– ?Y despues?
– Despues los traje al pueblo, tomamos cafe en el Casino de Tomelloso y, como estaba muy amodorrado, antes de coger el volante para irme a Villarrobledo me meti en el coche a dar unas cabezadillas.
– ?Y despues?
– Y despues -dijo encogiendo los hombros de manera muy artificiosa- hasta ahora.
– ?Que misterio tendran en este pueblo las siestas en los coches? -dijo una de las mozas.
Y todos dieron un avance de sonrisa, menos la enfermera, que solto un gritillo y pedaleo muchisimo.
– ?Nina! -le grito Federico.
– … Pues os echasteis la siesta cada cual en su coche -dijo la bajita- pero aparecisteis juntos, acostados en un remolque… bastante sucio por cierto, con los pelos engominados a lo marica y sin saber donde teneis los coches.
– Si les parece, decidme las marcas y matriculas de sus coches para que los busquemos -les pregunto
Ambos, de manera muy paralela, volvieron a tocarse el pelo y quedaron como pensando lo mismo.
– Seat 127 Madrid…, amarillo -dijo uno de los mozos.
– Y Renault 7, Albacete…, verde claro -coreo el otro.
– Entonces os quedasteis dormidos en vuestros coches respectivos y no os habeis despertado… hasta que en mi laboratorio…
– Eso…
– Claro…
Malcontestaron los dos rascandose las narices por los efectos del amoniaco.
– Eso no se lo cree ni el Papa, que parece que se lo cree todo -salto la esposa alta por primera vez, con la cara durisima y los ojos espejos.
– Pues yo te juro, por lo mas sagrado, Rosario, que desde hace dias, que me lo encontre en el pueblo, no he visto a este.
– Y yo igual.
– ?Seran los de la Cooperativa de este pueblo los que entontecen de esta manera? -pregunto la pequena.
Plinio meneo la cabeza.
– Dejad a ver que quiere decir Manuel -pidio don Lotario.
– Digo que lo mas seguro es que la Cooperativa no tiene nada que ver con esto. Dias pasados ya aparecieron asi otros dormidos sin que dijeran que los durmio.
– ?Y donde aparecieron, Manuel? -siguio Menchen.
– Uno junto al ex Guadiana, y el otro en la misma plaza, junto a la iglesia, y a las dos de la madrugada.
– ?Y con fijador en los pelos los dos? -insistio la baja.
– Si -cabeceo
– Desde luego, en este pueblo siempre han pasado unas cosas muy raras…
– Hasta hubo carnavales en los tiempos de Franco… -dijo la mas joven de Villarrobledo.
– Rarisimas; mira, tan raras como que le echan mosto a una tinaja por arriba y, al cabo de unos dias, se hace vino.
– Hombre, Manuel, no se pique usted, pero como sale tanto en los periodicos…
– Bueno, dejemos eso.
– Sale -salto Federico- porque
– Eso si -reconvino la mas joven.
– Venga, jefe, siga usted preguntandoles a los zorros estos -encizano la baja- a ver donde cogieron tales chispas.
– De chispa nada, esposa del corazon.
– Eso es cosa de ellos. No es un delito.
– No me diga que no le gustaria saberlo, Manuel.
– Como gusto y bacineria, claro -dijo Manuel-, pues nunca he visto nada parecido… Y maxime si la racha sigue.
– Venga, a cantar, senores -dijo Federico en tono de broma.
– Ya lo tengo todo cantado. Me dormi en el coche y hasta aqui.
– Y yo lo mismo.
– ?No te digo?, sera el clima de este pueblo -repitio la baja.
– Eso, este clima tan diferente al de Villarrobledo -corearon varios.
– Bueno, senores -dijo Federico por cuarta o quinta vez-, perdonenme, pero tengo aqui mucha tarea.
– Doctor, perdone usted, nos vamos todos… -dijo
Plinio habia oido dias antes que por lo unico que merecia la pena vivir en Madrid, tan lleno de gentes y motores, es porque el dia que te lo propones podias hacer vida diferente, sin ver a los de siempre, ni pasar ante las puertas de todos los dias. Y aprovechando que don Lotario estaba en Alicante, y que no tenia especial ocupacion ni despacho, se dijo pues hoy voy a hacer una vida diferente, como si estuviera en Madrid.
Y vestido de paisano, despues de tomarse el cafe y saber que el nieto estaba mejor de sus pedorretas, segun le conto su mujer, penso hacer su desayuno fuerte en
A ratos entrepensaba que la vida estaba buena. El nieto habia dormido a gusto y ya miraria alegre los cristales de la ventana; su hija estaria haciendo la cama sin echarle la espalda al crio; y su mujer a punto de ir a verlos, sobre todo al nino, para hablarle con los labios en forma de beso… Y el alli, tan bien aculado, sintiendo que el tiempo pasaba muy despacio, al compas de aquel viejo que cruzaba el paseo, o del aire calmo, que queria hojear los arboles. Asi podria estar horas. Sin pasado ni presente achuchantes, solo entreviendo como puntos de risa las caras de los hombres dormidos, junto al Guadiana seco, del ingeniero vestido y sin novia o los del remolque del hermano Rufo.
Lo unico que no le iba es que en
Cuando pasan los anos recordamos que en cada calle del pueblo nos quedo un capitulillo de nuestra vida. En la calle de La Concordia, tambien cercana, muy nino vio como uno de los senoritos mas respetables del pueblo, creyendose solo, alzo mucho la pierna y solto un pedo infernal…
Estaba todo tan quieto, cosa rara, que se sintio como dormido, pero con los ojos abiertos, y el humo del cigarro, alzandose vago, cachondo, ante el cristal de la ventana.
A lo mejor el humo de los cigarros tambien tiene sus ratillos felices, sobre todo si sale de la boca de una chavala con sabor a beso.
