cosas y por otras, no se vieron hasta el cafe de la siesta.
Cuando llego el veterinario,
– Pues si que lo estais pasando bien.
– Por lo bien que lo vamos a pasar dentro de dos horas -dijo Antonito mirandose el reloj.
– Que esta tarde, a las seis, los tres nos vamos de guarras.
– ?De putas, Manuel?
– Si, senor, de putas con «P» -dijo Antonito saltando mas deprisa.
– ?Pero aficionadas o comerciales?
– Comerciales, comerciales.
– ?Y que vamos a hacer alli?…, que uno no esta ya con animos para esas cosas.
– No se preocupe, don Lotario, que no va a necesitar los animos. Que usted y yo solo vamos a ver si localizamos a esa del culo volador que compra tanta bandolina.
– ?Sabe Antonito quien es?
– Dice que recuerda tres o cuatro culos asi de botadores en aquel barrio. A ver cual de ellas es.
– Es verdad, ?entonces hasta las seis? -dijo el joven.
– A las seis en punto salimos calle Mayor adelante.
Apenas marcho Antonito, se precipito don Lotario con sus manos interrogantes:
– Oye, Manuel, ?por que viene Antonito con nosotros? ?Es que no podemos valemos solos? No entiendo.
– Yo, don Lotario, como usted sabe, nunca fui perito en zorras, y menos ahora, que ya no se los anos que han pasado sin que tengamos algun servicio por aquellos acostaderos, y he pensado que seria bueno que nos guie uno asi, familiarizado con la actual republica del empeine. Y… nadie mejor que Antonito. Se que es un poco especial, pero muy buena persona y me fio de el… Sabe todas las casas que hay, conoce al personal, sabe cuanto se paga por cada trago y puede hablar con ellas de corrido. En fin, el mejor guia, porque esta en esas casas como en la propia.
– Es que como no me dijiste nada…
– Como iba a decirle, si no lo he visto hasta esta manana, que es cuando me he planteado todo este trabajo.
– Es que esta manana, despues de tantos dias fuera se me ha juntado mas que al
– No. Solo le he dicho que por nada importante, quiero saber si hay una culi-alta que se echa bandolina en el pelo.
– ?Y a
– Primero a la puta. Luego nos enteraremos si el marica esta en el pueblo, pues como va y viene tanto a Madrid, y a no se cuantos puti-clubs que tiene por toda la provincia…
– ?Y que hace por ahi?
– Seguro que pleita, no… Voy a telefonear a Maleza para que se de una vuelta por su casa a ver si esta en el pueblo -dijo
Don Lotario pidio su cafe y vaso de agua y empezo a enchacarse, riendose para sus adentros, al imaginarse a el y a
Cuando volvio
– Por cierto, Manuel, que iremos a pie a los prostibulos, porque tengo el coche en el taller.
– Bueno, asi nos damos un paseo higienico y demostramos a todo el pueblo que trabajamos y no estamos aqui siempre echandole bostezos a los arboles.
A las seis menos cuarto llamo Maleza para decir que el pelirrubio del culo metronomo, en efecto, estaba fuera y vendria el jueves lo mas tardar.
– ?Ve usted? Lo que le dije. En Madrid andara.
– ?Deseandole la muerte a todas las mujeres de Espana?
– El sabra.
A las seis menos diez llego Antonito con una funda de plastico bajo el brazo.
– ?Que llevas ahi?
– Discos.
– ?Para dar un concierto?
– No, yo a las chicas les regalo discos. Llevo unos cuantos.
– ?A cambio de la ocupacion?
– No, por amistad y aficion.
– ?Y les gustan los discos?
– Mas que el codillo. Son muy modernos y tienen musica de fondo.
– ?Musica de esa moderna que no se entiende nada?
– ?Ay! don Lotario, que se quedo usted en el maestro Carrero.
– Cada uno es de la musica con que nacio. Es lo mas dificil de quitarse de entre las orejas.
Por la calle Mayor adelante, cada cual con las manos sobre sus rinones, y las de Antonito entre los rinones y los discos, echaron a paso rasero y lenton.
– Dos de los discos que llevo son para una amiga que es muy aficionada a la musica «rock» y se los prometi hace unas siestas.
– ?Y los oye mientras posa?
– ?Ah!, no se. Es una chica estupenda.
Y Antonito, callado, se adelanto unos pasos, ahora con las manos muy metidas en los bolsillos del chandal, los discos bajo el brazo y cara de ir pensando en la amiga.
– ?Amiga de que, Manuel?
– Hombre, ya se lo puede usted imaginar. La gente de estos tiempos es muy especial. Quiero decir muy diferente de nosotros.
– Desde luego. Eso de regalarle discos a las putas en este pueblo no lo ha hecho nadie.
Se adelanto Antonito:
– Ya estamos en el barrio. Aquellos son los cuarteles de ahora -dijo senalando hacia una fila de casas muy parejas, relimpias y apanadas como para veraneantes de secano.
– Anda, casi pegadas a las casas de los gitanos y gitanas, morenas y sin bidets -dijo el veterinario senalando a las casas pobres y mal pintadas, vecinas a los prostibulos.
– Es que -se adelanto
Asi andaban cuando paso ante ellos
– ?Van ustedes por aqui a entrar algun polvo… o a sacarlo para llevarselo a la carcel?
– Anda con Dios, gracioso, que te vas a morir haciendole reir hasta a los notarios.
– Nunca habia oido eso de «sacar un polvo» -dijo Antonito riendose con la boca muy abierta y moviendo mucho los discos.
En esto se abrio la puerta de una de las casas del centro y salieron dos hombres muy barrigones, andando despacio y charlando como de algo que acababa de ocurrirles. El que llevaba la voz en aquel momento, movia mucho las manos trazando curvas de pechos y traseros muy prosperos.
– Manuel -le dio un codazo don Lotario.
– ?Que, Manuel?
– ?No cree usted que ese gordo podria estar hablando de la del culo alto y balonero?
– A culos y a tetas si esta refiriendose, pero tanto como que sea de ese precisamente…
– Es que lo traza con tanta redondez y altitud, que me recuerda el culo carcajero que nos marco Salustio con
