Los contertulios de Perrachica se fueron retirando a la palloza contigua que hacia las veces de dormitorio colectivo, las colchonetas, rellenas con hojas de maiz, sonaban como maracas con las vueltas de los insomnes, pero los cuerpos estaban demasiado fatigados, no los afectaba el ruido, la humedad, ni siquiera la insistencia de las pulgas, alguien roncaba en una esquina, en la opuesta un hincha repasaba las paredes del cenobio, equipos de futbol publicados en Marca, diario grafico de los deportes, la Cultural Leonesa, el Cristo Olimpico y a pagina doble el Atletico de Bilbao.

– ?Quien ganara la Liga?

Antes de retirarse, Jovino se intereso por la amputacion de Ricardo Garcia Gallardo.

– ?Que tal va eso?

– Mejor, pero no me atrevo a quitarme el calcetin, no vaya a sangrar de nuevo.

Un caso mas que de mala suerte de inexperiencia, con un tercio de cartucho en la mano, lo justo para meter el detonador, y le exploto por confiarse, por encender la mecha antes de tiempo, no fue en una voladura de rocas sino en el rio, en Villadepalos, por pescar truchas con tan expeditivo sistema, junto a lo de Mayorga el viejo, el herrero, el que le atendio, si vas al medico la liamos todos, que de donde sacaste la dinamita, que si tal y cual y buena se arma, trae aca, por encima de la muneca le colgaban flecos de carne y tendones chorreando sangre, eres un estupido, le increpo Ausencio, pero ayudo en la cura, no en vano eran hermanos de leche, Mayorga, con unas tijeras, le aseo el munon, tapono el chorro con una caja entera de gasas y sujeto el aposito con un calcetin de color rojo, Ricardo blasfemo como un valiente y tuvo el gesto olimpico de despreciar el unico resto de su izquierda, el pulgar que alguien localizo en una mata de ortigas a mas de treinta metros, lo tiro al Sil.

– Para lo que me va a servir.

Jovino le dio unas palmadas de consuelo en el hombro.

– Bah, no te preocupes, dentro de un mes ni te acuerdas, como si hubieras nacido manco. Buenas noches.

– Buenas las tuyas, carota.

Las noches de Jovino eran el rumor picante de la fonda de los Pousada, no dormia en la palloza y las malas lenguas rumoreaban que se acostaba con la Prisca, las mismas lenguas viperinas tambien decian que Eloy se acostaba con Celia, y las mas sabias juraban por los clavos de Cristo que los cuatro hacian cama redonda en la unica cama con jergon que habia en la casa.

Capitulo 11

Hay decisiones de las que uno se arrepiente nada mas tomarlas, no me referia a la propuesta de mister White sino a lo de aceptar enchiquerarme en el cubiculo bajo la escalera, senti una claustrofobia agonica, la mecanica de sus pequenas dimensiones y la moral de sentirme otra vez preso me agobiaba, el haber cedido mi voluntad soberana y quedar en manos de otro, disponible, a resultas de una gestion en la que yo no podia intervenir, un bochorno humedo me hacia sudar como en un bano turco sin las molestias de los maricones que, segun dicen, pululan por esos sitios, minimo consuelo, me desabroche la camisa y me despoje de las sandalias, las del innombrable, un numero mayor del que me correspondia, las cucarachas nada me iban a hacer, las deje deambular sin retirar los pies, las pisadas en el cuarto de arriba, diferenciaba las ritmicas, duenas de si misma en el papel de ama de casa, de Angustias, y las descompensadas de Angel hijo, su defecto fisico acentuado por el continuo cabreo, no sonaron las de Nice, estaria ya en la cama, me imagine el panico que generarian las pisadas, escalon a escalon, de los que en su dia buscaran al topo refugiado en la zahurda en que yo me encontraba ahora, diminuto hueco bajo las escaleras, de puerta disimulada con el mismo papel de la pared de la rebotica y el hacinamiento de bartulos medicamentosos, mas de uno habia salvado alli el pellejo a pesar de sus ideas politicas contrarias a las del farmaceutico, cabia justo una silla para estar comodamente sentado, ?cuanto tiempo?, una hora, quiza mas, pero imaginarme alli dentro dias y dias sin ni siquiera poderme poner en pie era una tortura de checa, no se por que habia aceptado, como siempre por la autoridad moral de don Angel, «metete ahi, ya me deshare de ellos», una decision rapida pues estaban encima, casi sin tiempo para instalarme en el refugio carcelario y sono la campanilla de la farmacia, pasaron directamente a la rebotica y por la rendija del mal ajuste de la portezuela los vi, ojala no se advirtiera la grieta desde el exterior, sin luz imposible, me tranquilice, de las dos personas inquisitoriales reconoci a una, la que no hablaba.

