De tanta carcajada, tenia la cara inundada de lagrimas.

Cuando volvio la senora Giulia, tenia la cara llena de pustulas, me subian desde el cuello a las mejillas. Para evitar verme, habia cubierto el espejo con un trapo.

«Eres demasiado emotiva», me regano con carino, «no vale la pena agobiarse asi por un examen que, a fin de cuentas, es una tonteria».

Para dejarme estudiar en paz, se quedaba todo el dia con Annalisa. Yo estaba sentada en mi cuarto, frente a los libros abiertos, y bebia vodka. Luego me lavaba los dientes y comia caramelos de menta para que no lo notaran.

Para evitar quedarme sola con Franco, acompanaba a la senora a todas partes. En cuanto habia un silencio demasiado largo entre nosotras, yo empezaba a hablar. Tenia miedo de que la verdad le viniera a los labios. Que de repente pudiera decir: «?Que ha pasado entre tu y mi marido?»

Como, por el momento, no parecia sospechar nada, seguia tratandome con el carino de siempre. Quiza lo mejor hubiera sido abrirle mi corazon y contarle como habian ido las cosas. Pero, con toda seguridad, tambien la habria perdido a ella y no era capaz de soportarlo.

Una noche, Franco me cerro el paso en las escaleras. Yo habia bajado a la cocina a coger una botella de vino. Habia invitados a cenar y todos comian en la terraza. Me apretaba con fuerza contra las paredes, sentia su cuerpo duro contra la fragilidad del mio. Sus labios estaban a la altura de mis ojos, los vi moverse susurrando: «?No quieres divertirte?»

«Voy a gritar.»

El primero de julio, como todos los estudiantes, sali con el diccionario bajo el brazo para presentarme al examen escrito. Cuando ya estaba en las escaleras, la senora Giulia se asomo a la puerta y grito: «?Mucha suerte!» «Gracias», respondi.

Sentada ante el folio en blanco, lo llene de arriba abajo con la misma frase. «No se que escribir, no se que escribir, no se que escribir…» Cuando no quedaba ni una linea libre, me levante, lo entregue y sali del aula. Era temprano, asi que pasee un poco por la ciudad antes de volver a casa.

Al segundo examen, el de matematicas, ni siquiera fui. Sali a la hora justa, cogi un autobus y luego otro, para no correr el riesgo de que me vieran. Me sente en un bar a desayunar y luego di un paseo por las calles de los alrededores. De pronto, en una calle solitaria, se detuvo un coche. Dentro iba un hombre gordo con la nariz aplastada.

«?Donde vas tan sola?», dijo, asomandose a la ventana abierta.

«No se adonde voy», respondi con rabia, «pero tu puedes irte al infierno».

El hombre grito no se que y volvio a arrancar, derrapando.

Me sentia hinchada. Estaba nerviosa. La regla se me habia atrasado una semana. Los examenes tienen la culpa, me decia, pero era la primera en no creermelo.

La segunda semana de julio, la senora Giulia volvio a la playa con Annalisa. Esa vez Franco se fue con ellas. En esos dias hubiera debido presentarme a las pruebas orales.

El dia del examen, me quede en casa para hacer el test de embarazo.

Dio positivo.

Aquella tarde llame por telefono a Aldo. «Se que estas sola», dijo, «?quieres que vaya a hacerte compania?»

Colgue el telefono sin responder.

?Y ahora? Algo estaba creciendo dentro de mi como un dia yo habia crecido dentro de mi madre.

Pensaba con nostalgia en la penumbra del colegio, en aquel mundo donde cada cosa tenia su justo lugar. Es imposible volver atras. Al final de los tuneles, hay siempre luz. Pero si el tunel es una cuna, al final solo hay una oscuridad mas profunda.

Alli estaba yo, a tientas, y ya sabia que aquella oscuridad no era una oscuridad aparente. Ni siquiera empujando, dando patadas, gritando palabras magicas, podria abrir un respiradero. Quiza, desde el principio, habia elegido el destino de la rata que equivoca la direccion, y en vez de dirigirse hacia lo alto, desciende y tropieza con un muro de roca.

