encontrado usted por ahi algun policia perfecto.

– El unico policia redondo que conozco, Manuel, eres tu, ya que te dejas llevar -y siempre llegas- por la ultrarrazon de tus palpitos.

– Ya estamos con los palpitos.

– Los palpitos es cosa de genios y no las ideicas puestas una encima de otra, de los proseros y los listos.

– No te digo, si va a resultar que yo soy un genio. El genio de Tomelloso.

– Exactamente. De Tomelloso y de toda La Mancha. Porque tienes un tercer oido, una segunda nariz y un tercer ojo…

– No siga usted, por favor.

– Sigo porque quiero. Un tercer ojo que no tenemos los demas. Que mas ejemplo que ya vieses que el primer dormido y luego otros llevaban el pelo embandolinado. Los demas, con nuestros ojos normales, no nos dimos cuenta.

– Pues a la vista estaba. Lo que ocurre es que no se paran, y yo si, porque soy muy tranquilo de ojos, y no por los palpitos y esas ocurrencias.

Asi estaban las cosas cuando llamaron en la puerta con los nudillos.

– Adelante.

Y aparecio Salustio, el auxiliar de la farmacia que fue de don Gerardo.

– ?Que pasa, Salustio?

– Que hace un rato me he acordado de dos que compran bastante zaragatona. Y por no ser personas corrientes, he pensado que podian interesarle mas.

– Venga, venga… ?Y compran mucha?

– Ella, que hay un «ella» y un «el», mejor dicho, un medio el, como una vez al mes, y «el medio el» compra mas de luego en luego, aunque tambien «continico».

– ?Quien es ella?

– Una puta para mas senas. Si, una puta guapetona, con el culo muy alto y comparsero, que enloquece al pueblo macho.

– ?Y trabaja en casa publica o por su cuenta?

– Creo que anda en una de esas casas de por el Canal, pero no se en cual, porque yo no las frecuento ni, claro, he preguntado nunca.

– Pero sera ya madurona, si se echa bandolina.

– Pues no creo que llegue a los cuarenta anos y esta como un clavel de carne, con ritmo de mandoneon.

– ?Y se bandolinea ella, te has fijado?

– No me parece. ?Y no la conocen con la buena presencia que tiene?

– No caigo.

– Ni yo.

– Si, hombres, si tiene el culo muyalzao y lo mueve con pedaleos cachondisimos. Cuando pasa por la acera no deja hombre con la cabeza quieta. Todas las gafas van a parar al mismo valle… Ah, y ahora que me acuerdo, ella, cuando la miran, se pone facilona y echa los ojos asi muy derramaos -y la describia Salustio con tal regusto, que ponia los dientes punzones-. Ya lleva tiempo en el pueblo.

– ?Como cuanto?

– Cerca de un ano, desde luego. Y tiene fama, porque con la propaganda que se hace por la calle es de las que tiene mas «ocupaciones», segun dicen.

– ?Y quien le lleva la cuenta?

– No se. Yo lo he oido.

– ?Y viste a estilo antiguo?… Lo digo como compra bandolina.

– No, corriente total. Como todas las mujeres de ahora… Antes habia como el uniforme de puta. Se las distinguia a la legua. Pero ahora, todas con esos pantalones tan cenidos, que deben darles un escozor en las rajas que para que -dijo como para si, distraido.

– ?Y tu que sabes?

– Me lo imagino. Usted vera. Uno es de la epoca de la enagua, que es tanto como decir del Somaten.

– Bueno. ?Y el otro cliente? El «casi hombre».

– Ah, que ya se me habiaolvidao Y ?ay!, que risa. Si, ahora que caigo, tambien culea. Me refiero a ese rubio que llaman Culocampana.

– ?A Lorencete elBaloncesto?, por otro nombre.

– Ese mismo. El que anda culeteando tanto… Pero en serio que le da molletazos a todas las ventanas… Lo deBaloncesto es mas de ahora.

– ?Y se echa el la bandolina?

– Pues mire usted, no me ha llamado la atencion, porque como tiene el pelo tan jaro, de estropajorefinao

La verdad es que tampoco puse atencion, pero asi que vuelva a verlo le echo los parpados.

– Me han dicho que anda por Madrid haciendo calle.

– No se.

– Si, hombre, si nos lo dijeron a los dos. ?No recuerdas, Manuel? «?Mueran las mujeres! ?Abajo los conos!»

– Es verdad. Que hace poco lo vio un paisano por el Paseo de Recoletos, en el momento de gritarle a una senora eso de «?Mueran las mujeres! ?Abajo los conos!

– ?Y ella que hizo?

– ?Pues que iba a hacer, Salustio? Callarse y andar mas deprisa, no fuera a quererle matar de verdad la parte dicha.

– Que raro, llevarse bandolina a Madrid.

– Vaya usted a saber donde se la echa -dijo Salustio riendose de su propia ocurrencia.

– Bueno, Salustio, pues muchas gracias por tus datos. Si te enteras de mas ya sabes donde estoy.

– No faltaba menos, Manuel y compana. Hasta mas ver.

Apenas marcho Salustio, salto Manuel:

– Ya estoy harto de despacho. ?Y si nos vamos a estirar las piernas, don Lotario?

– A estirar las piernas y a tomar un poco el aire, porque Salustio ha dejado el despacho cargado de culos.

– Es verdad -coreo riendose Manuel-, los dos compradores de bandolina que ha dicho hay que identificarlos por el culo… Y a todo esto, don Lotario, nada me ha contado de Alicante.

– Lo que en todos sitios. A la gente solo le gusta hacer lo que repiten los demas. En verano, ensenar las carnes y hacer como que se divierten, aunque esten pisandose unos a otros en la arena y orinandose en la misma ola.

– ?Y todos jugando al bingo?

– Claro, y es que perdiendo, como es seguro que se pierde, la gente disfruta mucho.

– De modo que ?ninguna novedad?

– El invento de los veraneos ha sido un exito, porque da ocasion a la gente a hacer las mismas tonterias, pero de manera muy apretada, con mucho calor, y oportunidad para luego decir que lo han pasado fenomeno en aquella torre horrible de apartamentos, con cientos de televisores encima, puestos en las mismas terrazas… Asi que la gente tuvo mas dinero y la posibilidad de hacer cosas diferentes, va a los mismos sitios, con los mismos coches, y viendo desnudas las mismas miserias.

– Ha venido usted de un caido… Y me recuerda la sinfonia que me solto ayer Braulio sobre la falta de imaginacion de los humanos.

– Es que hay menos hombres con imaginacion que Braulios.

– Eso esta bien. Es lo que viene a decir el, aunque no se mento.

* * *

Como don Lotario estaba cansado por el viaje, acordaron no salir aquella noche y al dia siguiente, por unas

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