El sustituto, en Figueras, del coronel Triguero fue otro coronel, Evaristo Bermudez, antitesis de aquel. Honesto a carta cabal. Dedicacion plena. Estaba a gusto en la milicia, sin aspirar a mas. 'No serviria para otra cosa. No me importa mandar, no me importa obedecer. Cada cual en su sitio'.
Estaba orgulloso de haber servido a las ordenes del general Varela, a quien adoraba. Le escribio una carta comunicandole su nuevo destino y recibio una halagadora respuesta. Solia terminar las frases haciendo una afirmacion y anadiendo a seguido: 'O no?'. Sus 'o no?' se hicieron pronto famosos y el camarada Montaraz, guason como siempre, le imitaba. 'Tu eres Evaristo Bermudez… o no?'. Y el coronel soltaba una carcajada.
Su unico vicio era el parchis. Elegia siempre las fichas amarillas. El color amarillo era su preferido. Podia atribuirse a los trigales, a los antiguos pergaminos o a las marcas que llevaban algunos judios perseguidos. Cuando le hablaban del 'peligro amarillo' sonreia y murmuraba: 'Esperen, esperen, ya lo veran…' Estaba convencido de que si se producia la union Japon-China gobernarian el mundo. Y de que los japoneses hacian la guerra por su cuenta, sin consultar con Hitler, pese a que este les otorgo el titulo de 'arios honorarios', detalle que les sulfuro.
Vestido de militar, con siete medallas, parecia alto y apuesto; de paisano, mas bien bajito y escuchimizado. Aborrecia el pescado y el gobernador le decia que si comia carne en exceso se convertiria en agresivo. 'O no?'. Le gustaban los refranes, la sabiduria antigua, empirica, aunque admitia que a veces se contradecian. Tambien los proverbios chinos eran los de su preferencia, aunque admitia que nadie podia garantizar que fueran chinos de verdad.
Espanol hasta la medula. Admiraba a los Reyes Catolicos. La Falange le caia bien porque ahincaba en la entrana de la raza. 'Vocacion africana y de Hispanidad'. Su orador preferido era Garcia Sanchiz, que rodaba por el mundo espanoleando. Admiraba a Franco y su amistad con el mundo arabe. Por Figueras entraron siete subditos egipcios y les dio toda clase de facilidades. Los beneficiados, que no hablaban mas que arabe, creyeron que debia de ser un admirador de los faraones. Escrupuloso al maximo en su trabajo, llamaba constantemente al gobernador para consultarle algun caso o para el parte de novedades. El gobernador murmuraba: 'Ese hombre me matara'.
En la Jefatura de Policia no habia nada que 'fumigar'. Don Eusebio Ferrandiz, jefe provincial, era tan honesto como el coronel Evaristo Bermudez. Sin embargo, desde que su hija murio en el accidente de autocar que sufrieron las chicas de la Seccion Femenina con motivo de una excursion al santuario del Collell -donde habia estudiado Cesar-, no era el mismo. Habia perdido entusiasmo, ganas de vivir. Casi siempre, al levantarse, antes silbaba al afeitarse; ahora no. Y con frecuencia, al encontrarse solo, lloraba. Era hombre de escrupulos, que siempre se habia preguntado que derecho tenia a interrogar a la gente para que 'cantase'. Ahora intentaba que el trabajo le absorbiera, pero notaba que cada vez le interesaba menos. Sus ayudantes lo advertian, pero le querian mucho y no comentaban nada. El nuevo gobernador procuraba estimularle: 'Animo, don Eusebio! Al mal tiempo buena cara'.
A gusto hubiera ido a la tertulia del Nacional, pero comprendia que les quitaria espontaneidad, que seria alli un cuerpo extrano. En cambio, iba con frecuencia al cementerio, a llevar flores a su hija. Su ramo era el unico. Nadie mas se acordaba de ella. Otros nichos, por el contrario, estaban siempre abarrotados. 'El cadaver es solo mio'. Habia sonado con tener nietos y de pronto todo se frustro.
No comprendia que la gente tuviera tantas ambiciones. Un vuelco de autocar y todo se acababa. A veces se llamaba a si mismo cobarde, por no saber aceptar aquella situacion. Si todo el mundo hiciera lo mismo al perder un ser querido, la vida se acabaria. Y un policia tenia que dar mas ejemplo que nadie. Se habia tornado esceptico. En el fondo, la guerra mundial le interesaba poco. Venciera quien venciera, todo seguiria mas o menos igual: se prepararia otra guerra, probablemente mayor que las anteriores.
Su unico consuelo era la religion. Le gustaban las iglesias en las que no habia nadie, solo penumbra. Alla se concentraba y rezaba con fervor. Consideraba erronea la parafernalia que se organizaba con las multitudinarias ceremonias religiosas. Por eso le intrigaba Agustin Lago, a quien encontraba a menudo rezando en la parroquia del Mercadal.
