– Y que lo digas. ?Pero por que habra huido el camionero?

– … Por lo mismo que se calloEl Toledano… Despertarse en el despacho del jefe de la Policia Municipal, sin nadie que te vigile, sin que nadie te conozca y seguro que sin ganas de contar lo que te ha sucedido, como lo ocurrido al de San Juan, pues tirado.

– Es verdad. ?Y por que se te ocurre a ti que no quieren hablar estos dormidos?

– Ah. se tan poco de eso como del Arribatasuna.

– Venga, que te conozco las ganas de comer churros y de echar el primer cigarro con el estomago lleno.

– Eso, que ya sabremos por que se callan… Aunque mas dificil es saber por que se calla la gente, que por que larga.

Capitulo III

El roncador

En el mes de agosto los pajaros que duermen o velan entre las hojas de los chopos del Casino de San Fernando, parece que defecan muchisimo mas, aunque segun los entendidos en culos ornitologicos, solo cagan mas que pian en marzo. Lo que ocurre es que la gente en agosto anda mas despacio, se sienta mas tiempo en la terraza y tiene mas ocasiones de recibir en el traje, en el sombrero y hasta en el caballete de la nariz, las mierdecillas grises-blancas.

Plinio y don Lotario, sentados en la terraza del Casino, con las gafas de sol puestas, se contaban las pajaritadas que en las dos horas que llevaban alli de sobremesa les moteaban el uniforme gris, y al veterinario la chaqueta mil rayas.

– Yo salgo a unas cincuenta caquillas pajareras por dia, segun dice mi mujer cada manana, cuando con un trapillo empapado en agua caliente me vuelve la chaqueta a su ser.

– Mi mujer no las cuenta, don Lotario, las cuento yo.

– ?Cono, Manuel! ?Entonces tu coges la guerrera cada manana y vas enumerando las diarreillas, que tambien las hay… La mia distingue muy bien las cagaditas normales de las diarreas. Hace falta vista, ?eh?

– Decia que mi mujer, cuando de suyo, cada manana me limpia la guerrera, va enumerando en voz alta, cada vez mas alta: «Otra, otra, anda, otra: ??pero otra aqui!!»

Y yo desde la cama, mientras me toco los sonrosados o descabezo el ultimo sueno, cuento «las otras» que grita.

– ?Y que media te sale?

– La verdad es que no paso de treinta.

– Como eres el jefe, se conoce que los culos pajareros te tienen mas respeto y apuntan para otros cuerpos y escotes sin autoridad.

– ?Y escotes?

– Rara es la mujer de Tomelloso que no se acuesta cada noche con las tetas moteadas de gris claro o chorretones, si son pajaros con rayo de vientre.

– Y por mucho que madrugue uno para venir al Casino, cuando llega a la terraza no quedan rodales sin techo de ramas, ni rama sin pajara. De modo que te pongas donde te pongas, con blusa, chaqueta, guerrera o escote palpitante, inodoro de pajaros te haces.

– … La otra noche, Manuel, y no me salgo del tema, sone que el novio ingeniero, el que estaba en huelga de novio caido, amanecio, la manana que se le llevaron, tan cubierto de excrementillos voladores, que no se le veia…

Y el pobre, al despertar, se creyo ya tan muerto, aunque con mortaja suave, humeda y gris clara, que empezo a corretear por todo el pueblo, gritando: ?Perdoname, senor, perdoname!

– ?Ay!, que don Lotario este: cuanto mayor, mas imaginacion tiene.

– Dejate de imaginacion. Son suenos… Cuando uno no esta consciente es cuando ve las cosas buenas… Yo, como tu, nunca pude pensar que la Narcisa Romero tenia el culo bonito, porque era horrible, ovalado y con caidas, hasta que se lo sone: Cuando se lo sone, dos o tres siestas, no se por que me parecio precioso, de nalgarrosas, de nalgaprieta, de nalgadura, de nalgatiento, de mollete cumplido, de ojetebeso.

