– De hecho, desde hace unos meses han empezado ya. Todos los internados en Caldas de Malavella han pertenecido a la Gestapo, como yo, y ya sabra usted que van reclamandolos uno a uno desde Madrid. Sabe por que?

– Pues… no.

– Porque existe un acuerdo secreto entre Franco y los aliados. Franco se ha comprometido a entregarles los llamados criminales de guerra, y en compensacion le mantendran en el poder. Los internados en Caldas lo saben y por eso llega un motorista y una furgoneta y cada semana se llevan unos cuantos, y por eso algunos, creo que seis de ellos, se suicidaron…

– Y bien? -pregunto el doctor Chaos, despues de marcar un silencio.

– Y bien -repuso Paul Gunther-, cualquier dia el motorista puede llegar hasta Gerona y reclamarme a mi.

– Por que precisamente a usted?

Se hubiera dicho que a Paul Gunther, pese a su gigantismo, le costaba hablar.

– Porque yo he sido criminal de guerra, en el sentido que los aliados confieren a estas palabras. Fui uno de los primeros que, en Alemania, intervino en la planificacion de los campos de exterminio que ahora han empezado a descubrirse -trago saliva-. Mi profesion real es la de comandante de Zapadores.

El doctor Chaos enmudecio. Por fin logro preguntar:

– De modo… que lo de los carrfpos de exterminio es una realidad?

Paul Gunther se saco la pitillera y, ganado por una subita calma, ofrecio un cigarrillo al doctor Chaos, que este rehuso. Luego encendio el suyo con un mechero de oro y continuo:

– No solo es verdad, sino que cuando el mundo se entere de todos los que ha habido y de su funcionamiento interno, clamara venganza…

El doctor Chaos, tambien ganado por una subita calma, asintio repetidamente con la cabeza.

– Medios… de tortura? -Marco otra pausa-. Nuevos si' temas?

– De todo ha habido -contesto el consul-. Algunos de los tratamientos, para llamarlos de algun modo, han sido copia de los progroms de la antigua Rusia… Otros, de una eficacia mucho mayor.

– Judios? -pregunto el doctor Chaos.

– Muchos de ellos, si, por supuesto… Pero tambien catolicos. Y ancianos. Y locos. Y enfermos. Ya conocera usted las tesis nazis sobre la eutanasia y la seleccion de la raza.

El doctor Chaos se encontro en su elemento, porque esta doctrina venia pregonandola el casi desde sus tiempos de estudiante' Lo que ocurria es que apenas si encontraba interlocutor. En Gerona, por descontado. El antiguo gobernador, camarada Sanchez Davila, hubo un momento en que, oyendole, a gusto le hubiera metido en la carcel.

Le dijo al consul que podia hablarle con la mayor llaneza, pues en principio estaba completamente de acuerdo con la ideologia nazi en este terreno. El tambien creia que determinados clanes humanos eran una remora para la humanidad y habia sostenido siempre que un buen cientifico era mas rentable que cien hermanas de la Caridad.

Paul Gunther se sintio espoleado. Habia elegido bien su presa! O su salvador… Pisaban el mismo terreno.

– Ya se ira usted enterando, porque los aliados no se detendran ya nunca, de los detalles de esos campos. Me permito adelantarle que uno de los sistemas elegidos fueron las camaras de gas. No he visto que se haya hablado de ellas todavia…

– Camaras de gas?

– Si. Los hombres, desnudos, como para tomar una ducha. Y efectivamente, se trataba de una ducha; pero de gas. Muerte rapida, que ademas permitiria aprovechar luego… que le dire?; por ejemplo, las dentaduras de oro.

Todo el rencor acumulado contra si mismo por el doctor Chaos, victima de su anormalidad sexual, se apodero de su cerebro. Tuvo la sensacion de estar contemplando una pelicula sadica, excitante; y entretanto, Paul Gunther acariciaba sus dos perros picardos, que jugueteaban a sus pies.

– Camaras de gas… -repitio el doctor-. Nunca se me hubiera ocurrido.

Paul Gunther anadio:

– Me ha pedido usted un ejemplo; podria proporcionarle un par de docenas… Por de pronto, retenga usted los nombres de Himmler y de Eichmann; pero hay muchos, muchos! Y entre tantos, estoy yo -Aplasto la colilla en el cenicero y prosiguio-: Y he venido a que usted me ponga a salvo del motorista de turno y de la furgoneta.

