alegre ordinariez de la adolescencia. Reia como alguien a quien le hubiera tocado la loteria y no pudiera decirselo a nadie.
En las paginas locales te dedicaron un articulo de dos columnas. «Deja mujer e hija», escribieron hacia el final. Del otro hijo, ni el menor indicio. Cuando uno muere, todo lo que queda detras se vuelve bueno. ?No es este el ultimo insulto para el que debe seguir adelante, arrastrando el peso de la memoria?
Acabada la farsa, solo pensaba en una cosa: en lo feliz que seria mi vida de viuda. Me habias dejado una buena cuenta corriente y la curiosidad y las aficiones de mi juventud aun estaban intactas. Me gustaria viajar y aprender idiomas, me inscribiria en un curso de pintura a la acuarela, en un club literario. No aguantaria mas imposiciones. Debia ganar tiempo para estar segura de morir con el rostro sereno de quien no tiene anoranzas.
?Como pude ser tan ingenua? El mal tiene muchas caras y se desliza por todas partes con habilidad mimetica. Parece morir, pero renace siempre. Tu corazon habia cedido, pero tu espiritu seguia vivo. Espiritu de venganza, espiritu de destruccion, espiritu de odio por cualquier cosa capaz de huir de tu regimen de humillacion.
A los cincuenta y cinco anos ya no cabe la ilusion de que solo hay vida por delante, de que se puede disfrutar de ella como si se acabara de nacer. Hubo un antes, y ese antes indica la direccion de los dias por venir.
Al coger la lana y las agujas de mi madre, sus gruesas gafas de vieja cubiertas de polvo, comprendi una cosa. Los ejercitos en fuga suelen destruir los puentes. Tu, con mi vida, hiciste lo mismo. Con obsesiva meticulosidad destruiste todo lo que tenia a mis espaldas. Luego, para evitar que un dia pudiese volver a levantar la cabeza, minaste tambien todo lo que tenia delante.
Esta casa abandonada y yo somos ahora la misma cosa. La humedad ha devorado las paredes. Si llueve, el agua se filtra por muchos puntos. Los pajaros carpinteros han dejado los postigos como un colador, mientras los ratones han roido todo lo que era posible roer: los cables de la electricidad y las reservas de velas, la Biblia sobre el comodin y el par de viejas revistas para encender el fuego, las bayetas y las fundas de los cojines ordenadamente guardadas en el arquibanco de la entrada.
La primera noche me vino el desconsuelo. Daba vueltas por las habitaciones con una vela en la mano y el abrigo puesto. Todo estaba en tal estado de degradacion que me parecia imposible remediarlo en pocos dias y solo con mis fuerzas. Para afrontar las primeras noches, me traje un saco de dormir que habia sido de los ninos. Fui al dormitorio de mis padres, pero no tuve el coraje de acostarme en su cama. A mama la encontraron alli, tendida de bruces en el suelo, un brazo adelante y otro atras, como si estuviera nadando.
«?Ha muerto de repente?», pregunte al medico de la zona.
«?Quien podria decirlo?», me respondio encogiendose de hombros. «Podria tranquilizarla diciendo: si, perdio el conocimiento en tres minutos, pero ?que sentido tendria? El tiempo de los moribundos es muy distinto del nuestro. Lo que para nosotros es un momento, para ellos es la eternidad.»
Ahora que estoy sola en la casa, es exactamente esa eternidad lo que me da miedo. Si no murio de repente, ?que pensaria en los ultimos instantes? Quiza intentara alcanzar el telefono, y por eso tendia el brazo hacia adelante. Quiza penso llamarme y no pudo. O quiza se dio cuenta de que seria perfectamente inutil.
?Cuando vine a verla la ultima vez? Se habia quedado viuda hacia poco, dos anos. ?Cuanto distaba su casa de la nuestra? Tres horas y media en coche, cuatro, si habia trafico.
Mientras los ninos fueron pequenos, los traje por lo menos un mes cada verano y un par de semanas durante el invierno. Todavia existia el viejo trineo que construyo el abuelo, nos montabamos todos para ir a hacer la compra. Al frenar, la nieve nos daba en la cara y nos transformaba a todos en monigotes.
Despues los ninos crecieron, Laura empezo a querer ser como todos, las vacaciones en la nieve con los abuelos ya no le bastaban. Queria cursos de esqui, y el telesilla, salir a las discotecas. Michele no, Michele siempre fue distinto. Adoraba la casa de la montana. Ya de muy pequeno, con su testarudez, seguia al abuelo a todas partes. Cuando tenia cinco anos, mi padre le hizo una flauta con una cana. De repente, de los sitios mas impensables, oia surgir aquellas notas. Eran pesadisimas, pero a Michele debian parecerle maravillosas, las repetia sin cesar. A veces lo descubria sentado en una bala de heno o bajo el arco de la escalera. Tenia fruncidas las cejas como si estuviera pensando en algo muy serio.
