me contoneo con los tacones nuevos. Mira, carino, mira. ?No parezco una autentica puta?'»

Anna se levanto. Yo seguia dandole la espalda.

«?Por que tienes que hacerme tanto dano?»

«Porque veo la verdad.»

«Tu ya solo ves tus fantasmas.»

«Ya que estamos en el tema. ?Por que no me llevas a conocer a tu famoso fraile?»

«No creo que te interese.»

«Al contrario. Me interesa muchisimo.»

Aquella noche, en el sofa, me dormi riendo. La habia puesto en dificultades. Se pilla antes a un embustero que a un cojo, ?existia un dicho mas verdadero que este?

Para organizar bien la puesta en escena, se requiere tiempo. Tardo una semana en decirme: «Esta tarde, a las cuatro, nos esperan en el convento.»

Habiamos llevado a Giulia al cumpleanos de una companera de guarderia. Luego nos dirigimos a la autovia. Conducia Anna y permanecimos en silencio todo el trayecto. De vez en cuando me parecia oirla tragar como un animal que percibiera el inminente peligro.

El convento estaba compuesto por una serie de feos edificios a una veintena de kilometros de la ciudad. Alrededor solo habia la mediocridad desesperada del monocultivo interrumpido por algunas hileras de chopos todavia sin hojas.

La entrada era fria y escualida. El hermano portero nos acomodo en dos butaquitas de polipiel color avellana claro. Cuando se abrio la puerta al fondo del corredor y aparecio un hombre anciano, Anna se levanto y fue a su encuentro.

Los vi abrazarse antes de que el cogiera una mano de Anna entre las suyas con un gesto de afectuosa intimidad. Me quede sentado. Ante mi, Anna dijo: «Saverio, mi marido.»

El fraile me estrecho la mano y me hizo una sena para que entrara en un pequeno cuarto lateral.

Nos sentamos uno frente al otro. Yo miraba su barba y me preguntaba, ?es verdadera o falsa?, cuando el dijo: «Su mujer me ha hablado mucho de usted.»

«Ah, ?si? ?Y que le ha dicho?»

«Esta muy preocupada.»

«?Por que?»

«Porque dice que ha cambiado y no entiende la razon.»

«Es ella la que ha cambiado.»

El fraile sonrio. «Eso es verdad. Anna en los ultimos meses ha vivido una verdadera revolucion.»

«?Y entonces por que yo no puedo cambiar tambien?»

«Hay muchos tipos de cambio.»

«?Por que el de ella le gusta y el mio no?»

«Depende de la luz de la mirada.»

En alguna parte del pasillo sono una campanilla.

Empece a irritarme.

«?La misma palabreria de siempre, decrepita! 'El ojo es tu linterna, etcetera.' Los ordenadores piensan hoy casi como los hombres y usted todavia cree en esas cosas. O peor, pretende que yo crea.»

Aquel hombre me miraba con dos ojos oscuros e inmoviles. Yo tenia la sensacion de ser un animal exotico en una jaula. Me estaba escrutando y yo no tenia ningun medio de defenderme. Le he dado demasiado carrete, pense. Ya es hora de cortar por lo sano, de desenmascararlo.

Me puse en pie de repente. La silla se volco.

«?Por que no deja de hacer teatro?», grite en voz mucho mas alta que lo que hubiera querido.

El fraile permanecio inmovil, con la misma mirada, sin bajar los parpados. «Ahora entiendo», dijo despacio, mientras yo estaba en la puerta.

«?Que entiende?», le respondi a gritos.

A la vuelta, conduje yo.

«Es un actor excelente, tu amigo», dije. «Casi inspira respeto. Casi.»

«A veces tengo la impresion de que estas loco.»

«Entonces estamos locos los dos. Yo soy Napoleon, ?y tu?»

Mientras hablaba, apretaba con rabia el acelerador. Parecia como si tuviera que aplastar algo con los pies.

«Saverio, se que te parece extrano, pero mi vida ha cambiado. Ha cambiado por algo que no se puede ver.»

«No creo en lo que no se puede ver.»

«Pero crees en las leyes de la quimica.»

«Todo lo que existe es quimica. Quimica y fisica. Yo, tu, este coche, el motor, la gasolina, el asfalto, los arboles. Es lo que construye la vida.»

«?Y quien ha construido eso? ?Quien ha construido las leyes que permiten que estemos aqui?»

«Las leyes han existido siempre.»

«No es verdad. Las leyes las ha creado Dios.»

«Ciertamente. Y el hombre desciende del mono y pronto caera sobre la tierra otra lluvia de fuego. ?No es asi?»

«No me tomes el pelo.»

«No te estoy tomando el pelo. ?Cual es la direccion de ese neurologo al que ibas despues del parto?»

«Hablas asi porque tienes envidia.»

«?De que? ?De tus cuentos? No, gracias. Crei en Papa Noel hasta los seis anos y ya es bastante.»

«Yo creo en Dios, no en Papa Noel.»

«Si Giulia hubiera muerto, no creerias.»

«Dios nos salva siempre.»

«Ah, ?si? Veamos», dije, apretando aun mas el acelerador.

«?Ve mas despacio!», grito Anna. «?Piensa en nuestra hija!»

«Ya piensa Dios. ?O no? Veremos.»

Entonces enfile a toda velocidad el sentido de direccion contrario. Despues de algunos segundos nos encontramos de frente un coche. Vire una fraccion de segundo antes del impacto.

De vuelta en nuestro carril estalle en una carcajada nerviosa.

«?Quien te ha salvado? ?Quien ha girado el volante? ?Dios o yo?»

Anna lloraba cubriendose el rostro, doblada sobre si misma. «Eres un hombre malo», repetia. «Eres un hombre malo.»

Hice amago de consolarla. «No digas eso. Estaba bromeando.»

Sus lagrimas me daban una alegria profunda.

IV

El bosque ya estaba casi completamente quemado. Solo una treintena de alerces parecian disfrutar todavia de buena salud. Pero bastaba acercarse para advertir que tambien habian sido atacados por los primeros signos de la destruccion. Llevaba casi un ano intentando resolver aquel problema y todas las soluciones que fui encontrando se habian demostrado vanas. Despues del moho y la podredumbre, intente culpar a diversos tipos de lepidopteros pero no encontre rastro de ninguno. Pense entonces en la lluvia acida. En Norteamerica, cerca de los grandes lagos, habia visto bosques enteros de coniferas destruidos asi. Habia demasiadas industrias en la llanura padana, demasiados vertidos y, cuando cambiaba la corriente del viento, todos acababan penetrando en los valles.

Estaba bastante convencido de esta hipotesis, pero los analisis del agua en los ultimos meses me habian desmentido una vez mas. El bosque se moria y yo no podia entender la razon. El cliente que habia encargado el trabajo queria una respuesta y yo salia del paso dandole largas. Estaba haciendo pruebas, aun inacabadas. La sospecha de que el responsable de todo fuera un virus cada dia aumentaba. Pero decir un virus es como decir

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