llevo Jovino susurrandome al oido, «son los alemanes de Casayo, los de la Cabrera», eran dos compartiendo la juerga alcoholica con otra pareja de espanoles, patriotismo, grado intermedio entre la exaltacion de la amistad y la autoconmiseracion, los primeros alemanes que veia en carne y hueso, los anteriores los habia oido volar con sus Messerschmitt 109 sobre mi cabeza en el frente del norte, no eran santo de mi devocion por mas que al haber tenido la suerte de no morirme no se generalizo mi odio a su raza entera, era tan solo un odio muy selectivo al arquetipo, los patriotas se enzarzaron como no era menos de esperar.
– Viva Hitler y viva Alemania.
– Y tambien viva Espana.
– Arriba Espana, querras decir.
– Pues eso, por Castilla y por Leon, America descubrio Colon.
– Di arriba Espana.
– Leon sin Castilla, que maravilla.
– Di arriba Espana, leche.
– Viva el Bierzo libre.
– Di arriba Espana, dejate de berzas y liebres.
– Sin faltar, inculto, el Bierzo ya fue libre, una provincia independiente, ?a que no lo sabias?
– Si, hombre, cuando las ranas criaban pelo.
– Cuando Canovas.
– Cuando las Cortes de Cadiz, ?que te apuestas?
– La ronda.
– Que lo diga Schneuber que lo sabe todo. A ver. Tu, cabeza cuadrada, ?cuando fue el Bierzo provincia, cuando lo de Cadiz o lo de Canovas?
Me dejo de piedra el que se lo preguntara al aleman, no se por que les seguia tan atentamente la estropajosa conversacion, con dos anises yo tambien estaba cocido, el tal Schneuber era el arquetipo germanico que solia aparecer en las portadas del
– Cuando las Cortes de Cadiz.
Me levante furioso.
– Me cago en tu sombra, desgracias, ?que sabes tu de eso?
Pesaria el doble que yo pero le iba a sacudir en un muy noble combate aereo, sin sus Heinkel, Messerschmitt, Stukas o lo que fueran, se quedan en nada, una mano poderosa me hizo aterrizar de golpe sobre la silla.
– Vamos, Ausencio, atiende como es debido a la senorita.
Desaparecio el aleman, la Faraona se habia sentado con nosotros, su belleza me deslumbro, me hizo entornar los parpados, pero estaba lanzado, asi es que venci mi timidez y pise a fondo el acelerador, ahora o nunca, de forma autonoma mi mano se apoyo en su muslo y ascendio por la hendida falda hasta el limite rosa del liguero, me sonrio displicente y acogedora a la vez.
– Hasta ahi llego la mano del duque en la primavera de mil novecientos.
– No se que comes para estar tan buena, Faraona, me tienes que desvirgar esta noche.
Revele la confidencia sin darme cuenta, sin pensar en Olvido, y enmascarando el rubor con la euforia alcoholica.
– Ya no existen virgos, carino, lo tuyo es un mal de amores, celos si no me equivoco.
– Te equivocas, pero no importa. Tengo dinero.
Saque una muestra de wolfram, un trozo de azabache pulido sin macula de cuarzo alguno y golpee con el sobre el velador de marmol, tintinearon las copas y los ojos aritmeticos de la Faraona.
– ?Cuanto mas tienes?
– Toneladas.
Jovino se enfurecio.
– Trae aca, imbecil. Esta noche Carmina es para mi.
– Dejalo en la mesa, encanto, vale por todas las consumiciones a que me inviteis.
– Champan, lo que quieras. ?Vendras conmigo?
– ?Y que hacemos con el chico?
Me volvio a sonreir con el gesto melodico que obsesiona a un hombre por una mujer, se inclino sobre mi, un beso en la mejilla, hipnotizado senti su mano acariciandome los testiculos, explotaron como globos acariciados por un erizo y me corri con una eyaculacion torrencial que me dejo clavado en el sitio, otra vez no, por favor, trate de disimular la catastrofe con una servilleta, la mataria por descubrirme, lo dijo como quien comenta una gracia de un sobrinito en la fiesta de cumpleanos.
– Esto es corrida y no las de Arruza, para ser virgo no esta nada mal.
Jovino se puso impertinente.
– Faraona, dejate de leches, dime el precio y vamonos a la cama.
– Grosero.
Entonces se armo la marimorena, medio borracho y obsesionado por no quedar otra vez en evidencia, limpiandome con torpe disimulo, no adverti la llegada de Schneuber en plan quijote.
– Es usted un grosero, disculpese con la senorita.
– Te voy a partir la cara, listo.
Sobre mi cabeza discutian los dos energumenos, me figure a la bailarina del biceps de Jovino forcejeando por reventar la manga de la chaqueta, entre su pelambrera negra adivine el reflejo aluminico de un mechon de canas y me parecio el rayo de la violencia a punto de descargar sobre la rubia cabellera del otro, no menos corpulento, un revuelo de curiosos, el otro rubito trataba de calmar a su compatriota, era muy diferente, menudo, de cara palida con gafas redondas y sobrio, a nuestro alrededor las mozas de alterne alzaron sus faldas y sirvieron bebidas para evitar lo inevitable, no me enteraba del argumento, la Faraona contandome historias imposibles de descifrar, «los dos borrados de mi carnet de baile, podias haber sido tu, pero no estas en las mejores condiciones, reservate para tu chavala y no te guardes la piedra, que te he visto», pupilas de mirada nocturna devoradora de hombres, te equivocas, empunaba el wolfram por ser el arma que tenia mas a mano, el aleman no iba a salir integro de la refriega, empezaron los golpes y entonces la Faraona cambio de tactica, sabia en estrategias de urgencia, se puso a cantar.
La ovacion sono seca y corta como un tiro, puede que el halago a la patria chica hubiera tenido exito en su objetivo de calmar los animos, pero lo que sono entre los aplausos como un tiro fue un disparo autentico, segun los expertos de pistola maricona, un Derringer o similar, crecio el tumulto, de la timba de don Jose Carlos Arias salian los jugadores chorreando un sudor de asombro muy proximo al del miedo.
– ?Que ha sido eso?
– ?Alli!
De la calle entraba don Custodio, propietario de Mantecadas Custodio, S. A., de Astorga, sujetandose en vano la rosa roja del pecho y con un susurro en la boca.
– Por poco me mata…
Cayo cuan largo era.
– Hay que avisar a la ambulancia.
