de los realquilados, con muchos lios de faldas en los pisos y en las salas de fiestas recientemente inauguradas y que trabajaban a tope.
El doctor Jimenez Mendoza, que se puso a su disposicion, le dijo: 'Si tus fiebres fueran tan dificiles de curar como la Espana que tenemos hoy, mi pronostico seria preocupante'. Nunez Maza quedo de una pieza. Todavia era consejero nacional. Echo de menos a Salazar y su cachimba. Se acordo de algo que ambos habian escrito y publicado poco despues de terminada la guerra civil: 'Excepto Alemania, Italia, el Japon, Portugal y Espana, el resto del mundo es masoneria y comunismo, es decir, escoria'. No sabia si arrepentirse o no. Su mente estaba confusa y las fiebres le impedian poner orden en su pensamiento. El doctor Jimenez Mendoza le puso a tratamiento y le dio animo. 'Dentro de un mes te sentiras mucho mejor. Pero ya veremos donde te mandamos luego para que mejoren tus pulmones'.
Dias despues llego Mateo. El avion le dejo en Madrid, desde donde se traslado en tren a Barcelona. Varias horas de espera en Barcelona y por fin otro tren, de locomotora humeante, como si sufriera, a Gerona. Habia enviado un telegrama, de modo que en el anden de la estacion le esperaban, ademas de la familia, el camarada Montaraz y la Voz de Alerta, Herida leve? Herida grave? Durante el viaje recompuso la situacion. Herida grave, al parecer. La bala, como si se la hubiera enviado Cosme Vila desde Ufa, le intereso el coxo-femoral. Se la extrajeron, hubo infeccion, luego el correspondiente drenaje. Ahora se estaba cicatrizando, pero la cadera, por el momento, le habia quedado rigida. Cojo, cojo para toda la vida, a menos que los experimentos que, segun los medicos que le atendieron, se estaban llevando a cabo para utilizar protesis se perfeccionasen y llegaran a tiempo para recomponerle a el. El doctor Chaos, sin el barullo del hospital de Riga, le daria su opinion. Solita le habia dicho: 'Si no te cura el doctor Chaos no te curara nadie'.
Al detenerse el tren en la estacion se oyo un grito. Era Pilar. Pilar grito: 'Mateo!', y corrio para acercarse a la portezuela de descenso. Detras estaban don Emilio Santos, Matias y Carmen Elgazu, Ignacio y el pequeno Eloy. El camarada Montaraz y la Voz de Alerta retrocedieron unos pasos para permitir que la familia pudiera darle antes que nadie la bienvenida.
Entonces ocurrio lo inevitable. Despues de entregarle a Ignacio la mochila dentro de la cual habia un equipo completo de soldado y un precioso icono, para bajar los peldanos del vagon tuvieron que ayudarle. Cojo! Mateo apenas si podia valerse por si mismo. Por fin consiguio apearse y los abrazos se fundieron alrededor de su cuello. Sin embargo, flotaba en la mente de todos el enigma. Que clase de cojera? Y por que estaba tan demacrado? En el uniforme, la Cruz de Hierro, que le impuso el mismisimo general Munoz Grandes. De que le iba a servir esa cruz, si acababan de recibir a un mutilado?
– Calma, calma -decia Mateo-. Ya os explicare. Todo se arreglara…
Pilar, al igual que el resto de la familia, tuvo una corazonada. Pilar, que se habia pasado noches enteras preguntandose cual podia ser la herida de Mateo, estaba a punto de desvelar el misterio.
– La pierna? La cadera…? Que te ha pasado?
– La cadera… Una bala. Pero ya me la extrajeron y ahora falta la recuperacion.
Nadie le creyo. Se movia con dificultad y, pese a las promesas que se habia hecho a si mismo, hablo sin conviccion. Por si fuera poco, no conocia al nuevo gobernador. El camarada Montaraz le abrazo tambien. ' La Voz de Alerta' se habia preparado para pronunciar unas palabras, pero el desconcierto reinante se lo impidio. Don Emilio Santos se abalanzo a su cuello. 'Hijo! Que te ha ocurrido?'. Ignacio tenia un nudo en la garganta, mezcla de dolor y de irritacion. No sabia que hacer con la mochila, que pesaba lo suyo. Mateo se habia ido 'en busca de los luceros' y llegaba con la cadera rota. Por fin, Ignacio se decidio a darle un abrazo, pero solo para balbucear: 'Que tristeza!'. Carmen Elgazu le beso en ambas mejillas y Matias, que desde lejos ya se habia quitado el sombrero, le atrajo tambien hacia si.