– ?Traen orden de registro?

– Si se opone lo hare constar en el acta como agravante, obstruccionismo a una simple inspeccion ocular.

– Lo decia por cubrir las formas, pasen.

Las malas decisiones se encadenan como las cerezas y los besos, y es la buena intencion lo que las hace irreversibles, me habian correspondido cerca de cien kilos de wolfram, con los gastos, perdidas y robos del trasiego me quedaban menos, alrededor de cincuenta, una pequena fortuna, un regalo que nivelaria los compromisos economicos adquiridos por mi familia, de alguna forma tenia que llamarla, lo cargue en un saco de arpillera a modo de alforja sobre el mulo de los Mayorga, sobre el saco el aparejo de verdad y dos fardos de esparto para el disimulo, dudaba si venderlo yo mismo y hacer la entrega en metalico o si no seria mas espectacular el hacer la entrega en especie, algo vistoso y puede que mas efectivo para el pues tendria mejores contactos, en la duda me llego el soplo de la redada, los de la Fiscalia estaban peinando la zona, me decidi por la entrega en especie, por la rapidez, de noche la cabalgadura aquella llamaba mas la atencion que un faro en la costa, una imagen obsesiva, no conocia el mar salvo en pelicula, y en mis suenos de grandeza se incluia invariablemente un verano en La Coruna, descargue el saco bajo el letrero gigante de «BOTICA», al pulsar el timbre me vino a la mente, una vez mas, la toquillita azul, una vez mas seguia esperando a que se abriera la generosa puerta aunque en esta ocasion el dadivoso seria yo, me ilusionaba la idea. Abrio don Angel y me hizo pasar con cierta alarma en su voz.

– Pero ?que es esto?

Entendi su pregunta, delicadeza y sorpresa le habia desviado el para quien.

– Para usted. Bueno, la mitad para Vitorina y la otra mitad para usted.

– No digas tonterias, Ausencio, la mitad de Vitorina me parece correcta, pero la otra es tuya, tu la has encontrado y te pertenece.

– Me gustaria compensarle de alguna forma.

– No me debes nada.

– Estoy nervioso y no me expreso bien, no quiero pagarle ninguna deuda, quiero hacerle un regalo, nunca he podido regalarle nada.

– Es mucho dinero lo que hay ahi.

– Nunca es demasiado.

Lo estaba haciendo fatal, terminaria ofendiendole, si lo tomaba por un prestamo vergonzante o un favor estaba perdido, los favores no se perdonan jamas, por suerte y desgracia nos interrumpio Gelon.

– Vienen hacia aqui.

No hizo falta que explicitara el caracter de la inminente visita.

– A ver, echa las piedras en ese bocoy, hijo.

– ?Y yo? ?Que hago?

– Metete ahi, ya me deshare de ellos.

Me escondi en el refugio bajo la escalera, contra su puerta apoyaron el bocoy flanqueado por dos grandes envases de carton, los del bicarbonato y el acido salicilico, al salicilico, de chavales, le llamabamos el polvo pica-pica, lo espolvoreabamos en clase y todos a estornudar y rascar, me acordaba muy bien de su empleo, un gramo por cada kilo de tomate en conserva, lo tenia justo bajo la rendija y solo me faltaba eso, el estornudar, procure contener la respiracion, cualquier movimiento en falso podia delatarme, reconoci al numero de la Benemerita, Jacinto, buena persona a pesar del tricornio, el otro ni de vista, seria el inspector de tasas o

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