El doctor Chaos casi habia olvidado el motivo de la presencia alli de su interlocutor. El hubiera deseado conocer mas detalles, ya que dificilmente se le presentaria otra ocasion. Los aliados manipularian a su antojo los hechos; acaso se supiera algo cierto gracias a los documentos graficos que, no se sabia por que, tarde o temprano aparecian a la luz publica.

La peticion del consul Paul Gunther era concreta y la habia meditado largamente. Debia salir de Gerona en ambulancia, directamente a Portugal. Era su unica posibilidad de salvacion, despues de envenenar a los perros. Si se detenian en Barcelona o en Madrid a hablar con sus superiores estaba perdido. Ninguno de ellos pertenecio a la Gestapo, de modo que no corrian peligro. Continuarian con sus tareas protocolarias y burocraticas como si nada hubiese ocurrido.

– Yo soy un caso especial… A mi me echaron de Alemania y me mandaron aqui porque mi mujer, que estaba en contra de mi tarea, a punto estuvo de montar un escandalo.

* * *

El doctor Chaos, despues de escucharle atentamente, marco una pausa y nego con la cabeza. Estaba dispuesto a ayudarle -a facilitarle el viaje hasta la frontera de Portugal-, pero no en una ambulancia. Una ambulancia, precisamente, llamaba siempre la atencion. Podia ocurrir cualquier cosa por el camino y el asunto subitamente se complicaria.

– De acuerdo… Renunciemos a la ambulancia -admitio Paul Gunther-. Pero lo que yo quiero es que me acompane usted, usted mismo. A cambio, pida usted el dinero que quiera. No importa la cantidad…

El doctor Chaos volvio a negar con la cabeza. No necesitaba el dinero para nada -como no fuera para modernizar mas aun su clinica-, y si se decidia a aceptar lo haria por identificacion con las ideas y el quehacer de su ilustre visitante.

– Dejemelo pensar… -dijo el doctor Chaos-. Deme tiempo hasta manana.

– De acuerdo. Manana deme la respuesta…, pero que sea afirmativa. De lo contrario -anadio el consul-, es posible que tenga usted que hacerme la autopsia… -y sonrio, porque le parecio que tenia la partida ganada.

Y en efecto, asi fue. El doctor Chaos decidio acompanar a Paul Gunther en su propio coche, pues el coche del consul, aunque mucho mas potente, llevaba matricula alemana y del cuerpo diplomatico y podia llamar la atencion. El viaje era largo, pero no habia mas remedio. Paul Gunther accedio, sin poner el menor impedimento. El plan rebosaba de sentido comun. El doctor Chaos podia dar cualquier excusa a la clinica: que se ausentaba por tres o cuatro dias por cualquier asunto a resolver en Madrid. Tocante al consul, en cuanto estuviera en Portugal, podia escribir de su puno y letra al gobernador, cantarada Montaraz, diciendole que se habia fugado…

Dicho y hecho. Al dia siguiente, de madrugada, se encontraron en el puente de Piedra y el coche arranco. El viaje duro, en efecto, dos dias, con parada y fonda en Madrid. 'Manana por la noche llegaremos a Portugal'. Segun el consul, en Portugal no le pondrian la menor pega. Todo el mundo se refugiaba alli. Ademas, Portugal era amigo del Eje y el, personalmente, conocia al embajador. En la frontera podrian atestiguarlo. Si todo salia como lo tenia previsto, desde Lisboa se trasladaria a las Americas…

Tiempo tuvieron los dos hombres de charlar a gusto. Mientras no cruzaban ningun pueblo, leian periodicos. 'Importante exportacion de orejon de albaricoque a Inglaterra'. 'Suministro de tomates para los norteamericanos instalados en Europa'. 'El baron de Terrades, nuevo alcalde de Barcelona'. 'Inauguracion de las primeras jornadas medicas de Sevilla, bajo el signo de la catolicidad'. 'Creacion del Consejo del Gran Madrid, presidido por el ministro de la Gobernacion '. 'Boletin del Estado. Quedan bloqueados los bienes de los subditos del Eje residentes en Espana'.

– Comprende por que queria hacerle un donativo, doctor Chaos? El Estado espanol se hubiera quedado con todo lo mio…

El doctor Chaos nego otra vez. Acaso aquella buena obra le compensara de antiguos y dramaticos errores, que no venian al caso. Tenia ante si un giganton -en otras circunstancias, le hubiera deseado-, comandante de

Вы читаете Los hombres lloran solos
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату