seguro que nacen cinco canas por minuto -dijo el panza sin venir a cuento, mientras se tocaba las dos sienes con las manos.
– Y las que salen en otras partes del cuerpo que no se ven -anadio Antonio Pacheco, que acababa de llegar y escuchaba apoyado en su baston.
Sin decir nada, y como si tuviera mucha urgencia en estar con ellos, Rodriguez -don Reprimido Rodriguez, como le llamaba Menchen, el boticario numero cuatro-, vestido majo para la boda, se arrimo a los justicias.
– ?Que cuenta el senor Rodriguez?
– Nada, Lotario, ?que quieres que se pueda contar en esta vida rodeada de nichos por todas partes, menos por la de los panteones?
– Venga, hombre, animate un poquillo, que por algunos lados hay bodas, como bien dice tu traje.
– ?De boda! Despues de traerlo al mundo, el peor engano que puede hacersele a un antropo es casarlo.
– ?Pues que hay de malo en las bodas, Rodriguez?
– ?De malo? Las mujeres, Manuel, las mujeres. Que despues de los sermones es lo mas pesado que puede mentar boca, lo mas acibo que llego al mundo de los hombres. Hombres pesados hay, ya lo creo, pero no todos. Y las mujeres, si. Plomo total. Ni una aligera, asi que las oyes dos horas, incluidas las del acueste -acabo, sentandose, poniendose su cara delgadilla entre las dos manos y mirando al vacio con aquellos ojos negros, grandes y casi lagrimosos que ponia cuando despotricaba contra el mundo. Siempre.
– Hoy le ha
– Manuel -salto Rodriguez sin apartarse de lo suyo ni dejar de mirar hacia la Posada del Rincon-, todo el dia estoy pensando: ?a donde habran ido a parar los vestidos de novia de todas las que se casaron en este pueblo?
– ?Pero desde los tiempos de Aparicio y Quiralte?
– Por lo menos…
– Hombre, Rodriguez, el problema se las trae -dijo el guardia con la barbilla entre dos dedos y los ojos entornados-. ?Verdad, don Lotario?
– Cierto, seguro.
– Debe haber todavia baules y comodas antiguas con trajes de novia de los tiempos de don Pedro Quintin Araque, alguacil mayor de esta villa, entre bolas de la polilla y flores secas.
– ?Y en los camisones de las noches de boda no has pensado, Rodriguez?
– Esas acababan gastandolos, Lotario. Los primeros anos solo se los ponian en los partos o cuando tenian enfermedades bien vistas, como los catarros, pero asi que pasaba el tiempo, se acostaban con ellos todas las noches hasta hacerlos hilas… Deben ser pocas las que guarden los camisones de la noche grande, sin haberles lavado las gotas de sangre del desvirgue oficial.
… Y callo en seco, mientras
Pero Rodriguez, despues de bizquear un momento con aquellos ojazos tan hombrones, siguio premioso:
– Los talones desnudos son las partes mas tristes del cuerpo (mas, incluso, que las criadillas de viejo miradas por detras, en el trance del despatarre)… Pero desde hace algun tiempo ya no pienso en ellos. Ni me los miro en el espejo. Ya no le digo a mi mujer que apague la luz para descalzarse. Ya no sueno con todos los tomelloseros desfilando con los talones en cueros y sucios.
– Pero, Rodriguez, mucha gente se lava.
– No hay talon totalmente limpio, Manuel, ni sin arrugas… Pero ya digo que se me pasan muchas noches sin pensar en ellos.
– Menos mal.
Rodriguez, despues de un minuto de silencio, entro pirado en el casino.
– Ya va a mirarse los talones.
– O las criadillas por detras.
– Que vida esta mas amena ?eh? -le dijo Manolo Perona sonriendo, que en aquel momento llego con la bandeja en el aire.
– Es verdad, Manolo -parleo don Lotario-, esta tarde todo me parece dicho en idioma que no se donde se habla.
– En Tomelloso, don Lotario, en Tomelloso -y siguio haciendo regates con la bandeja.
– El novio no deja de saludar gente -dijo el panza visereandose con la mano.
– Claro, como vive fuera… Si a su abuelo, el que fue tonelero, le llegan a decir que tendria un nieto ingeniero, con uniforme y todo, Manuel.
– Es verdad, don Lotario.
– Con esta calina la gente esta bebiendo mas cerveza que en la feria.
– Pues asi que lleguen los invitados al salon de la boda, rapido van a dejar los vidrios
– Hace mucho tiempo que paso aquella floracion de los uniformes que nos llego aqui al acabar la guerra. Entonces todo el mundo queria ir de color -monologo el panza.
– Ya esta este otra vez con los uniformes ?o no fue el? -dijo don Lotario a
– Ademas de con los talones, sueno muchas noches con orejas grandes -dijo Rodriguez
– Pues vaya dia que llevas hoy -dijo don Lotario volviendose hacia el- de los talones a las orejas.
Perona, que volvia, se carcajeo sin disimulo. Y
– Explicate, por favor. ?Por que solo suenas con los que tienen las orejas grandes y no con los que las tienen normales?
– No se… Y siempre los veo por detras, a contra sol, con las orejas casi transparentes… Como estamos tan acostumbrados a ver orejas no reparamos en lo feas que son, sobre todo las grandes, tan salientes, como retales acrilicos: como paravientos o paraluces de cartulina gorda… Si, muchas mananas, antes de despertarme del todo, veo pasar docenas y docenas de hombres con las orejas de a cuarta, abaniqueando a los projimos; docenas y docenas de mujeres con las orejas larguisimas que se les salen de las melenas y se las meten por el escote.
– Talones amarillos, orejas bajo el sujetador… Que suenos mas cenizos.
– Y otras cosas flojas del hombre que no digo, Manuel, para no evocar mas miserias.
– Pero tu todavia eres joven.
– Si no lo digo precisamente por mi, que todavia amanezco mas ancho de lo que soy, sino por lo que sueno: las flaccideces de los de la cuarta edad, tan dejadas entre la oscuridad de los pantalones… ?Os imaginais las de los Reyes Magos?
– Pero si los Reyes Magos no llevaban pantalones.
– … Peor todavia, badajeando entre las faldas
– ?Que mundo el de este hombre! -salto don Lotario-. Que mundo de muertos tronchados de risas.
– ?Y con las ingles canosas! -salto
Lo dijo tan fuerte, cosa rara en el, que los rodeantes soltaron la risa y se volvieron muchas boinas.
– Y menos mal que se las traga la tierra.
– ?El que, Rodriguez, las orejas o lo otro?
– Las orejas, don Lotario.
– ?Os imaginais, si no fuera asi, las tumbas comunes, llenas de orejas vivas haciendo oido a todo lo que se dice ahora?
– Cuando empezara la boda -dijo don Lotario a
Seguia el calor, ahora con mariposas. Mariposas color zocalo verde, paradas en los bordes de los vasos.
– ?Y que hace todo el mundo mirandose el reloj? -pregunto
– Pues que la boda era a las siete, ya es la media y la novia sin venir.
– Es verdad, Manuel -dijo Rodriguez mirando su reloj-, a lo mejor se ha arrepentido, o que a la hora de poner los talones en la calle a la pobre novia le dio la apretura y estara lavandose las dos medias lunas y las canales
