ordeno su traslado a un hospital espanol que habia en la ciudad de Riga, antigua capital de Letonia. Mateo sufria horrores y se preguntaba si podria volver a andar. Por el momento el diagnostico era imposible: faltaban las radiografias. Mil pensamientos se le agolparon en el cerebro, y al pasar de nuevo por Spaspiskopez oyo que unos divisionarios cantaban la copla de moda:
Rusia es cuestion de un dia
para nuestra Infanteria
pero acabaremos antes
gracias a los antitanques.
Tenemos que recorrer
mil kilometros andando
para luego demostrar
lo que llevamos colgando.
A lo largo del recorrido le fue muy util un diccionario ruso-espanol que le habia arrumbado al capitan Arias, este ya cadaver. Aunque abreviado, el librito contenia palabras clave que le servian para dar cuenta de su estado. Lo montaron en un coche que olia a guerra. Mas tarde una ambulancia se puso a tiro y gracias a ella pudo llegar a Riga, al hospital, donde, efectivamente, habia muchos espanoles, entre ellos, Solita, la enfermera, la hija de don Oscar Pinel, fiscal de tasas!
Solita le reconocio y, viendole sufrir, le dio un beso en la frente y una copa de conac. Abrevio de tal modo los tramites, pese al barullo reinante, que a la hora exacta habia sido reconocido por dos medicos, que diagnosticaron la destruccion de la articulacion coxo-femoral. La herida era grave. 'Te das cuenta? Anquilosis de cadera'. Ello suponia que se quedaria cojo para el resto de su vida.
Mateo rompio a llorar. Hacia largo tiempo que no lloraba; tal vez, desde que escribio aquellas cronicas a raiz del traslado de los restos de Jose Antonio a El Escorial. Solita, con su bata blanca, era su unico consuelo. Curiosamente, 'la otra victima del doctor Chaos' habia engordado, su mirada era triste, pero toda ella respiraba energia. Le gustaba su profesion. Se sentia util. Ahora mas que nunca, debido a Mateo. 'El personal de aqui se muestra muy duro, aunque hay que comprender las condiciones en que trabajan. Los cirujanos, dia y noche, turnandose cuando se caen de cansancio. Los heridos cuentan, y ello te beneficia; los enfermos, nada. Ahi arriba, en el primer piso, tienes a Nunez Maza, consejero nacional, debilitado, hecho trizas, con fiebre cuyo origen no consiguen identificar. Y ahora, descansa… No te perdere de vista ni un minuto'.
A Mateo le ocurrio lo que a los alemanes de la posicion de Wswad: solo pudo balbucear: 'Gracias'. Estaba inmovilizado. Y sufria tanto! Y cojo para siempre. Penso en Pilar, en Matias, en Carmen, en Ignacio… Su nombre apareceria en la Hoja de Campana en la que se relataban los hechos diarios y las gestas. Esta hoja ahora se llamaba Alcazar y tiraba cinco mil ejemplares.
Estaba sonoliento -Moncho solia decir: 'Un poco de eter, y todos iguales'-, pero antes de dormirse penso casi obsesivamente en Cacerola. Cuando se enterara de lo ocurrido! Era preciso evitar que se lo comunicara a Gracia Andujar. Pero, como hacerlo? Mateo penso en si mismo y tuvo que reconocer que, al alistarse, en el fondo se creyo que todo aquello seria un paseo militar hasta llegar a Moscu y participar en el gran desfile en la plaza Roja.
El camarada Nunez Maza, que al cabo de una hora exacta estaba junto al camastro de Mateo, tenia, en efecto, un aspecto cadaverico. 'Estoy muy enfermo -le dijo-. Esos cabrones me han envenenado'. Tenia los ojos idos, los ojos brillantes, los ojos de la fiebre. Toda su seguridad falangista se habia desmoronado. Pensaba abandonar. Pensaba pedir el regreso a Espana, porque su problema era de vida o muerte. El procedia de otro sector, mas proximo a Leningrado. Tampoco sabia gran cosa de lo que ocurria en los otros frentes. Leningrado, de noche, ofrecia un espectaculo indescriptible. Las escuadrillas alemanas iban a bombardear la ciudad. Sus defensores iluminaban el cielo con potentes haces de luz, grandes bolsas de fuego de artificio y globos protectores. Alarde pirotecnico. Se defendian con baterias antiaereas pero sin aviones de caza, ya que los pilotos rusos temian ser derribados.