Tenia hacia Franco un sentimiento dual. Por un lado, no comprendia que fuera capaz de sentenciar a muerte a tanta gente; por otro lado, le admiraba, porque entendia que era el unico sistema para mantener la disciplina. 'La paz de los cementerios' -de los cementerios!- le parecia preferible al desorden anarquico.
Tampoco comprendia que el obispo tuviera tal obsesion por el sexto mandamiento. Ultimamente habia mandado quitar un anuncio en Amanecer que decia: 'Fajas y sostenes. Araceli, 68'. Don Eusebio Ferrandiz solo estaba en contra de la homosexualidad, por lo que era partidario de que los reclusos pudieran recibir, por lo menos dos veces al mes -lo mismo que en Cuelgamuros- a sus mujeres.
Cuando el gobernador le preguntaba si era preciso tambien 'desterrar' al comisario Dieguez y a los miembros de su brigadilla, por haber oido que eran 'amorales', don Eusebio Ferrandiz negaba con la cabeza. Cierto que el comisario Dieguez, a quien tanto habia temido la Torre de Babel, era un pillo de siete suelas, con su clavel blanco en la solapa; pero era eficaz. Una ardilla y a la par un perro de presa. Olfateaba el delito a muchos quilometros a la redonda y alla se iba llevando en la mano la chapa de policia. Muchos de los reclusos en la carcel de Gerona eran victimas de su perspicacia. El expediente contra los Costa le pertenecia por lo menos en un cincuenta por ciento. Uno de sus exitos, que contaba siempre, era haber descubierto que Rosario, comadrona de la Seccion Femenina, era abortista. Pues el, en Higueras, dejo encinta a una extremena que esperaba en vano a su marido, y la obligo a abortar, con la ayuda de un medico 'depurado' que estaba muerto de miedo.
– Asi que, don Eusebio, dejamos al comisario Dieguez?
– Sin el no sabria que hacer.
El comisario Dieguez, viendo que no le tocaban el pelo, suspiro satisfecho. Tenia a su favor que no apetecia el dinero; solo el poder. Cuando le preguntaban que sentia al detener a un individuo a sabiendas de que le condenarian a muerte, contestaba: 'Soy policia, no es cierto? Sensacion del deber cumplido'.
Tal vez solo le conmoviera una cosa: las colas que empezaban a formarse delante del Monte de Piedad, de reciente inauguracion. La gente empenaba alli cosas inverosimiles, desde una maquina de escribir hasta una muneca o una pitillera. Se llevaban el dinero y el ticket como ocultandoselos a si mismos. Por regla general, iban las mujeres. Muchas gitanas y viudas de fusilados. Pero a veces se presentaban en el mostrador caballeros bien vestidos, limpios, que en medio de su miseria guardaban la compostura. Hacian cola entre acobardados y distraidos y al final empenaban el reloj. El comisario Dieguez no podia dejar de pensar en la coleccion de relojes de pared que poseia el camarada Montaraz y que tocaban cada uno su musiquilla.
Que opinaba de la guerra? Que ganarian los alemanes. Envidiaba al consul Paul Gunther porque habia hecho unos cursillos en la Gestapo. Si el pudiera ir a Alemania y 'matricularse' tambien! Consideraba que las SS eran una organizacion modelica, superior a la americana. Por lo demas, y pensando en personas como la Voz de Alerta, recordaba un axioma politico: 'Un hombre no puede ser un buen conservador a los cuarenta si no ha arrojado bombas a los veinte'.
Lamentaba no haber podido coger a Cosme Vila, a Julio Garcia, a David y Olga, a Gorki y a tantos y tantos que cruzaron la frontera. Estaba completamente de acuerdo con las decisiones del Tribunal de Responsabilidades Politicas, que, por el contrario, traian a mal traer a Manolo y al profesor Civil. Tambien envidiaba al comandante juridico militar Martinez Fuset, asesor personal de Franco, quien habia depositado su confianza en el ya en Salamanca, durante la guerra civil. Martinez Fuset asesoraba al Caudillo sobre las diversas maneras en que se podian interpretar las leyes. Al llegar el, el sistema eran los clasicos 'paseos'; el modifico el procedimiento a fin de poder dar una explicacion menos escandalosa. Decia: 'Nosotros no asesinamos. Entregamos nuestros enemigos, los presuntos responsables, a los tribunales y consejos de guerra. Alla ellos, autonomos en su funcion, jueces imparciales, con sus fallos, que nos limitamos a ejecutar'.
Resumiendo, y segun decision ultima del camarada Montaraz, el comisario Dieguez se quedaria en Gerona con todas las atribuciones que le correspondian. El comisario no perdia de vista al capitan Sanchez Bravo, que no le gustaba ni pizca. De vez en cuando entraba en la libreria de Jaime y a este se le anudaba la garganta. Pero no. El eficaz Dieguez, como buen profesional, se limitaba a llevarse unas cuantas novelas de Sherlock Holmes y del comisario Maigret.