– Don Lotario, si no fuese por usted, con sus cosas y carino, me moriria de tristeza… Todos los dias aqui en la terraza de San Fernando, desayunando en la bunoleria de la Rocio, viendole las corvas a tantos concejales como he visto subir las escalerillas del Ayuntamiento, tomando las mismas cervezas y escuchando el mismo reloj…; es pesadisimo.

– Hasta que te mueres.

– Y estas toda la muerte viendo la tapa de la caja por dentro, y luego la bovedilla del nicho, y luego la calavera del tonto del pueblo que te toque encima, o el femur del cura, en castigo por no haberte confesado nunca, encima de tus dientes amarillos, toda la eternidad.

– Joder. Luego dices que yo le echo imaginacion a la cosa. Pero anda que tu… Muerto, con el femur verdoso de un cura encima de tus dientes secos, toda la vida… Hombre, Manuel, Tomelloso no es tan pesado.

– No Tomelloso, la vida, aunque sea en Torremolinos. Y amigos como usted la alivian, le dan un algo.

– Lo mismo digo, Manuel. Que yo, como dices, le echo imaginacion a las cosas por sacarte la risa.

– Y yo, don Lotario.

– Si no nos hacemos nosotros solos nuestras risas, a base de cosquillas en el cerebro, con dichos e imagenes, ?quien nos las va a hacer?

– La gente tiende mucho a la pesadez, a lo igual, al nicho en la vida.

– Nosotros, por lo menos, tenemos imaginacion y buen humor y nos lo pasamos todo por el ombligo, o le instalamos altares, segun nos venga… Por cierto, que yo solo habia dicho el femur de un cura muerto…, muerto…, que ya es bastante, no femur verdoso.

– Es que los femures enterrados mucho tiempo se ponen muy overos.

Dos jovenes con pantalones vaqueros y las barbas como alquiladas se reian mucho en la puerta del Casino. Se unieron con ellos dos chicas con el sueter atado alrededor del culo, cigarrillos, sonrisas americanas, y empezaron a carcajearse con ellos. Luego alguno debio advertir algo, y todos miraron haciaPlinio y don Lotario. Como puestos de acuerdo se aproximaron unos pasos.

– Manuel y don Lotario -dijo el de las gafas-, ?quieren venirse con nosotros a pasar un rato bueno?

– ?Con que?

– Con PepeTachuelas, El Roncador.

– ?Pero ha vuelto?

– Si, Manuel. Se le ha muerto la mujer y la nuera no quiere vivir con el. En Madrid lo han echado de no se cuantas pensiones por roncar, y se ha venido a su casa de la calle de la Azucena. Vive solo y duerme en el piso alto para que se le oiga menos.

– Pero se le oye igual -dijo una de las chicas del culo abrigado.

– Y esta desfilando por alli el pueblo entero para oirle sus solos de garguero.

– Debiamos hacerle una grabacion. Se venderia muy bien.

– Usted, Manuel, ?conoce alTachuelas?

– Claro que lo conozco. Si fue a la escuela conmigo.

– ?Y ya roncaba asi?

– Por lo visto roncaba asi desde que nacio. La profesora en partos, dona Consuelo, ya temio que hubiera nacido con algo malo en la garganta.

– Pero los ronquidos de recien nacido…

– Lleva razon, Manuel -dijo don Lotario-. No eran, claro, de barco, como los de luego, pero de gargajillo, si. Ya de mozo le fui a escuchar muchas veces. Desde recien casados, la mujer se metia algodones en los oidos, y en seguida durmieron en camas separadas, porque ronca con tantas ganas que nadie se acostumbra a sus dianas… Despues del acto, la noche que le tocaba, ella se iba a una alcobilla de la otra punta de la galeria.

– Pues venganse ustedes a recordar tiempos mejores -dijo el de la barba.

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