?Existia alguien que pudiera ayudarme?

A mis tios no les daria esa satisfaccion. Ya veia a Cuello de Pavo repitiendo con aire altivo: «Dije que eras como tu madre, capaz solo de…»

Lo unico que me quedaba era llamar a la superiora. ?Pero con que palabras iba a decirle que esperaba un hijo y no sabia de quien?

Pase los tres dias siguientes bebiendo y llorando por los distintos divanes de la casa. Por fin me decidi y marque el numero del colegio. ?No habia dicho que aceptaria cualquier cosa que yo le dijera?

«La madre superiora no esta», respondio la telefonista.

«?Cuando podria hablar con ella?», pregunte cambiando la voz para que no me reconociera.

«Lleva dos meses en el hospital. Esta muy mal.»

Fin de la comunicacion.

Mientras esperaba que Franco volviera empece a tomar banos muy calientes, a golpearme el vientre con violencia. Habia dentro una especie de arana que estaba creciendo. Dia tras dia alargaba sus patas peludas. Primero me invadiria la vejiga y luego el intestino. Desde alli subiria al estomago y colonizaria el higado. La sentiria llegar hasta la garganta. Quiza ya no era una arana sino un murcielago, una criatura de la noche. Como todos los que viven en la oscuridad, no necesitaba ojos, naceria ciego, con los globos oculares completamente vacios. Por eso yo hacia cualquier cosa para que no viniera al mundo.

El domingo por la noche volvieron a la ciudad.

Mientras la senora deshacia las maletas, me acerque a Franco y le dije: «Estoy embarazada.»

Se quedo un instante inmovil, mirandome fijamente a los ojos.

«?Estas segura?»

«Si.»

«No te preocupes, es solo un accidente de trafico. El que ha hecho el dano, paga la reparacion.»

Al dia siguiente la senora me pregunto: «?Que? ?Has aprobado?»

«Si», respondi, «con notable».

Insistio en celebrarlo aquella noche. Compro una tarta helada y una botella de vino espumoso. Despues de brindar todos juntos, me eche a llorar.

«?Por que llora?», pregunto Annalisa con su voz estupida. Franco miraba por la ventana. La senora me abrazo.

«Rosa llora porque es demasiado sensible.»

A la semana siguiente, Franco pidio cita en la clinica de un amigo. «Ya veras, es menos grave que sacarse una muela.»

No podia pegar un ojo. En verano, la mansarda era una especie de horno. Incluso con el tragaluz totalmente abierto, me faltaba el aire. Me duchaba e inmediatamente volvia a ducharme. La barriga y los pechos habian empezado a hincharse. «Te sienta bien haber ganado peso», observo la senora Giulia.

En el silencio de la noche, miraba las estrellas. La verdad es que el cielo era grande, incluso podria haber habido Alguien alli arriba. Sola, con aquella cosa que me crecia dentro, me habian vuelto las ganas de rezar. Un dia habia pensado, solo los debiles y los estupidos tienen necesidad de El. Ahora me daba cuenta de que tenia razon. Habia sido estupida y ahora era debil, por eso pedia a grandes voces que Alguien se asomase al umbral del universo. Ya que nadie me ayuda, ?ayudame Tu!

Sentia verguenza de mis pensamientos, de mi hipocresia. Lo trataba como si fuera una compania de seguros. Despues de lo que habia dicho y hecho, ?con que palabras podria dirigirme ya a El? Cualquier invocacion seria lanzada desde el cielo como una pelota de tenis que rebota contra un muro.

Quiza tenia razon don Firmato: era verdaderamente la hija de Satanas. Quiza la mejor solucion habria sido que mi tia me hubiera matado con sus propias manos aquella noche. Habia notado el olor a azufre y no se habia equivocado. ?Con quien me habia concebido mi madre? Y ?con quien habia concebido yo a mi hijo?

Miraba al cielo y no podia llorar. Miraba al cielo y no podia rezar.

No se por que, pero a los labios me vino una palabra. Una palabra que nunca habia pronunciado. Perdon.

Una noche tuve un sueno. En mi vientre ya no habia una arana sino un pequeno punto de luz. En vez de estar

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