– ?Una que? -pregunto la puta.

– A una gata tricolor. Y tambien a cualquier gatito no demasiado crecido.

Se rio de manera repugnante y guino el ojo derecho.

– ?O al gallo! ?Hip!…

El gato se irguio sobre sus cuatro patas, con el lomo arqueado y la cola rigida, y se le estremecio la rabadilla.

– ?Salud! -dijo-. ?Me estoy poniendo cachondo…!

Embarazada, la hermana de Peter Gna se puso a hurgar en su bolso.

– ?No sabra usted de alguna? -le pregunto el gato a la puta-, ?Sus amigos no tienen gatos? ?Ni siquiera conejos?

– ?Eres un cerdo! -respondio la puta-. ?Delante de esta dama y estos caballeros…!

El individuo de las zapatillas no hablaba mucho, pero excitado por la conversacion del gato, se acerco a la fulana.

– Que bien huele usted -le dijo-, ?Que es?

– «Flor de Azufre», de la casa Viejotronco -dijo ella.

– ?Y esto? -pregunto el poniendo la mano encima-, ?Que es esto?

Se habia colocado en la parte que habia dejado libre el americano indispuesto.

– Vamos, querido mio -dijo la puta-, comportese.

– ?Camarero! -dijo el gato-, ?Una menta verde!

– ?Ah, no! -protesto la hermana de Peter Gna-. ?Por fin! -dijo al ver que la puerta se abria.

Peter regresaba con el chaqueton lleno de inmundicias.

– Impidele beber -le dijo su hermana-. ?Esta completamente curda!

– Espera -dijo Peter Gna-, Primero tengo que limpiar el chaqueton. ?Camarero, dos sifones!

Colgo su canadiense del respaldo de una silla y la ensifono copiosamente.

– ?Fantastico! -dijo el gato-, ?Camarero…! ?Que pasa con esa menta verde…? ?Hip!… ?Eres mi salvador…! - exclamo inmediatamente despues, abrazandose a Peter Gna-. Ven conmigo, te invito a la claque.

– Tranquilo, amigo mio -dijo Peter Gna-. Vas a pescar una congestion.

– ?El me salvo! -rugio el gato-, ?Me saco de un agujero repleto de ratas en el que estuve a punto de reventar!

Emocionada, la puta dejo caer su cabeza sobre el hombro del individuo de las zapatillas, que la solto y se fue a culminar la faena a un rincon…

El gato salto sobre la barra y vacio el culo de conac que quedaba.

– ?Brrr! -hizo, agitando rapidamente la cabeza de derecha a izquierda-. ?Con que fuerza baja…! ?Sin el -siguio gritando a continuacion-, a estas horas estaria jodido, jodido…!

La puta se dejo caer sobre la barra con la cabeza entre los codos. El segundo americano la solto a su vez y se instalo junto a su compatriota. Los vomitos de ambos se sincronizaron y comenzaron a dibujar la bandera americana en el suelo. El segundo se encargo de las cuarenta y ocho estrellas.

– ?Ven a mis brazos… hip! -concluyo el gato.

La puta se seco una lagrima, y dijo:

– ?Que gentil es!

Para no ofenderle, Peter Gna le dio un beso en la frente. El gato lo estrecho entre sus patas, pero de repente aflojo presa y se derrumbo.

– ?Que le pasa? -pregunto con inquietud la hermana de Peter Gna.

Peter Gna saco del bolsillo un especulo y se lo introdujo en la oreja al gato.

– Esta muerto -dijo despues de mirar-. El conac le ha afectado el cerebro. Le rezuma.

– ?Oh! -dijo la hermana de Peter Gna, y se puso a llorar.

– ?Que es lo que le pasa? -pregunto, inquieta, la puta.

– Esta muerto -repitio Peter Gna.

– ?Era un gato tan lindo…! Y, ademas, sabia hablar… -dijo el hombre de las zapatillas regresando del rincon.

– Si -dijo la hermana de Peter Gna.

El encargado del cafetin no habia dicho nada todavia, pero parecia que por fin salia de su sopor.

– ?Son ochocientos francos! -dijo.

– ?Ah! -dijo Peter Gna, inquieto.

– Era mi ronda -dijo la puta, sacando mil francos de su lindo bolso de cuero rojo-. ?Guardese el cambio, camarero!

– Gracias -dijo el camarero-, ?Que debo hacer con esto?

Senalaba al gato con aspecto de desagrado. Un hilo de menta verde se iba corriendo sobre el pelaje del animal, dibujando una complicada red.

– ?Pobre pequenin! -sollozo la puta.

– No podemos dejarlo aqui -dijo la hermana de Peter Gna-, Habra que hacer algo…

– Bebio mas que un tonel -dijo Peter Gna-, Que historia mas tonta. Ya no podemos hacer nada.

El ruido de las cataratas del Niagara que constituia el fondo sonoro desde la retirada estrategica de los americanos, ceso de repente. Se levantaron al mismo tiempo y se volvieron a unir al grupo.

– ?Conac! -pidio el primero.

– ?Dodo, pequenin mio! -dijo la puta-. Ven aqui…

Acabo por enlazarlos a cada uno por un brazo.

– Perdonenme, dama y caballeros -prosiguio-. Me tengo que ir a acostar a mis bebes… Pobre gatito, en cualquier caso… Una velada que habia empezado tan bien…

– Adios, senora -dijo la hermana de Peter Gna.

El hombre de las zapatillas toco amistosamente en el hombro a Peter Gna sin decir nada, con gesto de condolencia. A continuacion sacudio la cabeza, aparentemente desolado, y salio de puntillas.

Evidentemente, el camarero tenia sueno.

– ?Que podemos hacer? -dijo Peter Gna, pero su hermana no respondio.

Entonces Peter Gna envolvio el gato en su chaqueton y salieron hacia la noche. El aire estaba frio, y las estrellas brillaban cada cual en su sitio. La marcha funebre de Chopin, interpretada por las campanas de las iglesias, hizo saber a la poblacion que la una de la madrugada acababa de sonar. Con paso tardo, se fueron abriendo camino por la cortante atmosfera.

Llegaron a la esquina. Negra y avida, la alcantarilla esperaba a sus pies. Pierre Gna abrio su chaqueton. Saco al gato, ya completamente tieso, con precaucion, y su hermana lo acaricio sin decir palabra. Y despues, lentamente, como a disgusto, el gato desaparecio en el agujero. Este hizo «?Glop!» y, con una sonrisa de satisfaccion, la boca de la alcantarilla volvio a cerrarse.

La neblina *

I

El director del asilo miro como se marchaba Andre. Este andaba con los codos pegados al cuerpo y la cabeza doblada en angulo recto hacia atras.

«Esta completamente curado», penso el director.

Tres meses antes, cuando se lo trajeron, aquel tranquilo pensionista no podia desplazarse mas que con los brazos separados, mirandose el ombligo y haciendo con la boca una especie de zumbido de abejorro.

«Notable caso», anadio para si mismo el director. Saco su paquete de cigarrillos, se metio uno en la oreja, empezo a masticar la cerilla dando saltitos de un pie al otro, y finalmente regreso a gatas a su despacho.

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