Lanza , sin poder contenerse solto navaja y bunuelos, se le acerco, abrio el diario por donde ponia «Provincia», luego lo doblo y le senalo con el dedo aceitoso un recuadro que decia: «Largas y reidas siestas en varios pueblos de la provincia.»

Como Plinio sin gafas no atinaba a leer letras, por grandes que fueran, les echo un ojeo inutil y, con sus calmas chichas, continuo el desayuno.

La Rocio, nerviosa, culeaba, manoteaba y le echaba ojos, pero sabia que el Jefe hasta que no acabase su desayuno, se sacudiese la guerrera y reliara el «caldo» no habia nada que hacer.

Cuando concluyo todo esto y algo mas: mirar al reloj, calarse las gafas, arrinconarse bien sujeto el cigarro en el vertice derecho de los labios (conforme se mira a la boca), tomo entre manos el diario Lanza y empezo a leer el recuadro de «las siestas», que decia asi: «Desde hace algunos dias, en varios pueblos de la provincia -Almagro, Alcazar, Socuellamos, Campo de Criptana, Argamasilla de Alba y sobre todo en Tomelloso-, que sepamos hasta ahora, con frecuencia aparecen tumbados en el campo, en calles poco concurridas y hasta sobre remolques, senores ya mayores, de los cincuenta a los setenta anos, completamente dormidos, incluso gustosamente dormidos -porque algunos, segun nuestros corresponsales, se sonrien-, bien arreglados y vestidos, y que en tan comoda situacion permanecen hasta cinco o seis horas sin que luego, cuando consiguen despertarse, sepan o digan el motivo de tal privacion, pues solo de ello se trata, ya que no se ha podido apreciar en ellos ninguna anormalidad patologica, ni nada anormal en el contorno, que aclare la causa de su larga y risuena siesta.

Parece que es en Tomelloso donde hasta ahora se han dado mas casos y los de alli, con su buen humor manchego, sobre las posibles causas de tan lindos suenos, dicen que se debe a una droga llamada 'sexta', inventada en El Toboso; o a la eficacia somnifera de los ultimos seriales de la television… Esperamos que nuestro Manuel Gonzalez, Plinio, el mejor policia de toda La Mancha, sepa descubrir el somnifero, que suministrado con no sabemos que bebida o companaje, proporciona tan publicas siestas a nuestros adultos y silenciosos paisanos…»

Plinio, con meneo de boca entre ironico y esceptico, corto el cuarto de hoja del periodico y se lo metio en el bolsillo de arriba de la guerrera (el de la izquierda segun se mira).

– ?Sabia usted, Manuel, que tambien en otros pueblos aparecian dormidos?

– No. ?Y tu sabias algo de los dormidos antes de leer este periodico?

– Algo habia oido, pero casi como chiste y no hice caso.

– Como de chiste es.

– Lo verdaderamente raro es adivinar que hacian los dormidos cuando les llego el sueno.

– Y a lo mejor no lo saben.

– O que estan experimentando alguna prueba cientifica con ellos.

– ?Ay, que Rocio esta! Una prueba cientifica con ellos y los dejan tirados en la calle… Y ademas sin pedirles permiso para la prueba.

– Pues nada, Manuel, ya tiene usted mas senas para buscar al malhechor.

– ?Malhechor el que nos hace dormir cinco o seis horas tranquilamente, aunque sea tumbados en una reguera?

– Bueno, usted me entiende.

– Lo nuestro es apresar a los hacedores de mal- hechuras, pero a los que hacen roncar y reir, ?para que?

– Hombre, pero cuando en un pueblo tan aburrido como este, ocurren cosas tan raras, hay que averiguar el motivo para darle gusto al personal y para que no se aburra el propio Manuel.

– Y sobre todo para que te diviertas tu, que eres tan bacina de todo. Para mi ya es igual que un tio se duerma solo o lo duerma un perro lamiendole los parpados.

– ?Ay!, que Manuel este, y que lamiendole los parpados… y eso de que usted no es bacin se lo cuenta a un guardia. Quiero decir a otro… Lo que pasa es que usted, como todo: lleva la bacineria con mucho disimulo y categoria. Y podra tenerle sin cuidado si se va a casar la Aurora o si la Engracia la preno el Antonio tumba en la cama o sobre la alfalfa, pero que cada pocos dias aparezca en la provincia un dormido, eso seguro que lo lleva usted mas en cuenta que los rayos del vientre.

Cuando Manuel, sonriendo, iba a sacar las monedas, salto la Rocio:

– No, Manuel, hoy le invito yo, aprovechando que no hay nadie mirando.

– Pero Rocio, que ya me has invitado dos veces en lo que va de agosto.

– Si yo, Manuel, por el gusto de tenerlo ahi con los codos revolando, lo invitaria a todas horas.

– Es que la cosa esta muy descompensada, Rocio, porque yo no te puedo invitar a la carcel o al Juzgado, que son mis productos.

– ?Ay, Dios mio, y que hombre este!

* * *

Plinio, asi que llego al Ayuntamiento, releyo el Lanza y rapido llamo a Argamasilla, cuyo jefe de la G. M. A. (Guardia Municipal de Argamasilla), Garcia, era viejo amigo suyo, ademas de companero y discipulo.

– Oye, perdona la molestia, pero ?has leido el Lanza de esta manana?

– Si.

– ?Y el recuadrete donde dice que en vuestro pueblo ha aparecido un tio dormido y abandonado en la calle?

– Si, la otra manana aparecio uno de los Lopez Altos, el padre de la nuera del que fue alcalde, el ano que vinieron los de la Division Azul.

– Chico, yo no recuerdo tanta ficha, ?que edad tendra?

– Unos sesenta y cinco.

– ?Es el primero?

– ?El primero que?

– El primer dormido que aparece en Argamasilla.

– Si.

– ?Donde estaba echado?

– En el asiento trasero de su coche y parado cerca de la gasolinera.

– ?Entonces lo trajeron en su propio auto?

– Las senas son mortales.

– ?Cuanto tardo en despertarse y donde?

– Lo llevaron a su casa entre unos cuantos y se desperto -segun dicen- unas horas despues, muy extranado de verse en su cama.

– ?Y no sabia de donde lo trajeron?

– Dijo que el, nada mas comer, tomo cafe en un bar y marcho a Tomelloso a hacer no se que y no recuerda mas.

– ?Y el del bar que ha dicho?

– Que si, que se tomo un cafe cortado y que despues se marcho en el coche.

– Perdona, pero ahora voy a hacerte una pregunta un poco tonta…

– Tu diras, Manuel, aunque viniendo de ti nunca sera tonta.

– Gracias, Garcia. ?Recuerdas si llevaba el pelo untado de fijador, brillantina o algo de brillo?

– Que astuto eres, Manuel. La verdad es que yo no cai en la cuenta. Nunca me fijo en los pelos de los hombres. Pero su mujer, si. Y se extrano mucho porque era la primera vez en su vida que le veia lustre en el pelo.

– ?Y se sabe si conto algo mas a los amigos?

– No, no me llego nada. El es hombre muy suyo y de sus cosas.

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