?Bandolina pura! De nino me acostumbre tanto a tocar y a oler -en lo poco que huele- el pelo embandolinado de mi madre, que ya toda la vida, en vez de brillantina, fijadores o lacas, me arreglo mi pelo con caldo de zaragatona. ?Lo tengo tan caidon! que me molesta borloneandome por la frente y las orejas… Y ademas eso es un homenaje a mi pobrecita madre.
– Hace tantos anos que no he visto a alguien peinado con bandolina, que no la reconocia. Ni crei que todavia la vendiesen.
– Pues si, senor, que de todo lo que fue queda algo en esta vida, hasta boinas coloradas y mujeres con refajo. Y hablando de mujeres, muchas de la tercera y la «cuarta» edad se echan bandolina.
– Pues no me he fijado.
– Si, Manuel, todavia hay mujeres con refajo, pantalones en vez de braga, y zaragatona.
– ?Y que eran los refajos? -pregunto uno de los chicos finos, que se reia mucho cuando hablaba
– ?Ay!, hijo, que te lo explique tu abuela, que yo siempre los vi desde largo. La ropa de la mujer ?es que la odio! -dijo subito, sin poderse contener y dandole una manotada al aire.
Plinio y don Lotario se miraron de reojo.
Y
Todos quedaron en silencio hasta que volvieron a llenar los vasos.
– ?Y asi, de gente de tu edad, conoces a alguien que tambien se eche bandolina en el pelo?
– No, Manuel -dijo con aire suspicaz-, soy el unico tomellosero que se plancha el pelo con bandolina y se perfuma el cuerpo con almizcle.
– Pues no hueles -dijo el mismo chico.
– ?Ay!, hijo, eso hay que olerlo muy de cerca…, muy de cerca para saberlo… Y ademas de echarmelo cuando me bano o me ducho, me lo echo tambien en los pies, que me los suelo lavar mucho, para no aburrirme. Si, chicos, me los lavo en una palanganilla, porque me gusta mucho datilear en el agua caliente. ?Uy, que regustinin! -y lanzo el «regustinin» con un grito tan de tia histerica, que a pesar del vocerio, varios barristas se volvieron a mirarlo, asombrados de que
Tanto que Culocampana, otra vez como arrepentido de su gritillo, pidio otros botellines de cerveza.
Plinio y don Lotario se echaban reojos preocupados y el guardia pidio la cuenta.
– Y ahora, Manuel y la compana, paga el bandolinero, como me llamaba una persona que yo me se.
– No, perdona, pero tenemos una cita. Otro dia sera. Hasta luego…
Nada mas pisar el cemento de la calle, don Lotario empezo a carcajearse.
– ?Ay, Manuel, que mal se te dan los de la acera de enfrente!
– Fatal.
– Tu entre estos no investigas nada. Te pones nerviosete.
– Es verdad.
– Desde luego, ?que tio! Se echa bandolina en el pelo hasta ponerselo como papel de barba, almizcle en no se que partes y
– Pero lo de la bandolina, Manuel, es para no recordar los olores de su madre.
– ?Que cosa mas triste de puro comica!
– ?Y tu, Manuel, crees que este es capaz de dormir a los que aparecen tumbados por ahi? ?Como? ?Para que?
– Desde luego, si fueran como los ninotes que lleva con el, podria dormirlos, aunque no se como ni para que… Pero tios hechos y derechos como los que vimos dormidos, no creo que tengan nada que ver con su bandolina y demas blanduras.
– A lo mejor es que por la nostalgia de su madre quiere hace una revolucion nacional bandolinera y a todo el que puede lo duerme para hacerle participar de la bella bandolina.
– …Y del amizcle y el lavoteo de pies en palangana de agua caliente.
– ?Vaya aperitivo! Y es que asi que se habla con gente que no conoces se te alarga el mundo… para mal.
En toda la tarde no se le fue de la cabeza a
Capitulo V
Plinio ahora, solo en el despacho, miraba por la ventana, abierta por el calor, a pesar de andar ya el sol por detras de los caballetes.
Y miraba a la puerta del Juzgado, como podia mirar a la de la ferreteria de Peinado, cuando vio que llegaban corriendillo un sacristan y el padre Garcia, seguido de tres mujeres lloriqueando y haciendo ausiones muy de tablado. Al llegar el grupo ante la puerta del Juzgado metio
– ?Jefe!
– ?Que pasa, Maleza?
– Que se ha muerto don Manuel, el cura.
– ?Ahora mismo?
– Si, confesando… ?Que le habran dicho?
– ?A quien confesaba?
– A Maria Rosa, la de Ignacio.
– ?Esa tan beatilla y tan hermosa de ojos?
– Esa misma, la que tiene los ojos tan tristes, pero tan hermosos y negros como usted dice.
– Menudo susto se habra llevado la pobre.
– Por lo visto, ella venga decirle pecados y mas pecados y como don Manuel ni suspiraba, se escamo, metio la cara por el ventanillo donde confiesan los machos y lo vio con la cabeza apoyada en el respaldo del confesionario, las manos juntas sobre el pecho y la boca abierta de par en par.
– Se pasaba las tardes que no tenia faena espiritual dando paseillos ahi, en la glorieta. Nunca lo olvidare. Iba y venia bajo los arboles con pasos de reloj, siempre iguales.
– Y con la calva tan gorda y brillante, inclinada, siempre mirando al suelo, como a ver si encontraba algo o en espera de que le cagase un pajaro. ?No va usted a verlo?
– Esperare que pase primero el Juzgado, no vayan a pensarse que me meto donde no me llaman.
– Imaginese usted que lo ha matao la Maria Rosa de un pecadazo que le ha soltao por la rejilla… O como es tan ucedista, que le ha dicho que Suarez ha presentado la dimision, segun me han dicho hace un momento.
– Tambien lo he oido yo… Y podria ser eso. Porque la Maria Rosa un pecadazo… ?Pobrecilla! Esa es de las que duermen con los brazos en cruz por si se le acerca un mosquito perverso.
– Ya salen, jefe. Venga.
Plinio se calo la gorra del uniforme y salieron a la plaza. Debia haber mucha gente dentro de la iglesia, porque entraban personas y personas.
Esperaron a que los del Juzgado cruzaran la plaza. A ver si entraban muy delante de ellos.
Dentro de la iglesia no habia tanta gente como esperaban. Y todos estaban en la nave que da al Pretil, rodeando un confesionario que hay muy cerca de la puerta de aquella parte.
El forense entro casi junto a Plinio. Debia venir del Casino y se adelanto a toda prisa para emparejarse con los
