– ?Se esta burlando de mi! Me voy…
Y una vez dada muestra de su amable caracter, se alejo con la cabeza muy alta.
Los presentes se miraron entre ellos, y despues de reir como las circunstancias lo exigian, es decir, en fa sostenido mayor, atacaron un antiguo dixieland hogareno, y el fuego comenzo a chisporrotear en el camerino, cuya temperatura fue subiendo de grado en grado.
El extra podia oir el bullicio desde el suyo y, decididamente, era ahora el clarinete lo que iba a aprender a tocar. El pianista, Jean Mercaptan, estaba tocando, en efecto, el clarinete en aquellos momentos, porque el piano se habia quedado en el plato.
El ruido seguia creciendo en intensidad, y todos los musicos se fueron desvistiendo poco a poco entre coro y coro. Zozo, el contrabajo, rascaba con furor las cuatro cuerdas de su aparato, y transpiraba gruesas gotas. Finalmente se detuvieron justo en el momento en que el techo se disponia a dejarse caer sobre ellos para poner fin a la jarana.
El extra regreso al corredor central y vio pasar de nuevo a Moreuil, que volvia del bar.
Bajo el brazo llevaba un amasijo de papelotes, y venia empujando un aro sin dejar de silbar alegremente.
– ?Vamos a rodar ya? -pregunto el extra.
– Si…, en seguida…, no llegue con retraso -dijo Moreuil desapareciendo en direccion al plato B, previa ejecucion del salto del angel, estilo Joan de Bologne, a traves de su aro.
El extra dio algunos pasos en sentido inverso y se encontro justo al lado del director de la orquesta y del bateria. Iban andando con indolencia hablando de musica y de literatura.
– ?De verdad? -dijo el bateria.
Se llamaba Gaude Leon, respondia al sobrenombre de Doddy, y ejercia la noble profesion de profesor ayudante de quimica en el College de France.
– ?Ya lo creo! -respondio el director de la orquesta.
– ?Resulto indiscreto? -aventuro el extra al llegar a su altura.
– En fin… -dijo el director de la orquesta-. ?En su opinion hay chicas guapas aqui?
– ?Dios mio! -dijo el extra.
– Tiene usted ojos en la cara, es soltero, asi que, ?que hace?
– ?Ustedes no son solteros? -pregunto el extra.
– No, somos casados, razon por la cual el tema nos interesa todavia mas -respondio el bateria-. Pero nos hemos dado cuenta de que aqui no mereceria la pena enganar a la propia mujer…
– Esa es muy atractiva -dijo el extra.
Senalaba a una morena que pasaba en aquel momento, corpulenta y, efectivamente, de rotundas formas. Beatrice, para decirlo todo.
– Desde luego, usted no es tonto -continuo el director de la orquesta-. ?A que se dedica ademas de a la figuracion?
– Pues -dijo el extra- hace seis anos que sali del Liceo y entonces me contrate como auxiliar administrativo…
– Venga con nosotros, querido amigo, y cuentenos todo eso en el plato -dijo el director de la orquesta, pues estaba viendo a los otros seis musicos de su formacion emerger en fila india del corredor de los camerinos.
Los tres juntos caminaron con apresuramiento entre los demas extras, que salian de los camerinos. El maquillador acudia tambien llevando una pequena caja metalica repleta de tarros y de pincelillos para los ultimos retoques, y de repente salio de ella una garza real merina, y el maquillador retrocedio horrorizado.
Pasaron de nuevo por la pesada puerta metalica, atravesaron la parte posterior del estudio y llegaron finalmente al centro del decorado.
Una docena de maquinistas acababan de instalar el pesado aparato montado sobre neumaticos y cuya plataforma soportaba el peso de la camara, del cameraman, Andre, y de san Cristobal, patron de los automovilistas, que se habia colado sin que nadie se diese cuenta por un agujero del tejado.
Con el ojo pegado al visor, Andre maniobraba la camara en todas direcciones. Un ayudante con los pies desnudos en unas sandalias, pantalon corto de tela azul, bajito, fornido de cabellos muy rubios y por anadidura bigotudo, dirigia la maniobra del carro siguiendo las indicaciones de Andre. San Cristobal observo, encontro que el espectaculo carecia de interes, y desaparecio rodeado por un halo dorado.
