* * *

CuandoPlinio llego, Cornejo estaba en la puerta de la tienda.

– ?Esperas a algun viajante?

– No, llevaba cinco minutos sin ver un cliente y sali a tomar un poco el aire.

– Me perdonaras, pero vengo a hacerte una pregunta de marica.

– Habla tranquilo, Manuel, que usted no es sospechoso.

– Oye, los hombres de ahora, cuando se quieren fijar o abrillantar el pelo, como las mujeres antiguas, o los hombres de tango, ?que se echan?

– Hay pocas cosas. Una especie de fijador que le llamanPatrico.

– ?Y el fixol, y la brillantina, y todas aquellas guarrerias pasaron de moda?

– Si.

– ?Y tu tienes algun cliente que te compre muchoPatrico?

– No. No; lo vendo muy de cuando en cuando y a gente muy esparcida.

– ?Y donde se venden ademas estas cosas?

– En las droguerias y algunas farmacias.

– ?Y elPatrico deja el pelo muy aceitoso?

– Un poco.

– Bueno, bueno, pues muchas gracias, Cornejo.

– No hay de que. ?Si quiere usted fijarse un poco?

– Como no sea la piel sobre el craneo…

– Todavia le asoma pelo bajo la gorra.

– Para asomar nada mas, no para abrigarse con el.

Plinio pillo alguna vuelta para no volver a encontrarse con Braulio y su paridora de suspiros.

En la puerta del Ayuntamiento le aguardaba el cabo Maleza.

– ?Que hay, Maleza?

– Dos cosas: Braulio, el filosofo, que vaya usted en seguida a casa de la cunada de su hermano, porque esta pariendo de verdad. Y Garcia, el jefe de los colegas de Argamasilla, que llegara dentro de un rato a traerle unos pelos.

– ?A traerme unos pelos?

– Si, por lo visto se los ha cortao a otro dormido que aparecio despues del que dijoLanza.

– Pues me quedo con los pelos. Aguardo altripudo. ?En que viene?

– Salio en la moto.

– Estoy en el despacho. Son doschupas.

No a las dos chupadas, sino al pito y medio llego Garcia, el jefe de la G. M. A.

– ?Se puede, Manuel?

– ?Que pelos son esos que me ha dicho Maleza que traes?

– ?Me siento?… Pues nada, que se me quedo aquello que me pregunto usted de si el dormido del periodico llevaba pegamento, o lo que fuera, en el pelo. Me dio por ahi. Se lo pregunte al jefe de Manzanares, luego al de Alcazar y al de Almagro, que para algo es usted el mejor policia de la zona castellano-manchega, pero no se habian fijado, hasta que hace un rato me llego noticia de otro dormido, Calabria, que paraba en las afueras del pueblo, ya hacia Cinco Casas. Fui y, claro, lo primero que le mire y tantee fue el pelo. Pero de fijador o brillantina, nada. Fijese, esta duro como el de las viejas antiguas -todavia hay algunas- que se echaban bandolina y se hacian ondas como canales detejao Y para que lo analice bien don Lotario, le corte este flequillo a Calabria.

– Si, pero tan duro, al menos este trozo, mas que un embandolinado parece acartonado. ?Y es que todavia se vende bandolina?

– En Argamasilla me han despistado, pues me han dicho que alli ya nadie vende zaragatona. ?Y que tiene que ver una cosa con otra?, me digo.

– No se… Pero vente conmigo a la farmacia de Menchen, que es amigo mio y le gustan mucho estas historias.

Y sin anadir palabra,Plinio echo a andar llevandose detras al de Argamasilla.

Aunque la farmacia-drogueria de Luis Menchen estaba muy apersonalada, al verlos aparecer se echo hacia ellos.

– Oye, Luis, ?que tiene que ver la bandolina con la zaragatona?

– ?Que cosas tiene usted, Manuel! La bandolina es un cocimiento de semillas de zaragatona que da un liquido mucilaginoso… La gente suele llamar tambien bandolina sin deber a la semilla de zaragatona.

– Y a lo que iba, Luis Menchen, ?la bandolina como la hacian nuestras madres?

– Pues echaban las semillas de zaragatona, que es la que nosotros vendemos todavia, en agua caliente y despues de hervir un poco la tenian veinticuatro horas. Luego la colaban hasta dejar el liquido limpio, y venga de darselo con un cepillo mayor que los dentales para fijarse o alisarse el mono.

La mujer que ayudaba a despachar a Menchen, saco un bote de cristal con las semillas oscuras de zaragatona y le echo unas pocas aPlinio en la mano.

– Lo que pasa es que si a veces se pasaban en la proporcion de zaragatona, la bandolina dejaba el pelo hecho un carton.

– ?Como le ha pasado a este cacho de flequillo? -dijoPlinio ensenando a Menchen el trozo del flequillo del argamasillero dormido.

– Si, senor.

– ?Y todavia se vende bandolina? -preguntoPlinio a la dependienta enlutada.

– Claro.

– ?Pero mucha?

– Mucha no, pero regularcillo, bueno.

– ?Teneis aqui algun cliente o alguna clienta muy fijo y abundon de zaragatona?

Menchen miro a la dependienta.

– Asi, fija, fija y seguida, seguida, no recuerdo.

– Pero hare memoria, jefe, porque si se lleva un buen punao, tiene para rato.

Plinio, despues de darle unas vueltas entre los dedos al jiron de flequillo abandolinado del tripudo, se lo devolvio al guardia tambien tripudo, como alli llaman a los de Argamasilla.

– Toma, que es de tu tierra. Y devuelveselo al dueno.

– El Calabria estaba tan modorro que ni se entero cuando se lo corte y, al fin y al cabo, Tomelloso es el area de los dormidos con el pelo brillante y usted, Manuel, el jefe mayor.

– Pues dices bien, dejamelo para comprobar otros casos. Y tu, Luis y dependencia, estad atentos a ver quien de aqui en adelante se lleva zaragatona con frecuencia y en ciertas cantidades, para decirmelo.

– Ya lo habeis oido -dijo Menchen a la dependencia, que todos estaban embobados con el trozo de flequillo duro.

– Descuide, que no perdere nombre de comprador de zaragatona.

Plinio se dedico el resto de la manana a recorrer las farmacias mas antiguas del pueblo para hacer la recomendacion. Pero encontro que solo vendian zaragatona en las de don Luis, en la que fue de don Gerardo y en la de don Alberto Penades.

– Cuando manana venga don Lotario y se encuentre que estoy haciendo investigaciones sobre la bandolina se va a cuartear de risa. En la historia de los policias del mundo, seguro, fijo, que ninguno anduvo jamas rastreando semejante hierba.

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