– ?Con el oficio de extra?

– No, por favor, no emplee esa palabra. En realidad somos artistas de complemento. Aunque, por lo demas, esta no es mi profesion. Soy cantante y reconocera que, se mire como se mire, cuando se ha ganado un primer premio en el Conservatorio de Soissons, uno no puede considerarse un simple artista de complemento.

– ?Era usted cantante?

– Soy cantante, si… En el momento actual estoy de vacaciones.

– Cuando sali del Liceo -dijo el extra-, intente…

– Se trata de un oficio sucio -concluyo el otro-. Creame, dejelo.

Y se fue a mear tarareando una antigua romanza.

El director de produccion pasaba en aquel momento por los corredores, gritando:

– ?Todos al plato!

IV

Justo a continuacion del ensanchamiento, de la gran plazoleta y el «Cumulus», el corredor desembocaba en el callejon sin salida «Maquillaje-Figuracion» y en los camerinos del 4 al 8. Despues giraba en un angulo recto a siniestra, aparente contradiccion de la que resultaba el camerino «Maquillaje de Actores Principales» y el camerino de la principal interprete femenina, Gisselle Descartes, persona alta y delgada, de cabello castano, rostro un tanto gesticulante a pesar de ser bastante joven, de inestable caracter y de una perfecta vanidad. En el extremo se alzaba un primer cartel luminoso, «SILENCIO», en letras mayusculas, y a continuacion el corredor recobraba el dominio de si mismo y volvia a girar a la derecha, pudiendose ver una gran puerta blindada, un nuevo cartel de «SILENCIO», asi como las palabras «PLATO B». La altitud se elevaba considerablemente y, con toda seguridad, un barometro hubiera permitido conocer el tiempo probable, aunque en modo alguno el desnivel, ya que este ultimo resultaba en lo esencial de la vertical sacudida notada por el extra al leer «PLATO B» sobre una puerta blindada. La empujo con fervor y accedio a un complejo olor a madera aserrada, a claridad difusa y a escayola recien amasada. Algunos cables se extendian por el suelo. A su izquierda distinguia el reverso del decorado, arbustos surgiendo de macetones que querian figurar vegetacion, una retahila de largueros de madera basta de un color blanco sucio, residuos de yeso por todas partes, armazones de hojalata, enrejados de alambre, ladrillos, maderamen, cables y proyectores de reserva sobre patas o sobre ruedas, redondas, cuadradas o hexagonales, y todos muy voluminosos. Tramoyistas tambien. Tuvo que rodear el decorado para acceder finalmente al plato, subio y despues volvio a bajar dos escalones, y se encontro en la caverna.

Un innegable olor a cerdo bien cebado emanaba del conjunto, pues aquel decorado tan cuidado significaba un productor con posibles. Pero el extra no aspiro mas que el perturbador incienso de su futura gloria, incienso que llego a obstruirle las fosas nasales.

Incidentalmente se fijo en que las rejas de hierro forjado, que tan buen efecto causa en las producciones de superlujo, se obtienen con poco gasto mediante listoncitos de madera doblados y unidos con tino, y penso sacar provecho de su descubrimiento en el porvenir.

El decorado, de forma oval, reproducia el interior de un selecto cabaret de una supuesta ciudad balnearia. En el horizonte, una pequena dependencia con estalactitas acondicionada como bar. A continuacion, si uno giraba en el sentido de las agujas de un reloj comun, una parte sobrealzada figurando una pequena gruta adventicia con proyectores dentro. Mas alla, el estrado de la orquesta, y amplios vanos, tambien con proyectores, detras. Siguiendo en la misma direccion, algunas mesas y sillas, la entrada principal, en la que el estaba ahora, una gran columna, una nueva zona sobrealzada provista de mesas y sillas, otra zona un poco adelantada y adornada con hortensias rosas, que incluia la mesa de las primeras figuras, otra aparatosa columna que se unia a la anterior mediante una arcada de mamposteria, mas sillas y mas mesas, y, finalmente, el bar por donde hemos empezado.

El espacio central vacio formaba pista de baile.