A ti nunca te gustaron sus ojos.
«No son azules», decias, «y tampoco verdes. Son unos ojos color confusion».
Te irritaban las pestanas y las cejas, demasiado oscuras, demasiado marcadas. «Parecen pintadas», decias, senalando hacia el como si fuera un animal a la venta en la plaza publica.
Cuando tenia siete u ocho anos le repetias continuamente: «Me recuerdas a Bambi, esa nena.»
Cuando luego, en la adolescencia, su cuerpo se alargo y perdio la gracia, tu estribillo preferido era: «Con esa pinta, pareces una puta.»
Poco antes de venirme aqui, oi decir a un cura en la television que el infierno no existe. Yo estaba haciendo no se que y no preste mucha atencion pero, un par de dias despues, en un importante periodico, lei la misma afirmacion.
El infierno no existe, decia el articulo, corroborado por la tesis de un teologo muy conocido. O, si existe, esta vacio. Yo estaba sola en casa y me puse a recorrer las habitaciones, golpeando a diestro y siniestro con el periodico. «?Canallas! ?Mentirosos!», gritaba. «Entonces, ?Hitler donde esta? ?Y Stalin? ?Tocan el arpa en el mas alto de los cielos? ?O peinan los tirabuzones de los querubines? Si el infierno esta vacio, por lo menos quiero ir yo. ?Estar alli en lo hondo, en paz, entre el calor de las llamas, completamente sola como en un gran hotel fuera de temporada!»
Cuando me calme, pense, si, estan rebanando lo que queda en el plato. Nadie los escucha, nadie los sigue ya. Para ser populares han traspasado el ultimo limite. Haced lo que os parezca, cualquier maldad, al final el banquete sera democratico. Alegria, amor y eternidad para todos. Sentados juntos el medico misionero y el violador de ninos. ?Menudo festin!
Si el infierno no existe, nada existe. Y no solo existe, sino que debe estar completamente separado de los espacios superiores. Debe haber alambradas y llamas y pinaculos de vidrio astillado y compartimientos estancos y ausencia de atmosfera y presion y la poza de un agujero negro que se traga a todos los que intentan salir. Mi madre y mi padre jamas podrian estar contigo, ni siquiera deberian imaginar que existes todavia en algun lugar del universo. Por eso es necesario que, entre lo alto y lo bajo, se levanten todas esas barreras.
La primera noche dormi en mi cama de soltera, en el pequeno cuarto bajo el tejado. Mas que dormi, espere el alba en posicion horizontal. No perdi la consciencia ni un instante. La casa estaba llena de vida. Reconocia algunos ruidos, los pasos de los ratones sobre el suelo, los de las comadrejas y las gardunas que, para buscar sus nidos, derribaban las tejas del tejado, la madera de los muebles que se hinchaba y deshinchaba, produciendo pequenos chasquidos, crujidos de asentamiento. En mitad de la noche empezo a soplar el viento. Era la tramontana golpeando la cara norte de la casa. De fuera llegaba el tintineo de una anilla de metal, como de jarcias contra el mastil de un velero. Oi abrirse de golpe la ventana de la cocina. No baje, pero vi como la rafaga entraba y arrollaba las cosas. El ovillo rodo de la silla y, por la habitacion, empezaron a volar las hojas de periodico destinadas al fuego. Volaba la cortina bajo el fregadero y se tambaleaba la gondola souvenir sobre la repisa junto al reloj. Todo, de repente, tenia vida propia. La foto de la abuela en la comoda y su voz que decia: «El que muere solo, se queda aqui abajo, a buscar compania. Da vueltas sin parar como un animal enjaulado.»
Cuando la rafaga acabo, me parecio oir pasos. ?De quien eran? Parecian zapatillas en los pies de una persona anciana.
II
El hotel donde nos conocimos ya no existe. Los antiguos propietarios han muerto, solo tenian un sobrino en Australia que nunca se preocupo de explotarlo. Todavia esta el rotulo, o, mejor, una parte.
Habias ido para acompanar a una hermana tuya, convaleciente de una enfermedad pulmonar. Os quedasteis todo el verano y te aburrias mortalmente. De vez en cuando, con el correo de las once, te llegaban paquetes. Contenian libros. Cuando llovia, pasabas el tiempo en la habitacion, leyendo. Cuando hacia buen tiempo, hacias lo
