– Bueno, Garcia, muchas gracias por la informacion y ten cuidado no vayan a dejarte dormido por ahi en un remolque.

– O en una moto de esas grandes de ahora, mata-paisanos.

– Motos matapaisanos. Eso esta bien. Lo dire por aqui.

Plinio colgo el telefono, se sacudio la ceniza con aire de suficiencia y salio hacia la calle.

– Bueno, Maleza, vuelvo en seguida.

– De acuerdo, jefe.

* * *

Y con sus pasos calmos echo Plinio camino de la perfumeria de Cornejo… Pero no le duro la pausa, porque al pasar frente a la calle de don Eliseo, mas que oir, noto un vozarron en las costillas espalderas:

– ?Plinio! ?Para el carro!, que te quiero contar «mi circunstancia» de hoy.

Era Braulio, el filosofo, con una camisa gris, los brazos al aire y zaraguelles cenidos, de ciclista.

– ?Que te pasa, Braulio, que tanto manoteas y me has movido el rinon con ese grito?

– Que estoy de parto, ajeno y etereo.

– Explicate, solteron.

– Digo ajeno, porque la que esta en el trance ahi, unas casas mas abajo, es mi cunada Teresa, la hija de Rodero, aquel que decian que tenia el ombligo bizco. ?Lo recuerdas?

– Pero que cosas dices, Braulio, como la Teresa va a parir si jamas se le echo hombre encima y ya no sabe en que almanaque dejo los cincuenta anos.

– Pues para que veas. Ahi la tienes, empunandose la panza, a ver si le sale el heredero… Claro que el medico ha dicho, y por eso he venido yo, Manuel, que debe tratarse de un parto histerico.

– ?Un parto historico? ?Es que van a parir otra vez a dona Maria Guerrero?

– Histerico y no historico, Manuel, que te estas desescolarizando.

– ?Ah, no te habia oido bien!… Vamos, un parto de cabeza.

– Eso es, mental o «local», de loca.

– Jodo, ?pero ella habia tenido alguna otra vez partos de estos, de boca?

– Su hermana dice que si. Que a los cuarenta anos o asi, una tarde, cuando comia uvas sentada en una pedriza, dijo de pronto que habia roto aguas. Y de verdad que se le quedo la braga hecha un charco. Pero parto, parto, como ahora con esos gritos de discoteca, nunca.

– Sera la menopausia.

– Si, la ultima sed de pita que llega a las mujeres, sobre todo virgenes, las deszambomba.

– ?Y que vais a hacer?

– Esperar a ver si se le pasa y se queda vencia . Pero lleva asi desde que se metio la luna.

– ?Y ha venido comadrona y todo?

– Como es amiga y vecina, la hemos llamado y, claro, ha dicho que de parto ni pestana. Que no tiene un dedo de panza, el cono cerradico y como dormido.

– ?Entonces todo es de garganta?

– Histerico total… Si entra alguien en el cuarto se agarra a los barrotes de la cama y empieza a rumbear con la barriga y a dar gritos de victima. Pero asi que nos salimos, ya sin publico oyente, se queda calladica la muy tuna. Para pensar el nombre que le va a poner al vientomesino.

– ?Por que le dices vientomesino?

– Cono, Manuel, como estas hoy de lento, porque debe ser una cria de aire y no sabemos los meses que lleva creyendose asi.

– Anda con Braulio. Siempre igual. ?Y nunca quiso casarse?

– No se si fue ella la que no quiso casarse o que nunca tuvo pretendientes… Cada dia la gente tiene mas imaginacion y se casa menos.

– Ya estas con el matrimonio, tu otra cencerrada, junto a la de los muertos.

– ?Yo, Manuel?… Pues escuche esto que es la primera vez que lo digo… Ya he encontrado mi novia ideal.

– ?Y como se llama?

– Pistola Parabelum,

nada menos.

– Pistola… Ya me extranaba que dijeras algo cuerdo. Y menos a la hora de hablar de tu boda.

– Pues si, me casare, pero no con una mozanca, con los molletes escocios de tanto lavarse en el bidet o como se diga, y con los ojos siempre de par en par de tanto mirarle los cuartos al marido. Me casare, pero con una pistoladel 9 largo Parabelum o con un revolver niquelado, de los que llevaba su antecesor Leon Hormiga, pero bien limpio y cubierto con un trajecillo de gasa, velito blanco y unas florecillas de azahar alrededor de la culata.

– ?Y luego darle un tiro al cura?

– No, a nadie. Un tiro es una forma ronca de decir «si» o «no». -?Ah!

– No, llevarmela a la iglesia debajo del brazo y con mucho mimo, tenerla asi durante toda la ceremonia, acariciandole con el pernio del sobaco la culata y con los dedos enguantados el tubo del canon, mientras toque el organo la marcha nupcial y despues de la ceremonia, de los parabienes y el convite, en un taxi alquilado, con coronas de flores en las ventanillas, llevarmela a casa.

– ?Para tirartela?

– Todavia no. Para atarla al cabecero dorado de la cama, con una cinta muy ancha de seda y tenerla alli todas las noches, hasta que llegado el primer amanecer, en que me encuentre harto de este nublado diario que es la vida, haga por fin el amor con laParabelum, besandole mucho mucho la punta del canon y acariciandole el clitoris negro del gatillo en el momento que me este muriendo de gusto, apretarle y dejarme la montera blandona de los sesos pegada en la viga de aire de mi alcoba… Y en la definitiva puneta, a tantisimo majareta con las cabezas vehementes como culos hay por el mundo… Esa sera una novia de verdad, sobre todo si la tienes con las balas bien limpias, y perfumada, entre los ramillos de azahar.

– Tu, Braulio, tambien dandole siempre a lo del suicidio ideal, pero como en el fondo quieres durar mas que la campana grande, ni te pellizcas la planta del pie mas duro. Y antes de suicidarte serias capaz de acostarte quince o veinte mil amaneceres con cualquier amortajada y con los pelos de la ingle ya almidonados.

– Que no me conoce bien, jefe, que no me entiende. Que entre tia amortajada y esposa viva, me quedo con la de los pelos almidonados, aunque me hiele. Yo ni mujer, ni suegras, ni cunadas, ni na. La pistola metia en el camisoncillo blanco colgado sobre la cama, y a pasearme solo y callado por la habitacion, sin que nadie te de la murga de los cuartos, o de destaparte el ombligo a cada nada.

– Desde luego, Braulio, que hay multitud de tios que con el cerebro mas maganto que tu, llevan anos y anos en Leganes.

– Yo no estoy loco, jefe. Yo es que tengo imaginacion. Imaginacion, esa virtud tan rara en la humanidad. Si, la imaginacion es mas escasa que la picha.

– Hombre, Braulio, pichas hay de todos los tamanos.

– Protesto, jefe. Todas son de dedo mas o menos. No hay picha que puede asomar por el cuello de la camisa, ni por la boca del pantalon. Dedo arriba, dedo abajo, la mayor no excede un puno a la mas chica… Pues si, la imaginacion del bipedo excede en altura menos que su pija. Segurisimo.

– En fin, sigo por donde iba.

– Pero hombre, Manuel, pasa un momentillo a oir a mi parienta quejarse del dano que le hace la nada entre las piernas.

– Voy a la perfumeria de Cornejo a un recado de nada y en seguida vuelvo y la oimos.

– La oimos y la vemos. Mira que como por escepticos nos de un fetazo en el bigote…

– Eres catral. Ahora vuelvo.

– Aqui te espero pensando en mi noviaParabelum.

– Pero no te vayas a poner cachondo.

– Si mis oidos se figuraran el tiro, seguro.

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