Arriba de todo, sobre pasarelas caladas, una serie de proyectores apagados por el momento abarcaba el conjunto con cincuenta y dos luces convergentes. Estaban dispuestos de manera alterna, uno grande, uno pequeno, y asi sucesivamente. En el interior de cada sala, detras de los respectivos vidrios esculpidos a la Fresnel por el peluquero del Estudio, podia distinguirse, claramente aumentado por la lente, al hombrecillo que fabrica la luz.

En el suelo habia tambien otros proyectores instalados sobre patas, de todos los tamanos, y provistos en su parte delantera de persianas regulables para medir la luz hasta el decigramo, a fin de que no se llegase a sobrepasar la dosis mortal.

El extra constato que sus congeneres no llegaban con la velocidad exigida, y se pregunto que podria significar aquello. Un poco intimidado por la majestad del lugar, retrocedio, atraveso la zona de serrin que remedaba arena situada en la entrada, se enredo con un cable y cayo, sentandose despues, para intentar zafarse del cable, sobre una mesa coja cuyo lugar no era aquel, pero que alli permanecia no obstante. Estaba completamente enredado en aquel hilo, y se batio con la mayor de las energias, pero el cable tambien, contando este ademas con la ventaja de su longitud. Lo derroto no obstante, finalmente, consiguiendo hacerle un nudo, y el cable se envaro y se alejo escupiendo tres electricidades. El extra se sentia dolorido. Regreso penosamente a su camerino, no sin admirar de pasada el aparatoso extintor de cien litros en el que no se habia fijado todavia, y al que acaricio con la mano al pasar a su altura, para hacerse un amigo.

Luego llego al corredor y se animo a interpelar a una extra vestida con un trajecito muy sencillo -Jacqueline era su nombre-, y que tenia una sombra de bigote como signo distintivo.

– ?O sea que todavia no rodamos…?

– Imagino… -contesto ella-. El decorado no esta listo todavia…

– Pero yo lo he visto muy bien, hace un momento… Vengo de alli y…

– ?Hagame caso! Le apuesto a que no empezaremos a rodar antes de esta tarde… Siempre ocurre lo mismo…

– ?Usted ha rodado ya en los Estudios?

– ?Claro que si! Y resulta mucho peor que en Billancort. Aqui siempre hay desorden.

– Hace seis anos -dijo el extra-, cuando sali del Liceo, me vi obligado a trabajar para vivir…

– Habra hecho usted montones de cosas en todo ese tiempo -le interrumpio la joven.

– Si, pero encuentro que ser artista de complemento es un agradable oficio.

– ?A que ha sido el viejo Marnet quien le ha ensenado esa expresion? -dijo ella-. ?Y de verdad le parece que es un oficio agradable?

– Cuando comence a trabajar, hace seis anos… -dijo el extra.

– En realidad -concluyo la joven-, yo no me dedico a esto. Mi marido esta movilizado en estos momentos, y he de hacer algo para pasar el rato… ?Ve el rubiote aquel de alli? Es el director de escena, Joseph de Margouillat. Esta muy bueno…

– ?Le gusta?

– ?Oh! Los asuntos de cama, creame, no son mi especialidad. Ademas, en estos momentos sale con la insignificante de Ginette… Creame, no es un oficio agradable en absoluto.

Se alejo canturreando, y el extra se quedo plantado en mitad del corredor. Sentia un poco de verguenza de no ser mas que un extra, pero se vio en el espejo y su moral volvio a subir muy alto.

Seguia reinando una cierta animacion en el pasillo. Con frecuencia, otros seres con apariencia de extras pasaban por parejas, pero no resultaban agradables, almibarados como iban en una especie de vanidad compartida, y con un aspecto de satisfaccion que les bastaba para mantenerse entretenidos. Uno de ellos si siquiera habia tenido necesidad de que le maquillasen. Muy bronceado, con una chaqueta clara y un coloreado fular de seda, con edad comprendida entre los treinta y ocho y los cuarenta anos, le parecio insoportablemente fatuo. De buena gana adoptaban todos maneras misteriosas, cargadas de alusiones.

La manana iba transcurriendo y se seguia sin rodar. Un poco antes de mediodia, sin embargo, cierta corriente prevalecio en las idas y venidas, y poco a poco todo el mundo se dirigio hacia el plato.

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