Los ocho musicos ocuparon su lugar y se repartieron como la vez anterior sobre el pequeno estrado reservado para sus evoluciones.
De hecho, por todas partes habia estalactitas de cristal estriado, pegadas mediante guirnaldas a alambres invisibles, asi como tubos de vidrio curvado que imitaban pequenos surtidores de agua alrededor de la gran columna mas cercana a la entrada.
La script-girl, rubia de tono medio, bastante deslucida y de expresion vitelina, tomo asiento fuera del campo de accion y se puso a compulsar notas. Los extras se le acercaban para pedirle precisiones sobre el trabajo que se exigia de ellos, y a continuacion se dispersaban a traves del decorado, por el que ahora hormigueaban por los menos unos sesenta individuos de dispar apariencia.
De Margouillat hizo su entrada de manera indolente y con la cabeza echada hacia atras, como cabia esperar de un hombre de su categoria.
Para pasar el tiempo, la orquesta estaba interpretando en sordina On the sunny side of the street, y algunos extras bailaban.
De Margouillat desplazo a Andre de delante del visor, controlo el efecto del travelling y volvio a bajar del carro. Hizo senas a Scipion para que reclamase silencio, y con una voz estentorea Scipion lo consiguio.
– ?Luces! -ordeno De Margouillat.
Resono un bocinazo, y los proyectores se fueron encendiendo uno a uno. Entonces se dirigio hacia el director de la orquesta.
– Van a tocar una melodia ligera, y en sordina, para hacer que bailen durante la toma de vistas.
Savin hizo una senal a Patrick y a la seccion ritmica, y todos atacaron Nada mas que nosotros dos a ritmo de vals. Pero De Margouillat les hizo detenerse en el cuarto compas.
– Eso da sueno… ?No tienen otra cosa?
– Es lo que habia previsto el senor Podrido -le observo Savin, que era un enamorado de la precision.
– ?Me es igual…! ?Ademas, todo este play-back no me gusta! Hare que lo repitan, no suena suficiente. Si, grabaremos la banda sonora con una gran formacion… Vamos, vuelvan a interpretar lo que estaban tocando hace un rato.
Savin ataco los dos primeros compases de On the sunny side…
– ?Perfecto! ?Eso es…! Y, ahora, cuando yo diga ?alto!… -se volvio e hizo frente al conjunto de extras-, la orquesta no se detendra y todos ustedes seguiran bailando.
Se dirigio entonces a Robert Montlhery y a Giselle Descartes:
– Y ustedes dos, montados en el tandem, salen del hueco situado detras del senor… guitarrista, alli, y pasan por delante del segundo hueco en el momento en que la camara deja atras al director de la orquesta y en el que yo le digo ?alto!… Vamos a intentarlo por primera vez. ?Luces! -grito de nuevo.
El segundo ayudante se acerco a la orquesta con un bote de pintura negra y le pinto la espalda al guitarrista.
– Es usted demasiado transparente -le explico-. El proyector llega a verse a su traves.
Bubu Savin (era hermano del director de la orquesta) asintio segun su costumbre, es decir, sin abrir la boca y con aspecto de total despreocupacion.
Todos los extras estaban en sus respectivos lugares, unos en la pista de baile, otros en el bar y otros delante de la pequena gruta sobreelevada, al nivel de la orquesta. Se produjo un instante de intensa emocion, en el que se hubiese podido oir el grito de una mosca violada.
– ?Silencio! -berreo Scipion.
– ?Camara! -ordeno De Margouillat.
Un maquinista provisto de claqueta se acerco al objetivo y le presento el mencionado animal.
– El amigo de la senora, 358-1 -anuncio y se eclipso hacia la parte de abajo mientras que la coctelera del barman se agitaba, a su vez, delante del grueso ojo situado en lo mas profundo de su parasol negro.
– ?Musica! -ordeno De Margouillat.