Solita habia sido tambien su angel tutelar. Salazar, con su cachimba, se las iba arreglando. La ultima vez que le vio le hablo de Serrano Suner en tono de desconfianza. Y le hablo tambien de las mujeres rusas, siempre dispuestas a lavar la ropa, a cocinar, asi como de los hombres, que hacian trabajos de carpinteria o cortaban lena. La cabana del camarada Salazar estaba llena de carteles de toros y de otros motivos caracteristicos de la raza.
– Tu entiendes a los rusos? Perdona, que veo que la herida te hace sufrir…
– No importa. Poder hablar contigo es una bendicion! En Espana, los jerarcas siempre pareciais muy distantes…
– Tal vez tengas razon. Aqui, cualquier vanidad se va al carajo. Te has percatado de como huele este hospital?
– Claro que si. Al entrar, crei que me desmayaba.
– Fijate en esos bidones que hay debajo de las camas y que sirven de orinales. De noche se hielan. Y cuando puedas salir, aunque se que te costara un tiempo poder hacerlo, comprobaras hasta que punto la nieve conserva intactos los cuerpos. Nadie los entierra. Y para colmo, de pronto, en el momento mas impensado, se oye aquella cancion tan nuestra que dice: me fui, al puesto que tengo alli…
Mateo intentaba en vano moverse un poco, cambiar de postura.
– Y esos dos hombres tirados en ese rincon, que hacen ahi?
Nunez Maza volvio la cabeza.
– No lo se. Lo mas probable es que sean dos rusos que se han pasado a nuestra division. Se dan casos; y tambien se dan casos a la inversa. Fijate en sus pies y en sus manos envueltos en trapos, sumisos como perros, miserables, esperando la muerte… En cambio, fuera hay chiquillos patinando en el hielo, ajenos a todo mal. Son la inocencia purificada por el frio.
Hablaron, como era de esperar, de los alemanes. Estuvieron de acuerdo en que no eran como se habian figurado desde Madrid o desde Gerona. La palabra azul no significaba nada para ellos, de forma que no decian 'Division Azul', sino 'Division de Voluntarios Espanoles'. Al parecer, el general Munoz Grandes estaba tambien disgustado, porque suponia que los representantes de Franco tendrian voz y voto respecto a las operaciones. Nadie se intereso por su opinion. Asimismo el general se sorprendio de que los destinaran al sector Norte, a los paises balticos, pues siempre se habia dicho que irian a Ucrania, de clima mas benigno, donde habia italianos y rumanos. Y ya, en el plano de los soldados rasos, muchos alemanes miraban a los 'soldaditos' espanoles con cierta displicencia, con su estatura, sus risas, sus discusiones, su hablar alto. Los soldados alemanes iban correctamente vestidos, excepto, claro, cuando se encontraban copados como en Wswad y los 'espanolitos' tenian que ir a socorrerles, quedando luego cojos para el resto de sus dias.
De repente, ambos camaradas se sintieron fatigados. Solita aparecio.
– Hala, ya esta bien por hoy. Tiempo tendreis para cambiar impresiones. A que habeis sido severos con los alemanes…!
– Pues, un poco, si… -admitio Nunez Maza, cuyos ojos se habian enfebrecido mas aun-. Y tu no?
Solita mudo de expresion. Se torno severa, fria, como si meditara planes de venganza.
– Yo… que os voy a contar! A mi me hirieron para siempre, pero fue en Espana…
Cosme Vila seguia en su piso de Moscu, con su mujer y con el crio. Acompanabanles los camaradas Ruano - madrileno, intelectual-, y los catalanes Soldevila y Puigvert. De vez en cuando recibian la visita de la maestra Regina Suarez, que siempre les traia noticias de primera mano.
En los dias en que Mateo cayo herido, Moscu era el objetivo que parecia prioritario para los alemanes, simultaneandolo con el cerco de Leningrado en el Norte y haber tomado, en el Sur, Odessa y Crimea. Aquello era
