– Listo, ahora se por que dicen que los de Quilos corren por dos.
– Valen.
– De momento corren.
– Esta destrozado, ?que hacemos?
Sangraba como un cocho en la masera, puede que tuviera los huesos astillados, lo mas espectacular era el craneo, rajas de sandia.
– De momento taponarle o se le acaban los cinco litros.
Jovino metio las gasas por las heridas con la misma delicadeza con que se estopa una cuba, la seguridad de sus movimientos inspiraba confianza.
– Ya vuelve en si.
– ?Dios! ?La madre que pario a Cristo!
– No blasfemes, cono.
No se por que lo dije, mis relaciones con la Iglesia distaban de ser cordiales, recorde el rotulo de un bar en Rubielos de la Mora, «prohibido blasfemar sin motivo», y le di la razon, aquel hombre tenia un buen motivo, no le iba a perjudicar el desahogo.
– Me voy a cagar en lo mas barrido, me estoy muriendo.
– Por mi no te prives, chilla.
– ?Como esta?
Lo pregunto alguien, se habian arremolinado en olor de multitud solidaria, lo que ocurre es que en los accidentes, como en las pistas de baile, a nadie le gusta ser el primero, pero cuando sale la primera pareja entonces si, hala, al barullo, se presento como cunado y se responsabilizo del traslado a casa del medico mas proximo.
– A Villafranca, al doctor Vega, en la calle del Agua.
– Te acompano.
– Quedate -me detuvo Jovino-, tenemos que hacer planes, socio.
– Cuentas.
– Y mas cosas.
Me hubiera gustado acompanarle por si el azar me cruzaba con Olvido, a menudo nos avergonzariamos de nuestras mejores acciones si se adivinara el motivo que las origina, pero esta vez no, habia obrado con una espontaneidad desinteresada, la misma que me impulso a aceptarle como companero de fatigas, de futuros esfuerzos, confiaba en el genero humano, uno de los frutos enganosos del amor, me quede con el y deje al cunado y a los de su cuadrilla, la de Paramo de Orbigo, encargarse del traslado.
– Una caballeria, por favor.
– Te la alquilo -se disculpo el buhonero-, de algo hay que vivir.
– Venga, arriba.
Le cabalgaron entre ayes y blasfemias curiosamente eufemisticas.
– Me cago en Diogenes, me muero.
Se les iba a despiezar por el camino, para evitarlo en lo posible le ataron a la espalda dos lenos de galleiro, «me cago en Cristobal Colon», despues supimos que el tipo se habia salvado, eso si, cojitranco y afasico, todo un logro, segun el doctor, primo de dona Dositea, por el sentido comun de la cura de urgencia, mas fama para Jovino; me cogio del hombro liberandome de los curiosos.
– Vamos a casa de los Perrachica, es una buena fonda, alli podemos hablar tranquilamente.
Capitulo 8
El Ingles, cuando termino de instalar su villa en el camino de Carracedo, no pudo evitar la reflexion contra la que tanto le habian prevenido. ?Que siente una persona cuando cae en la cuenta de que le han metamorfoseado en espia? Lo mas sensato era no pensar en nada, tenia las suficientes obligaciones para que el ejercicio mental no resultara imposible, en tiempo de guerra las preguntas trascendentales de ?quien soy?, ?que quiero hacer de mi vida?, se degradan a un plano mas ramplon e inmediato porque no se trata de hacer algo de la vida de uno, sino de conseguir algo con dicha vida, cumplir un objetivo, le habian especificado uno muy concreto en la batalla del wolfram y lo iba a cumplir, punto, era un patriota, ni siquiera se haria la pregunta mas terrible y constante que se plantea en un conflicto belico, ?como terminara?, punto, no pensar en nada salvo en mantener su doble personalidad, si ganamos sere un heroe, si perdemos un traidor, la accion ayuda, la de apoderarse de la nueva fuente aparecida en la pena del Seo, por dinero que no quede, por astucia tampoco, las minas de la Cabrera estaban ya en poder de los alemanes, los yacimientos de la pena deberia contratarlos el, repaso la historia una vez mas, hablaba espanol con acento del sur, sus experiencias en la peninsula Iberica habian comenzado muchos anos antes, en una obra de ingenieria civil, en el tinglado metalico del puerto de Almeria, de ahi el acento, despues con las minas, el estano de Galicia, el ultimo merodeo le ubico en el Bierzo y ahora, en tiempo de guerra, sus conocimientos habian adquirido un valor estrategico, el desenlace, el fallecimiento de muerte natural, estaba por inventar, lo mas dificil e ingrato de la operacion era asumir la nueva biografia del falso William White, tenia gracia la casualidad capicua de la doble W, simbolo quimico del wolframio, todo sirve y la firma era una clave, W. W., muy importante, W., lo hay, Bill, ni rastro, una suerte que no tuviera hijos, la esposa, Maude, era bella como una artista de cine, de cara ovalada y larga melena rubia, contemplo la foto que presidia su escritorio, no pensar en la familia, Maude se quedo en su ciudad natal, en Chester, antigua fortaleza romana sobre el rio Dee, no vuelvas de vacaciones, es peligroso, los submarinos, etc., en el quince de la tipica Watergate Street Rows, el corazon comercial de casas estilo tudor con aspecto de pulcras casas de juguete, alli a nadie se le ocurriria envolver el pan con papel de periodico y mucho menos tirar el envoltorio a la calle, las murallas de la
