de campanillas. Las familias, los amigos intimos y nadie mas.

Leocadia, que tenia un bocio en el cuello que la afeaba mucho, asintio.

– De acuerdo, de acuerdo… Ana Maria ya me habia advertido de ese detalle… -Luego anadio-: Nosotros tambien nos casamos modestamente.

Total, en menos de una hora quedo cancelada la entrevista. Carmen Elgazu radiaba de satisfaccion. Leocadia se empeno en ensenarles el piso, realmente confortable, faltandole acaso lo que se llamaba 'el sello personal'. Debia de parecerse a otros muchos pisos del rango de don Rosendo. La alcoba conyugal! Un lecho altisimo, antiguo, lamparas modernas y telefono a la cabecera de la cama. Carmen Elgazu advirtio que no habia ningun crucifijo, ninguna imagen. Todo eran detalles practicos. Los cuartos de bano, ideales: todo de marmol. La cocina era lo mejor, apta para los gourmets. 'Nuestra cocina en Gerona sirve para las tortillas sin huevos', comento Carmen Elgazu. Y Matias anadio: 'Alli hemos festejado la semana de exaltacion del boniato'.

Ignacio, en efecto, se gano de todas todas el aprecio de Leocadia. Todo lo que de el le habia estado contando Ana Maria era verdad. No solo la mente clara sino los ojos puros, de un brillo negro que parecia aprehender las cosas. Ni un gramo de grasa: merced a Moncho practicaba deportes de invierno y, de un tiempo a esta parte, un poco de gimnasia. Tal vez fumara demasiado; en esto habia salido a su padre. Pero Ana Maria fumaba tambien. Leocadia no supo nunca succionar con gracia el pitillo y sacar el humo; en realidad, Leocadia sabia hacer pocas cosas, excepto querer a Ana Maria mas que a si misma.

Ana Maria se dio cuenta de lo que ocurria con su madre y quiso que sacaran de ella buena impresion.

– Te acuerdas, Ignacio, de aquel balon azul de la playa acotada de San Feliu? Me lo compro mi madre…

– Claro que me acuerdo! -e Ignacio miro a Leocadia con gratitud-. Ahi empezo todo. Sin el balon azul, y sin los dos monitos uno a cada lado, a lo mejor ahora te casarias con un agente de cambio y bolsa…

Leocadia sonrio. La familia Alvear le gustaba. Cuando conoceria a Pilar? Como? Esperaba otro hijo? 'Eso es buena senal. Eso significa que dentro de poco me convertire en una joven abuela…'

* * *

La ermita de los Angeles estaba situada a unos diez kilometros de Gerona, encima de una colina desde la cual se divisaba un soberbio paisaje. En honor de la pareja se desperto una ligera brisa, que hacia soportable el calor. Mosen Alberto escribio una 'Alabanza al Creador' diciendo que, segun una leyenda muy antigua, san Pablo habia pernoctado en aquel monte. Nadie se lo creyo, pero el dijo: 'Esas cosas siempre inspiran piedad'.

Don Rosendo Sarro penso que las dos familias quedarian perfectamente delimitadas, en virtud de los trajes y los sombreros que unos y otros llevarian, y acerto. Los Sarro y amigos -algunos banqueros, algunos industriales, etc.- se vistieron con elegancia sin que ello se notase; los Alvear y amigos, excepto Manolo y Esther, aparecieron endomingados. Paz Alvear, por ejemplo, llevaba el sombrero mas espectacular de la reunion y Carmen Elgazu unos tacones altisimos, que casi la hacian cojear. Adela, la mujer de Marcos, se coloco en la cabeza una pamela 'aristocrata', segun ella y, por supuesto, miro a Ana Maria como si quisiera fulminarla. 'Ya no te vere mas', le habia dicho a Ignacio una semana antes. Ignacio sonrio, titubeo unos instantes y no contesto nada.

Ceremonia sencilla. Carmen Elgazu acompano a Ignacio al altar, tambaleandose un poco por los dichosos tacones. Ignacio se quedo solo en el presbiterio, pero vuelto hacia los invitados y sonriendo, en espera de la novia, que no tardo en llegar, del brazo de su padre. Ana Maria lucia un blanco inmaculado, que inspiro a Cefe, escondido en un rincon, una acuarela romantica. Tres doctores, por si fallaba algun corazon: el doctor Andujar, el doctor Morell y Moncho. Eva llevaba un vestido rarisimo, que hubiera podido ser tiroles, como el sombrero que a veces usaba Manolo. El fotografo del grupo seria Angel, quien garantizo que las fotos saldrian en color. El organista del Mercadal, un hombre con cara de sacristan y manos de marfil, toco la Marcha nupcial y se suponia que alegraria la ceremonia. Algunos campesinos de las masias proximas habian acudido movidos por la curiosidad, al ver la caravana de coches que subia hacia la ermita. Se quedaron en la puerta de entrada, pues los bancos estaban repletos.

