sobrehumano. Se hablaba de tres millones de soldados del Reich dispuestos a acabar pronto con aquella aventura desenfrenada. Regina Suarez les dijo:

– Pese a la censura, muy rigurosa, nadie puede ocultar la verdad. Y la verdad parece ser desagradable. Donde esta el gobierno, donde esta el Cuerpo Diplomatico? Han abandonado la ciudad, hacia un destino desconocido. Tambien los ministros, los altos funcionarios y el cuerpo de baile del Bolshoi. Apenas se puede andar por Moscu, pues la policia detiene a la gente al objeto de dejar pasar los transportes de tropas. Se dice que Stalin quiere permanecer en el Kremlin hasta el ultimo momento, si este momento llega; en cuanto a nosotros, los espanoles, habra que elegir…

Cosme Vila se toco la calvicie, al igual que cuando Ignacio, en el Banco Arus, le traia un periodico de derechas. Al igual que Solita, habia engordado. Habia luchado mucho para aprender el idioma ruso, pues los profesores se empenaban en ensenarselo a base de Puskin y lo que Cosme Vila queria era poder leer Pravda. Pese a todo, hizo un gran adelanto, dado que, en su opinion, el lexico revolucionario se parecia en todas partes.

– Que es lo que tenemos que elegir? -pregunto al fin.

– Pues, esta claro. Son muchos los camaradas que estaban trabajando en industrias de guerra y que han sido trasladados contra su voluntad a Siberia. Ellos, lo mismo que los estudiantes de la universidad, querrian ir al frente, combatir; pero los jefes rusos les han dicho: 'Vosotros ya habeis hecho vuestra guerra. Ya os llamaremos cuando llegue la hora de rescatar Espana'. Pese a todo, se ha formado la 4.' Compania, algunos de cuyos miembros, y tal como habiamos supuesto hace tiempo, han sido elegidos para defender, llegado el caso, el mismisimo Kremlin… Bien, bien, no os alboroteis! Una posibilidad estriba en ir al frente de Leningrado, donde combate la Division Azul. Para ello es posible que os den permiso… La otra posibilidad es tomar el macuto e irse con la Pasionaria, que, si no cambia de opinion, piensa dejar su dacha y trasladarse a Ufa, la capital de la Republica Sovietica de Bashkiria…

Los hombres se quedaron perplejos y el crio de Cosme Vila rompio a llorar. Sector de Leningrado, frente por frente de la Division Azul! Cosme Vila se sobresalto. Aquello era tentador, puesto que, a buen seguro, habria en la division algun combatiente de Gerona. Sin embargo, ya no era un chaval. Notaba pesado el cuerpo -la grasienta dieta rusa-, y correr y saltar y cortar alambradas se le antojaba fuera de su alcance.

Regina Suarez acudio en su ayuda.

– No te lo pienses, amigo Cosme… Tu ya no estas para eso. Tu y los tuyos os venis conmigo, y con la Pasionaria, a la estacion de Kazan, y nos vamos a Ufa, donde algo podremos hacer. Por ejemplo, montar alli la misma emisora de radio que tenemos aqui: Radio Espana Independiente… Ya nos arreglaremos para obtener informacion -Regina se dirigio a Ruano, Soldevila y Puigvert y anadio-: Vosotros sois mas jovenes, y teneis derecho a ir al frente y morir.

Cosme Vila se callo; los tres camaradas restantes tragaron saliva.

Ruano fue el primero en romper el silencio.

– Yo me voy con vosotros a Ufa… No me apetece saber lo que hay mas alla de la muerte.

Soldevila y Puigvert se rascaron el cogote. La ironia de Ruano los galvanizo. Ambos habian ingresado en el Partido Comunista cuando experimentaron el primer amor y apenas si habian oido el nombre de Lenin. Durante la guerra de Espana combatieron en el frente de Madrid, en la Ciudad Universitaria. Se salvaron de milagro, en el supuesto de que los milagros existieran. Soldevila sintio una profunda alergia por los moros; Puigvert por los alemanes e italianos. Lo terrible era poder elegir. Hubieran preferido una orden de Lister, de la Pasionaria o del secretario general del Partido, camarada Jose Diaz, quien al parecer estaba en un hospital preso de una dolencia intestinal incurable. Miraron a Regina; esta asentia a algo que la mujer de Cosme Vila le susurraba en voz baja.

– Dispuesto para ir al frente de Leningrado -dijo Puigvert, tomando una decision que a el mismo le sorprendio.

