No tenia ganas de cosas frias y dulces, sino de algo fuerte, asi que pedi un whisky.

«?Estas segura?», me pregunto. Y por fin sonrio de nuevo.

Hacia muchos meses que no tomaba bebidas fuertes. No habia cenado todavia y el estomago empezo a arderme desde los primeros sorbos. El vaso me parecia pequeno; asi que, en cuanto lo acabe, pedi otro.

Franco cogio mi mano entre las suyas, tenia dedos alargados, fuertes y suaves, calientes. Acerco sus labios a mi oido, susurrando: «?Tienes algo que olvidar?»

A nuestra espalda crecia un jazminero. Las flores se habian abierto y el olor era tan fuerte que daba nauseas. Frente a nosotros habia un grupo de chicos en moto, alguno fumaba, otros lamian el helado sentados a horcajadas en los sillines.

Antes de hablar, la mirada se me perdio en un punto oscuro de la noche. Despues abri la boca y empece: «Mi madre no era profesora de latin, sino puta. Murio atropellada junto a una hoguera en la circunvalacion…»

Aquella noche deberia haber sentido dentro de mi la ligereza que sigue a las grandes empresas. En el fondo, por primera vez en mi vida, me habia librado de un peso. Incluso del peso. Tendria que haberme hundido en un sueno felizmente ininterrumpido. Por el contrario, en cuanto apague la luz, la angustia empezo a devorarme. ?Por que habia hablado? ?Para sentirme mas protegida? ?O porque pensaba que estaria mas protegida? ?Por que razon ahora me sentia amenazada?

Aunque no tenia el coraje de admitirlo, en algun lugar de mi, profundisimo, ya estaba surgiendo el arrepentimiento. ?Como se me habia ocurrido contar mi secreto? Aquel secreto era el motor de mi fuerza, la voluntad furiosa que me permitia no encarinarme con nadie y superar cualquier obstaculo. Ahora aquel secreto era algo conocido, lo sabia otra persona que podia ir por ahi contandoselo a todos. Quiza el mismo Franco ya habia empezado a despreciarme. Al dia siguiente, al encontrarme en la cocina, ni siquiera levantaria la vista para saludarme.

En el recuadro del tragaluz habian aparecido nubes pesadas y blanquecinas. Corrian veloces y en pocos minutos cubrieron la luna y las estrellas. Manana llueve, pense, y de repente comprendi. El amor es darse al otro sin posibilidad de defenderse.

VII

Faltaba menos de un mes para mi examen de selectividad. En la mesa discutiamos sobre lo que haria despues. La senora Giulia y Franco no eran contrarios a que siguiera estudiando. Annalisa iba por la manana al colegio y yo me quedaba completamente libre.

Con pesar habia descartado la arquitectura porque no entendia las matematicas. La indecision era entre filologia y filosofia.

La senora Giulia insistia en la primera hipotesis. «Si sabes lenguas», decia, «puedes trabajar en muchos campos diferentes y ademas puedes moverte, viajar».

Pero Franco era partidario de la filosofia. «Seria una verdadera lastima desperdiciar una cabeza como la tuya…» Segun el, en las aulas de filosofia encontraria mi realizacion porque me gustaba especular sobre los maximos sistemas y lo sabia hacer con una falta de prejuicios que era raro encontrar en una persona tan joven.

A Franco le encantaba este aspecto de mi caracter. Para que me quisiera mas, yo habia aprendido a acentuarlo. Le pedia prestados libros de filosofia. En vez de estudiar, pasaba el tiempo leyendolos y por la noche nos quedabamos levantados hasta tarde, discutiendo.

«Has tenido el gran privilegio», me dijo un dia, «de crecer sin amor. Por eso, desde el principio, has podido ser libre. Miras las cosas y las ves como son. No tienes necesidad de construir extranas teorias».

«El amor es una sustancia toxica», solia repetir, «porque te envenena interiormente y siempre te empuja a hacer lo que no quieres. Pero las personas como tu son libres. Sabes arreglartelas, salir adelante. Conquistas cualquier cosa como un barco rompehielos».

«Pero tu te has casado», le rebati un dia.