Pilar y Mateo tenian el piso en la misma plaza de la Estacion. Eran unos doscientos pasos. Demasiados pasos para el heroe. Subieron a un taxi, en medio de un gran silencio. E Ignacio y Pilar, con gran esfuerzo, tuvieron que ayudarle a subir, peldano a peldano, la escalera. La puerta del piso se abrio… Mateo vio el retrato de Jose Antonio, el pajaro disecado, unos libros y una sirvienta, llamada Teresa, que tenia un crio en los brazos. 'Dejad que me siente! Y traedme a mi hijo…' Mateo se sento en el comedor, se hizo cargo del pequeno y lo inundo de besos. 'Cesar… Cesar Santos Alvear! Que hermoso esta!'. Queria levantarlo en brazos, pero no pudo. Formulo frases inconexas. 'Se parece a mi. Verdad que se parece a mi?'. Por lo menos se parecia al Mateo anterior a la cruzada contra Rusia.
Solo habian subido los familiares. Al cabo de un rato de tension, Ignacio no pudo mas y rompio el silencio.
– Ese gobernador que te ha abrazado, es al mismo tiempo el jefe provincial del Movimiento. Adios, Mateo… Pronto nos veremos.
Esta noticia le sento a Mateo como un rayo. En realidad, cruzaban por el piso rayos de todas partes. Poco a poco todo el mundo se fue, para dejar solos a Mateo y a Pilar. Mateo, haciendo un esfuerzo, solo tuvo tiempo para decirles a todos que 'era de esperar que aquello se curaria' -habria que avisar al doctor Chaos-, y que, fuere lo que fuere, no seria nada comparado con lo que habian sufrido otros camaradas de la Division. 'Cumpli con mi deber y volveria a hacerlo una y cien veces'.
Pilar no hacia mas que llorar. Mateo, cabizbajo, no se atrevia siquiera a acercarsele. Cesar dormia en la cuna, muy cerca de la mochila con el icono dentro, y Teresa habia salido a comprar 'lo que al senorito le podria apetecer'. Mateo tenia al alcance de la mano un tazon de cafe, que sabia a malta, y que no podia compararse al que le preparaba Solita en el hospital de Riga.
– No tenias por que alistarte, comprendes? -dijo Pilar-. Nunca! Nunca! Yo te habia dado mi vida y la rechazaste…
– Pero, que estas diciendo? He de repetirlo? Los yugos y las flechas que yo llevaba en la camisa, que llevo todavia!, te gustaban igual que a mi…
– Pero aquello fue nuestra guerra… En esta de ahora, llena de nombres raros, no se te habia perdido nada…
– La Division esta llena de hombres casados. Algunos, con tres hijos y mas… Fui consecuente con mis ideas y no me arrepiento de nada -hubo una pausa-. Si supieras cuanto he aprendido! Ya te iras dando cuenta…
– Estoy enterada. Perfectamente… Sabes lo que es una bala y como huelen los muertos y un hospital. Y tambien sabes mandar telegramas ocultando la verdad…
Mateo miro a Pilar con inmensa ternura.
– Pilar… Procura comprenderme…
– No comprendere nunca. Nunca…! Y tampoco lo comprendera Cesar cuando sea mayor -Pilar se habia levantado-. A nuestro hijo tuve que parirlo sin tenerte al lado… Y horas enteras pegada a la radio. Mientras tanto, tu y tus camaradas con la nieve hasta el cuello y cantando Cara al sol…
Mateo se habia guardado la bala y la llevaba en el bolsillo de la camisa. Por todos los santos, que Pilar no la viera! La rebotaria contra la pared, o iria a tirarla al rio o al cementerio. Que ocurria? El mundo estaba loco, desquiciado, partido en pedazos, por culpa de las ideas. Lo que para el era un deber, para otros era un pecado mortal. Da, da…, decian los rusos en sus isbas. Los divisionarios llamaban 'mama' a todas las viejas. A Cacerola las viejas le querian porque era carinoso y les daba un buen potaje. Que ocurria? El amaba a Pilar con todas sus fuerzas! Al fin y al cabo, habia regresado y dentro de poco, aunque cojo, podria hacer vida normal. El habia visto munones coagulados por el frio. Brazos y piernas amputados. Y hombres muertos porque se les habia helado el ano…
– Lo que me ha ocurrido no es irreparable, comprendes, Pilar? -Si, ya lo se! Me fui, al puesto que tengo alli…
Y como era posible que, en su ausencia, hubieran ocupado el cargo de jefe provincial? Ah, claro, la unificacion! Desde el punto de vista operacional, era logico y posiblemente eficaz. Las leyes no las dictaban los sentimientos. El mismo, detras de una mesa, posiblemente habia causado dano a mucha gente. Hubierase dicho que nadie se acordaba del comunismo! Habia que oir, en el lago limen, a los espanoles 'del otro lado', de 'las trincheras de enfrente', con sus altavoces. No hacian mas que cantar las glorias de Stalin, invitarles a que se pasaran y amenazandoles con llegar a Espana. 'Curioso… Ya no soy el jefe provincial… Hubieran podido esperar mi regreso'. Como seria el camarada Montaraz? Solo le vio un instante: gafas negras y algunos dientes de oro. Y
