ojos eran alegres. Abrio los brazos diciendo: «Entonces feliz cumple…»
?Por que tenia todavia una pesa en la mano? La levante y cayo sobre su frente. Hubo un ruido sordo y Anna cayo al suelo como un trapo.
V
Del bosque no he sabido mas. ?Donde habran ido a parar todos los apuntes que tome, todas las fichas con los analisis y las pruebas? Es muy probable que el propietario renunciara a salvarlo.
Una manana llegarian dos trabajadores forestales y con la motosierra cortarian los troncos, uno tras otro. Durante una semana entera invadiria el valle aquel sonido de muerte. Dientes de metal que agredian a lo que un dia estuvo vivo. Luego el ruido se apagaria y volveria a borbotear el riachuelo. Los picos volverian a picotear otras cortezas; y los luganos y los jilgueros, a volar estupefactos sobre aquella gran mancha desnuda que un dia habia sido su mundo.
Perder los dientes, perder el pelo. De noche no sonaba con otra cosa. El bosque que moria y yo que me quedaba sin dientes. Sin dientes y calvo. Los dientes no se caian uno a uno, sino todos a la vez. Tintineaban en el suelo como bolas de cristal.
El pelo no tilia de manera diferente. Me pasaba la mano y se me quedaban mechones enteros entre los dedos como si fueran una peluca. Entonces me ponia a llorar. Lloraba en silencio. ?Adonde podia ir con aquel aspecto? Sin dientes, sin pelo, solo podia dar risa o lastima. No inspiraria ni respeto ni miedo. Por eso no he querido volver a aparecer en publico.
El bosque estaba muerto y tambien Anna estaba muerta. La vi tendida en el suelo y me senti impotente, como con los arboles. No pensaba que fuese tan facil apretar el interruptor. Apenas si la habia rozado y se habia ido.
Durante algunos minutos, pense en una broma, repeti: «Venga, vamos, levantate, era una broma.»
Le lleve un vaso de agua fria.
Los labios no se abrieron y el agua resbalo por el cuello, mojando la camiseta.
?Podia escapar? Si, hubiera tenido tiempo de sobra. Hubiera podido coger el coche y correr hasta la frontera sin levantar el pie del acelerador. Incluso, hubiera podido meterla en un saco y tirarla a algun rio.
Pero solo me quede a su lado, cogiendole la mano.
Cuando alguien llamo a la puerta, fui a abrir.
Era el cartero. Cogi el telegrama y le dije: «Entre. He matado a mi mujer.»
Giulia todavia estaba en la guarderia.
Un mes mas tarde, el abogado me llevo un periodico con su foto. Supe que era ella por los zapatos, el babero, la bolsa. El rostro lo cubria una mancha desenfocada, de los bordes sobresalian dos coletas con un lazo a cuadros. Debieron hacer la foto la manana de la tragedia porque Anna sabia anudarselas asi. La oia tararear en el bano: «?De quien son estas coletas? Las coletas de un ratoncito.»
Una persona desconocida la llevaba de la mano. Giulia parecia un pelele, los brazos flojos, arrastrando las piernas. ?Le habian dicho algo o lo habia comprendido sola? La foto desenfocada, de todos modos, era una hipocresia. En el pie de foto habian escrito:
Luego, un dia, cuando ya estaba aqui, con el olor y el ruido del mar, de pronto abri los ojos y entendi por que habia muerto el bosque. Su final no lo habia causado ni un insecto ni un cancer ni un virus, sino solo la envidia. Envidia porque los alerces crecen entre o junto a los abetos blancos, los abetos rojos, los pinos silvestres. En verano son tan iguales que los profanos los llaman solo arboles de Navidad, pero en invierno todo cambia. Los alerces se deshojan y los abetos y los pinos conservan las agujas. Asi, desnudos en el hielo, aparecen, delicados, cubiertos de nieve. La gente pasa y dice: mira esos, que hermosos, y que tristes aquellos, muertos ya.
Y asi los alerces sintieron envidia. No tenian paz: ?que tienen ellos que no tengamos nosotros? Si Dios nos ha hecho, ?por que no nos hizo a todos iguales? Nos ha dado las agujas y una forma piramidal a los tres. Crecemos a la misma altura y alimentamos a los mismos tipos de animales. Con nuestra lena se construyen casas magnificas. Los vapores de nuestras resinas curan a los enfermos de los bronquios. ?Por que, entonces, los pinos y los abetos reciben un trato de favor?
Desde hace un par de anos mantengo correspondencia con el fraile amigo de Anna. Empezo el. No le conteste inmediatamente. Es mas, al principio, cuando veia sus cartas, las rompia gritando: «?Que quiere de mi? ?No tengo ya bastante sufrimiento?» Por fin, le mande una nota pidiendole que no me escribiera mas. Me contesto. Deje pasar unos meses y tambien le conteste yo. Es la unica persona que ha dado senales de vida en estos anos.
Mi teoria sobre la muerte del bosque le hizo mucha gracia, pero anadio una apostilla.