Se echo a reir. «?El amor y el matrimonio no son la misma cosa! Se casa uno por el dinero, por la sociedad, por necesidad biologica, no precisamente por amor. ?Por que crees que Giulia y yo estamos de acuerdo en tantas cosas? Porque aclaramos esto desde el principio. Nos teniamos simpatia y los dos deseabamos un hijo. Por lo demas somos completamente libres.»

Yo lo escuchaba y asentia. Asentia y escuchaba. No me cansaba nunca de hablar con el. Me sentia superior, lejana de todo, de todos, protegida por el afecto de aquel hombre mayor, de aquel casi padre que estaba a mi lado.

Hacia la mitad de junio, Annalisa y la senora Giulia se fueron una semana a la playa. La escuela habia terminado.

El dia de su partida, Franco me llevo a cenar a casa de un amigo suyo. Era un profesor de filosofia y queria que hablara con el para aclararme las ideas sobre el futuro. Me parecio una atencion hacia mi.

Tenia la tarde libre, asi que me prepare con calma. Me di una larga ducha fria y luego elegi con cuidado un vestido. Todavia no me habia puesto la ropa interior de Paris y me parecio la mejor ocasion para hacerlo.

Antes de salir, Franco me invito a un aperitivo en la terraza. El aire era tibio, cargado de los perfumes que anunciaban con antelacion el verano. Sobre nuestras cabezas pasaban como flechas, cruzandose en el aire, decenas y decenas de pajaros-avion.

«Ya veras», me dijo, «Aldo es un tipo increible. Te gustara. Nos conocemos desde ninos».

Media hora despues estabamos en casa de su amigo. Tambien vivia en un atico, pero sin terraza.

La primera cosa que me impresiono fue su fealdad. Bajo, gordo y calvo, tenia aun en la cara los signos de un acne juvenil. Parecia uno de esos sapos que en invierno se adormilan bajo las piedras. Pero era simpatico. Me estrecho la mano con calor diciendo: «?Asi que esta es la famosa Rosa!», y luego siguio hablando con la velocidad de una ametralladora. «?Con que vino empezamos? ?Con el blanco, con el tinto o quiza con un Aperol o un Campan? ?Preferis que nos sentemos ya a la mesa o nos relajamos un poco en el salon?»

«Esta es la noche de Rosa», dijo Franco. «Que decida ella.»

Intente protestar debilmente: «No es mi fiesta.»

Aldo se echo a reir. Su risa era igual que su modo de hablar.

«En cierto sentido, si. ?No es una fiesta dejar el mundo de la adolescencia para hacerse mayor?»

«Dentro de unos meses seras una novata de filosofia», preciso Franco, «y todo cambiara».

«Entonces, vino blanco», dije y ya estabamos brindando.

«?Por tus estudios!» dijeron, alzando las copas. «?Por tu vida!»

Poco despues nos sentamos a la mesa.

Aldo no estaba casado. La cena la habia preparado la asistenta el dia antes y el habia comprado algo en la freiduria.

«Lamento ser un cocinero tan malo», dijo.

«No tiene ninguna importancia», respondi yo, como si fuese una vieja amiga. «Lo importante es estar juntos.»

El vino me habia soltado la lengua. No me acuerdo de que habiamos empezado a hablar, pero recuerdo una sensacion precisa. Me sentia brillante, segura de mi misma. ?Que habia sido de la Rosa que habia vivido hasta entonces? ?La Rosa insegura, opaca? ?La Rosa con su invisible mochila de piedras sobre los hombros? Era como si una varita magica hubiese borrado los dieciocho anos precedentes.

Aquella noche, Rosa era una mujer joven, fascinante, capaz de entretener a dos hombres mayores que ella, y mas inteligentes, sin aburrirlos en ningun momento. Rosa era una mina desconocida incluso para si misma. Bastaba excavar un poco para encontrar un tesoro escondido.

Hacia el final de la cena Aldo me pregunto: «?Que estarias dispuesta a hacer por conseguir un buen dinerito?»

Me eche a reir. «Depende de cuanto.»

«Digamos mil millones.»

«Por mil millones haria cualquier cosa.»

«?Incluso matar?»

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