Todo salio a pedir de boca. Mosen Alberto pronuncio una homilia sobria, escueta, acorde con su manera de hacer desde que termino la guerra civil. Matias temio por un momento que hablara del matrimonio como una cruz, porque recordo que en su boda el cura asi lo hizo; todo lo contrario. El matrimonio era un gozo, una esperanza, una plenitud y los nuevos esposos deberian amarse como Cristo amaba a su Iglesia. En el momento de intercambiarse los anillos los novios se comportaron con absoluta naturalidad. En el momento de la bendicion -'yo os declaro marido y mujer'-, un escalofrio recorrio la espina dorsal de la concurrencia. En aquel momento don Rosendo tosio, pero nadie se dio cuenta. Marcos, Galindo y Grote, los contertulios del cafe Nacional, se pasaron todo el rato embobados, como si acabara de tocarles la loteria.

A la salida, aplausos, vivas y granitos de arroz. Y besos en las mejillas. Y abrazos de buena voluntad. Ana Maria lloraba. Al abrazar a su padre y a su madre lloro. Pero era feliz. Para Ignacio, uno de los momentos mas emotivos fue cuando aparecio frente a el Cacerola. 'Canalla, mujeriego!', le dijo Ignacio, abrazandole. 'Mujeriego, tu… -replico Cacerola-. Yo, ya sabes, mi novia es invidente. Si ya fuera mi mujer hubiera venido ella tambien'.

* * *

El agape en el chalet de don Rosendo en San Feliu de Guixols transcurrio bajo el signo del calor. 'A quien se le ocurre casarse el doce de agosto?'. 'Es el cumpleanos de mi novia…' 'Pues haber nacido antes o despues!'. Eran notitas sin malicia en medio de un mar de bienestar. Desde el chalet se veia el yate de don Rosendo y corrio la voz de que los novios harian con el el viaje de bodas. 'Si, esa era nuestra intencion! -aclaro Ignacio-. Pero pensando en los submarinos ingleses y alemanes hemos preferido Madrid'. Tres violines tocaban piezas melodicas. Cumplimentando a Carmen Elgazu, sonaron dos tangos de Carlos Gardel, de cuya vida estaban haciendo una pelicula. El primero de ellos: 'Esta noche me emborracho yo…', fue aplaudido por Marcos, quien habia bebido mas de la cuenta. El menu lo trajeron del hotel Miramar, de San Feliu de Guixols y fue excelente; los cigarros habanos corrian a cargo de Matias, quien al ver las volutas de humo se sintio absolutamente satisfecho.

La tarta! Era monumental. Y tambien a cargo de Matias. Las manos de Ignacio y Ana Maria al cortarla temblaron mas que en el momento de cruzarse los anillos. La parejita que, como una guinda, coronaba la tarta fue entregada a Gracia Andujar, quien se levanto lagrimeando y ensenando el trofeo a los comensales.

Los novios, terminado el plazo de cortesia, se despidieron de todo el mundo y en un taxi que esperaba fuera, adornado con flores y lacitos blancos se escabulleron en direccion a Gerona. Antes de llegar a la ciudad, y cumpliendo lo pactado, entraron en el cementerio a depositar el ramo de novia en el nicho de Cesar. Fue un momento de dolor. Cesar era el unico gran ausente de la fiesta. Bien, era posible luchar en favor de la vida, pero nada se podia hacer contra la muerte.

Los regalos, de todo tipo, esperaban en el piso de la avenida Padre Claret para cuando ellos dos regresasen. Incluso una sirvienta, Mari-Luz, que les habia procurado el 'profesor Civil, quien tambien estuvo presente en la ermita y en el agape. En el trayecto de Gerona a Barcelona, en un tren que andaba a la patacoja, los novios se rieron mucho contandose el uno al otro los consejos que las respectivas madres les habian dado. 'Como si fueramos unos crios…' Ana Maria, en un momento dado le dijo a Ignacio: 'Yo, por supuesto, lo soy'. 'Yo, no - replico Ignacio, sonriendo-. No quiero empezar nuestra luna de miel contandote una mentira'. Ana Maria reacciono sonriendo tambien. 'A mi lo que me importa es que seas mio a partir de ahora…' 'Eso, te lo juro'. Ignacio levanto la mano y al hacerlo penso, sin querer, en la guapetona Adela, con la que le hubiera gustado bailar, pero que cada vez le rehuyo.

Al llegar, ya de noche, a Barcelona, fueron al hotel Majestic, donde les tenian reservada habitacion. Un botones les acompano. 'Senora…', dijo el muchacho, abriendo la puerta. Era la primera vez que a Ana Maria la llamaban senora y aquello la turbo.

– A partir de ahora, tendras que acostumbrarte…

– Ya lo se. Pase lo que pase.

– Eso es.

Ana Maria se fundio en un abrazo con Ignacio.

– Confio en que algun dia me llamaran mama…

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