membrillo aromatico, era muy cuidadosa, tenia tiempo de sobra y se distraia en infinitas labores domesticas.

– Yo misma puedo hacerlo.

– No te molestes, se lo hara Vitorina encantada.

Olvido se quedo escuchando la conversacion al otro lado de la puerta, urbanidad y conducta, notable, las monjas ponian las notas por rutina, no se entero del encargo, pero el instinto espoleo su curiosidad, palpitaba en los pulsos como si tuviera fiebre.

– Un sobrecito de okal.

Don Angel despacho el analgesico y se sorprendio al ver entrar en la farmacia al Ingles, un extranjero natural de Glasgow.

– Caramba, mister White, no estara enfermo con esa buena pinta que tiene, ?eh?

– Vengo por un producto, no por medicinas, ?como se dice?, ?nitrato de amoniaco?

– Amonico. Nitrato amonico.

– Exacto, nitrato amonico, ?tiene?

William White hablaba un castellano fluido y bastante amplio aunque con mucho acento sajon. Lo de sajon lo decia el boticario que, a pesar de ser germanofilo, le tenia en gran estima por ser hombre culto con el que mantenia largas charlas cuando coincidian en el cafe del Macurro. Era la primera vez que entraba en su establecimiento.

– ?Para fabricar explosivos?

– No, my God.

– Es broma, es que con la fiebre minera ya sabe, lo mezclan con gasoil y se ahorran la dinamita.

– Abono, para abonar la huerta y el jardin, con el amonico salen unas hortensias azules fantasticas.

El Ingles sabia mucho de agricultura, aparecio en Cacabelos pocos meses antes y compro una finca en la margen izquierda del rio, hacia Carracedo, una buena tierra mal explotada, al firmar el talon de la compra con sus iniciales le dijo el director del banco, para hacerse el simpatico, es usted un hombre de suerte, su nombre es capicua, doble uve doble, habia firmado «W. W.». No, soy un hombre de suerte por la compra, he dado media vuelta al mundo hasta encontrar una tierra como esta, frase que le gano las simpatias del pueblo.

– Aqui tiene, ?algo mas?

– Voy a tener que subir a la pena, me han encargado un estudio geologico.

No es que fuera muy explicito lo del encargo, pero nunca se habia referido a nada suyo personal y don Angel se volvio a sorprender, sus charlas de cafe tendian a lo metafisico.

– Caramba, sabe usted de todo.

– Soy edafologo, se del suelo y poco mas. Es un encargo que me complica la vida. Necesito un ayudante, ?no conocera a alguien?

– Hay cientos en busca de trabajo.

– Joven y de confianza. Habia pensado en su joven protegido, ?que le parece?

Un dia de sorpresas, si, senor, eso era pasar del arcano a la confidencia. El farmaceutico recordo algo, pero sobre todo hizo el parentesis para ganar tiempo y reflexionar.

– Me permite, por favor, tengo que hacer una llamada.

Dalia, la Corina, la telefonista, le puso con Villafranca y pulso el interruptor, le gustaba oir ciertas conversaciones, pero se privaba de las de don Angel desde que este, dandole en vez de un analgesico para el dolor de cabeza unas pildoras de purgante aloico que la clavaron en la taza del retrete dos dias seguidos y no se la llevo el desgaste de milagro, le dio a entender que no estaba bien aplicar el oido a lo que no la incumbia.

Dositea afirmaba con movimientos de cabeza y tomaba mentalmente nota de las instrucciones con relacion a la ropa de caballero pasando por alto el retintin con que el pronunciaba lo de caballero.

– …cosas practicas para el invierno, ahora con una camisa va que chuta, pero en cuanto llegue el frio se pela, le haces un paquete y se lo mandas a Quilos, total, a ti no te sirven de nada, ?verdad?

Un recordatorio cruel a la ausencia del marido del que se arrepintio de inmediato, queria decir que tenian que ayudarse unos a otros, no eran tiempos de abundancia y si a uno le sobra y a otro le falta lo mejor es un empate. Se despidio de su prima y volvio al tema del Ingles.

– Es un chico voluntarioso e inteligente.

– Hermosas virtudes, pero yo pregunto si es honrado, tendre que depositar en el mi confianza.

Cuando la miseria galopa sin freno y el problema es la subsistencia fisica, tener confianza en un amigo, en un socio, en un sirviente, es algo que no garantiza ni el certificado de buena conducta.

– Si, es de confianza.

– ?Le importa que le haga la oferta de empleo?

– Al contrario, y no sabe lo que me alegraria que llegasen a un acuerdo, lo malo es que tambien a el le ha entrado la fiebre del wolfram.

– Intentare convencerle.

– Ojala lo consiga.

No estaria nada mal que Jose aprendiera un oficio y al mismo tiempo se alejara de la dichosa pena del Seo, penso don Angel, aunque ya es mayor de edad y dueno de su destino, no se le ocurrira a esa insensata mandar a la nina con el paquete a Quilos, no me gusto nada su forma de mirarla en plan chivo agonico y enamorado, lo que nos faltaba, con lo del Ingles se me paso advertirla.

Olvido iba en la camioneta de Turo con el bulto en el regazo, acariciando el papel de estraza, sumida en la angustia de ojala este en casa pero mejor que no este, que verguenza, me lo va a notar; nerviosa, creia que los pasajeros estaban pendientes de su menor gesto y preguntandose por el contenido del envoltorio, en un anuncio, «aceite ingles, ya sabes para lo que es», no lo sabia, soy una descarada pero no me atrevere a mirarle a los ojos, tienen un algo especial, mucho menos a decirle ven conmigo como en los suenos, decian que Enedina, la Bruxa, preparaba unos polvos de venteconmigo a base de lagrimas de mochuelo y pelo del ser amado, pero quien consigue el pelo, Virgen de la Quinta Angustia, que palpitaciones, en otro anuncio, «madre, criando a tu hijo al pecho cumples un sagrado deber y le evitas grandes peligros», le crecian por momentos o era su agitada respiracion lo que provocaba el sofoco de, de algo que no se lo diria ni a su mejor amiga, y menudo trago el confesarse con don Sergio, se habia masturbado pensando en el, puede que se le pasara con un cilicio.

El coche la dejo en el cruce de la nacional VI, en el mojon 405, marcho a pie entre vinas bien sulfatadas y manzanos mal podados, el sofoco, lo que fuera, altero el sentido de lo que estaba haciendo, trato de calmarse, cumplia un recado mas, en la puerta de la Gallarda estaba Vitorina, esperandola, alargo la pesada caja sujeta con bramantes a la mujer de luto, seria de la misma edad que su madre, pero parecia mucho mas vieja que Dositea, mas castigada por la huerta, el campo, los hombres, mas morena de sol y arrugada de soponcios, pero no menos carinosa.

– ?Que haces ahi como un pasmarote, Olvidin? Anda, entra

Imposible, si esta dentro me muero y si esta y no entro tambien, no puede ser, pero si desprecio su invitacion se sentira ofendida y no se lo merece, algo hocicaba entre sus pechos forcejeando por salir a la superficie, un animalillo temeroso, sintio el aranazo de sus patitas cuando se decidio a entrar, no sabria decir si fue amable o no, lo intento con trivialidades de «?que tal estas?» y similares, Vitorina si lo fue de veras, «toma, le llevas estas cerezas a tu senora madre, que muchas gracias por la ropa, que no debia haberse molestado», puede que ni devolviera las gracias, tan grande era su decepcion, no se vislumbraba alma alguna del sexo opuesto en toda la casa, se despidio con un sobrio «adios», para eso tanta molestia, tan ponerse en

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