aquella oratoria tan salivosa.

– Tu, Antonito, ?conoces alguna con el culo tan alto y carcajero, como dice Manuel?

– Ja, ja, ja. Lo de carcajero me gusta y lo de oratoria salivosa mas. Ya me lo pregunto antes Manuel, aunque no dijo carcajero… Recuerdo varios asi altos y alegres, pero ninguno especialmente… La verdad es que mi optica de las dos canales maestras se va mas a la de debajo del cuello que a la del rinon.

– Optica…, coito, vaya dia -dijoPlinio a don Lotario gesticulando con mucha ayuda de parpados y narices, y siguio:

– Es que, de verdad, parece muy ella la que esta explicando… Mire, ahora senala como si fuera muy alta.

– Desde luego, Manuel, estas obsesionado con el culo ese. ?Como te ha impresionado el ballet del boticario!

– Es verdad, pero es que Salustio lo explico con tales punados y lumbre que me lo ha dejado como fotografia caliente metida en la chinostra.

– Si, senor -dijo don Lotario en voz baja-, esto es un policia. Capaz de identificar a una por su culo, que solo ha oido describir y nunca visto… «Tras las huellas del culo ignorado», podemos llamar entre nosotros este caso.

Despues de risotadas entre toses y humos de cigarro anduvieron unos pasos callados detras de Antonito, que seguia canturreando distraido y con los discos en el plastico.

– Hace anos que no venimos por aqui.

– No tanto, Manuel.

– Pero siempre en actos de servicio, no a arrastrar los uniformes por los colchones.

– Desde luego.

– ?Por donde empezamos, Antonito?

– Por donde usted mande.

– Empezamos por orden. Por la primera, que, si no me equivoco, es laCasa de la Olga.

– De acuerdo. ?Entonces llamo, Manuel? -dijo Antonito arrimandose y con el dedo hacia el timbre.

– Venga, llama.

Al segundo golpe de boton abrio una mujer ya mayor y con cara de pocas visitas.

– ?Esta Olga?

– ?Hombre,Plinio, bien venido a esta santa casa!

– ?Ah!, crei que iba a decir casta casa.

– Pues no crea, don Lotario, que castas y santas aqui no faltan, al menos de medio cuerpo para arriba.

– ?Y solamente se peca con los bajos?

– No se lo creera usted, don Lotario, pero aqui tuvimos bastante tiempo una de Ronda, que antes de empezar a recibir rezaba el rosario entero sin dejarse cuenta… Y otra, a esa yo no la conoci, que despues del acto le echaba al cliente agua bendita en el berbiqui… Sobre la cama tenia la pililla del agua pia.

– Seria con la mejor intencion, para que no enfermase.

– El catalogo de locuras es larguisimo.

– Pero bueno, oye, ?esta Olga o no?

– No, Manuel. Se fue de veraneo con sus sobrinas.

– ?Pero esta aqui alguna de esas del culo majo que tu conoces? -le preguntoPlinio a Antonito en voz baja.

– No se si habra alguna. Solo se donde vive una de las tres que recuerdo.La Rosales…, bueno, y creo que otra. Ya veremos.

– Bueno, entonces vamonos… Hasta mas ver, amiga…

– ?La Rosales es esa que tambien lleva un taxi?

– Si, la tia gana mas con el taxi que con los pelos ajenos.

– Antonito, pues hay que hacer kilometros para ganar tanto en un taxi como con el carino, con la de clientes que hay aqui, paisanos y de los pueblos proximos -dijo don Lotario-. Y hablando de otra cosa, yo no recuerdo, Manuel, que el culo de la taxista que dice aqui Antonito sea muy atractivo, ni ella tan espigada como ha contado el mancebo.

– Ni yo tampoco, pero como aqui, Antonito, dice que esta de muy buen recibir…

– Al menos, a mi gusto.

Echaron a andar.

– De modo que la Olga, de veraneo. Toma del frasco.

– Si, senor veterinario -dijo la encargada de laCasa de la Olga, que se habia quedado con la puerta entreabierta-, todos los trabajadores tenemos derecho a vacaciones pagadas.

– Pagadas, banadas y jodidas.

– Que cosas dice usted, don Lotario. ?A donde va ya la Olga con sus anos?

– Ahi en esa casa estala Rosales -dijo Antonito-. ?Llamo?

– Venga, timbrea.

Avanzaron unos pasos.

– Timbreando…

Salio una muchacha joven:

– ?Sigue aquila Rosales?

– Claro que sigue. Pero en este momento esta ocupada.

Entraron.

– ?La esperamos un rato, jefe?

– Si. Nos sentamos en ese tresillo tan majo y que nos traigan unas cervezas… Pagadas, claro.

– No faltaba mas. Como si quieren un «Voike» de los rojos.

– No, no, cerveza de la blanca.

– ?Has visto, Manuel, que elegante esta esto?, como el recibidor de un parador, con dibujos de don Quijote y Sancho para atraer turistas que vengan buscando lasMaritornes de ahora. Y mira que luces y que suelos mas senoritos.

– Quien nos iba a decir que los cuartillejos del Tomelloso de hace cuarenta anos se iban a convertir en estos elegantes hostales del pito.

Volvio la chica con las cervezas.

– Oye, ?y cuanto cobrais ahora por ocupacion?

– Mil seiscientas pesetas todo incluido, senor veterinario.

– Ya me imagino que no se permitira dejarse nada fuera.

– Oye, ensename alguna habitacion a ver como son ahora los «talleres».

– Con mucho gusto, Manuel. Mire, mire ese de ahi enfrente, que esta ahora vacio.

Se asomaron todos menos Antonito.

– ?Que barbaridad! -alzo la voz don Lotario-. Bidet color rosa, lavabo, tocador, camas de las finas, sin piecero, calefaccion, alfombras…, solo falta aire acondicionado. Me acuerdo cuando en los cuartillejos se lavaba uno en palangana de porcelana llena con agua del botijo, que sostenia ella, puesta de rodillas, a la altura de las ingles de uno.

Los tres, menos Antonito, que se habia sentado con los discos sobre las piernas, dieron una vuelta por todo lo visible de la casa, elogiando las finuras y horteradas, hasta que volvieron a las cervezas, junto al guia.

– Oye,la Rosales tarda mucho en acabar el suministro.

– Depende. Como tiene el cuello tan alto y es tan fortachona a veces acaba pronto. Pocos la aguantan mucho rato. Destruye.

– ?Oye, y tu sabes si ella compra mucha zaragatona para hacer bandolina?

– ?Ella, tan moderna, echandose bandolina? La primera vez que lo oigo. ?Y por que esa pregunta, Manuel? -

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