maestras.
– Desde luego, Rodriguez, eres mas siniestro que la almohadilla morada de un ataud.
– ?Del suyo! Y dejese de siniestreces. A una asturiana comiendo gachas, bebiendo vino de tantos grados y con esta calina que hace sudar los meniques, le puede llegar cualquier flojera.
– Y mejor es que le de el rayo ahora que en plena noche de bodas.
– El novio ya esta nervioso y no escucha a nadie -dijo alguien.
Se pusieron en pie los contertulios de
Desde el borde de la acera miraba el novio hacia la calle de la Independencia, con las manos cruzadas sobre la cola del uniforme.
– A lo mejor la novia, como no conoce el pueblo, se ha perdido y esta en el puerto de Pajares.
– Todos los balcones se han llenado de mujeres.
– Les llego la noticia y salen a medio peinar.
– Sin acabar de darle de mamar a los ninos, que se han quedado con las boquillas al aire.
– Huecas.
– Que mas da.
– Las mujeres tienen mucha antena para cosas de ingles y de altares.
– Como que nuestra religion es la historia de un parto.
– Pero sin romperlo ni mancharlo.
– Las mujeres han hecho el mundo por dentro.
– Los hombres solo hemos sido los albaniles.
– Vivimos en un mundo de conos abiertos soltando bacines…
– … Que siempre lo veran todo desde ahi.
– No tenemos remedio: todos los hombres somos ninos cubiertos de cono -corono la coral
Ahora el cura, con traje de ir a jugar al golf, junto al novio, miraba tambien hacia la calle de la Independencia.
Ramoncito Serrano volvia de junto a la puerta de la iglesia, con visaje de no entender.
– ?Que dicen, Ramon?
– Pues nada, que los Romero, los primos del novio, fueron a ver que pasaba y todavia no han vuelto… Ahora ha ido Benito, el sacristan.
– ?Que raro! A la boda propia es al unico sitio que las mujeres no llegan tarde.
– Lleva razon Manuel -dijo el veterinario.
– Se habra puesto mala.
– … O se habra ido con Pepe
– ?Pepe
– Que este Manolo es muy leido. Se sabe a Lorca y todo -dijo don Lotario.
Llegaban gentes de todos lados con los ojos clavados en la puerta de la parroquia. Gentes con los ojos altos y la boca de gusto.
– Acaba de ir Rosa, la hermana del novio, la que piensa ser monja, a ver. Veras como esa se entera en seguida -dijo una mujer vieja acercandose mucho a
– Yo quiero ver la funcion un poco mas de cerca. ?Te vienes, Manuel? -dijo don Lotario.
Plinio puso cara de aburrida conformidad y se levanto sacudiendose cenizas. Perona no se decidio a alejarse hasta la puerta de la iglesia.
– Ahora
– Yo no las tengo muy grandes, pero las de mi padre eran dos paipais.
– No me acuerdo, Manuel, de las orejas de tu padre… Las mias tambien son grandotas.
Y se las puneo bajo el sombrero.
– Y ademas siempre estan mas frias que el resto del cuerpo.
– Es que
– Pues el en el cerebro debe de tener tempanillos.
– Mas bien gusanos por como lo ve todo.
El novio estaba alli en el mismo borde de la acera anchisima, con la cara de piedra y junto al cura. Los dos mirando hacia la izquierda. La gente se agolpaba tras ellos; y lo que se dice en la misma puerta de la iglesia, solo quedaba un monaguillo metiendose muy distraido el dedo hasta lo mas hondo de las narices; y una mujer con muletas.
El publico de invitados y curiosos, al ver a los justicias, les hizo lado, y hasta les empujaban hacia el novio impar, a ver si sacaban algo en claro. Llegaron al borde de la acera, casi en volandas. El cura les hizo un meneo de ojos muy dubitativo, y el novio ni los saludo, de lo palo que estaba.
– ?Para que cono hemos venido aqui? -pregunto
– … No hemos venido, Manuel, nos han traido… Las orejas del novio tampoco son estrechas.
– Pronto se ha contagiado usted de Rodriguez.
– Es que distrae mucho.
Un grupo de gentes -delante los hombres- subia a buen paso por la calle de la Independencia como a traer nuevas. Pero antes de llegar al Colegio de las Monjas, se les adelanto una moto a todo gas, que pego el frenazo en seco junto a los pies del novio. El que la conducia, que tapado con casco colorado y gafas, no se le conocia, dijo muy deprisa, muy deprisa:
– La novia no esta en la casa, no esta, no esta.
– ?Quien lo ha dicho? -le grito el cura casi increpante.
– Yo. Se ha ido, se ha ido.
Y arranco la moto.
Llegaba el grupo de hombres y mujeres.
– Se ha ido.
– Con el ramo en la mano.
– Dijo que iba al retrete.
– Y no volvio.
– Con el ramo en la mano. Y hasta ahora.
Unos a otros se quitaban las voces con caras y ojos de muchisimo gusto.
– Asi que paso un rato y no salia, fue el padre a ver que pasaba.
– Si le habia dado el colico.
– O a ponerse el pano.
– ?Y no la encontro? -pregunto el cura.
– Volo la asturiana.
– ?Y no faltaba nada?
– Una maleta por lo visto.
– ?Y el coche de ellos?
– No.
– Ni hay ninguna puerta descerrajada, solo la portada del corral abierta.
– Pero estuvo asi toda la tarde.
El novio, muy tieso y muy blanco dentro de lo moreno, mirando a los canalones, no parecia oir nada. Y el cura lo contemplaba con la cara compasiva de su oficio. Luego le hizo un gesto a Plinio para que fuese a la casa donde estuvo la novia, a ver que pasaba de cierto.
Plinio se rasco el cuello con mano de duda, pero el novio lo animo con un codazo.