Soldevila, que se habia entrenado como paracaidista, con pasmosa calma declaro a su vez:

– Lo mismo digo… Pero a condicion de que me permitan saltar al otro lado de las trincheras de la Division Azul, para ver si me camuflo entre ellos y puedo volver trayendo informacion…

Regina miro a los dos 'voluntarios' con una energia en la que no asomaba una pizca de gratitud. Estaba acostumbrada a las heroicidades.

– Me parece muy bien… Esa es vuestra obligacion.

A seguido, les solto una noticia que los dejo asombrados. Les comunico que un hijo de Stalin habia caido prisionero de los alemanes, los cuales lo guardaban como rehen. Habia miles de voluntarios dispuestos a infiltrarse entre las tropas enemigas y tratar de rescatarlo. Ello era valido sobre todo para el camarada Soldevila, teniendo en cuenta que Mijail Kalinin, el viejo presidente de la URSS, habia dicho: 'El encargado de tal tarea debe ser un espanol. Los espanoles son especialistas en la guerrilla, que los rusos calificamos de milicia natural. Adelante con el proyecto'.

Soldevila y Puigvert quedaron anonadados. No obstante, Regina habia sacado ya la botella de vodka. Por que no? Era la loteria. Tambien era loteria el pacto que acaban de sellar. En el fondo, uno y otro amaban la vida mucho menos que las gentes que nunca habian tomado un fusil y que carecian de un ideal para el cual vivir.

Cosme Vila los abrazo, lo que en el no era comun. Se sentia humillado, avergonzado y le agradecia a Ruano que le acompanara en su 'desercion'. Luego dijo:

– Os envidio. El destino es el destino…

Soldevila lo atajo con cierta dureza.

– Nada de eso. El destino lo elige cada cual.

* * *

Los camaradas Soldevila y Puigvert fueron a Leningrado, de paso para la zona de la Division Azul. La hermosa ciudad que, al igual que el Kremlin, era preciso reconocer que se la debian a los zares, ofrecia un espectaculo de pesadilla. El cerco a que estaba sometida, asi como los bombardeos, la habian convertido en un mal sueno. Sobre todo el hambre. En el momento en que, en Madrid, el poeta Damaso Alonso declaraba: 'Madrid es una ciudad habitada por un millon de cadaveres', los dos 'voluntarios' decian otro tanto de Leningrado. Hambre. No habia siquiera racionamiento, porque no habia nada que racionar. Hambre. La gente anadia celulosa al pan, se comia cola de carpintero o se hervia el cuero de los cinturones y de los zapatos. Sobre todo de los muertos. Y por descontado, habian desaparecido de las calles todos los perros y todos los gatos.

Leningrado quedo atras… Y se fueron hacia la zona norte del lago limen, donde conectaron -las instrucciones habian sido muy precisas-, con una unidad en la que habia muchos espanoles, que se dedicaban por los altavoces a insultar a los divisionarios con toda clase de epitetos, que obtenian la consabida respuesta. 'Cabrones!'. 'Mercenarios!'. 'Hijos de la gran puta!'. Los divisionarios contestaban: 'Hijos de la gran Pasionarial' 'Mercenarios!'. 'Cabrones!'. Ni siquiera la lejania de la patria podia paliar el enfrentamiento. Solo un veterano comunista, Jorge Fernandez, hablaba bien de la Division Azul, ya que a diferencia de los alemanes sus componentes ayudaban a la poblacion rusa y le daban comida. Los demas, consideraban a los divisionarios carne de canon de la Alemania nazi.

Alli se enteraron de lo que era el frio. Nada mas llegar, les dijeron a Soldevila y a Puigvert:

– No seais mamelucos… Lo que llevais parece un traje de bano -y les dieron la indumentaria adecuada, de la que sobresalian el capote y los guantes y las botas.

Con los prismaticos oteaban con el proposito de ver algun espanol. Seria dificil reconocerlo, porque llevaban uniforme aleman. Por otra parte, la inmensidad del paisaje producia escalofrio. Era una llanura infinita de nieve, sobre la cual los hombres parecian hormiguitas y que debian de ser, como en el desierto de Africa por el que avanzaba Rommel, blanco idoneo para la aviacion.

Las trincheras de los espanoles, las dachas, las isbas, estaban mas lejos de lo que hubieran deseado. Podian disparar a mansalva, como si sobrasen las municiones, pero sin ninguna garantia de hacer diana. Al dia siguiente de llegar conocieron a un tal Luis Mendoza Pena, que era el encargado de la mision de infiltrarse entre la tropa enemiga e intentar rescatar al hijo de Stalin. En el fondo, Soldevila y Puigvert respiraron con alivio. Ellos sabian algo de ruso pero nada de aleman.

– Regina no miente nunca… Sus informaciones son siempre veraces.

– Pues que te has creido!

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