Los extras empezaron a contonearse, con aspecto de suficiencia, esforzandose, sin llegar a mirarlo nunca, por permanecer en la trayectoria del objetivo, semitapando asi, para su gran disgusto, al director de la orquesta, que tocaba un poco mas abajo que sus hombres y al que de repente le salio abominable.

– ?Alto! -ordeno De Margouillat.

La musica se detuvo en seco y la frase iniciada cayo al suelo con un ?flappp…! de carne manida. Los extras siguieron bailando, y el tandem se puso en movimiento pero no llego hasta el segundo hueco. Se oyo un ruido terrible y la risa de Giselle Descartes en tanto que Montlhery se extirpaba con muchos esfuerzos del maceton lleno de tierra de un aligustre derribado. El trombon, al verse sin vigilancia, aprovecho para escapar por segunda vez.

– ?Corten! -ordeno De Margouillat-, Volveremos a empezar.

El extra estaba sentado a una mesa situada inmediatamente a la izquierda de la orquesta, al lado de Beatrice. Nadaba en felicidad, porque se le veia en pantalla, y aprovecho la interrupcion para entablar con la joven una conversacion llena de esperanza.

– ?No es verdad que se trata de un oficio divertido? -dijo.

– Bastante mal pagado -respondio Beatrice-, y sin demasiado porvenir.

– ?Rueda usted con frecuencia?

– Con bastante frecuencia, si. Hoy resulta simpatico con orquesta y todo, pero anteayer estuve rodando una pelicula con vestidos de epoca, El Colonato, y resultaba muy pesado a causa del calor, y en los ratos perdidos no se podia hacer nada.

– Fue hace seis anos cuando tuve que dejar el Liceo -dijo el extra- y ponerme a trabajar. Al principio fui auxiliar administrativo en…

– Evidentemente -dijo Beatrice-, como no tengo ninguna otra cosa que hacer, hago esto solo para poder comprarme zapatos.

– ?Entonces no es usted figurante profesional?

– ?No! Estoy aqui para hacer amistades… Pero no se puede llegar a nada sin acostarse con alguien, y eso a mi no me interesa… por lo menos si no hay oportunidad de elegir.

El extra se sonrojo.

– Pero considero que, para un hombre -continuo Beatrice-, es el mas despreciable de los oficios. Con los demas no hablo nunca, pues son todos idiotas. No piensan mas que en meter mano.

Efectivamente, ella hacia que se pensara en eso.

– ?Luces! -ordeno en aquel momento, lleno de sentido de la oportunidad, el director de escena.

El claxon resono al instante, como si de un lagarto hungaro constipado se tratase.

Los extras se callaron y volvieron cada uno a su sitio.

– ?Camara! -ordeno De Margouillat.

Se hizo un profundo silencio.

– ?Claqueta!

– El amigo de la senora, 358-2 -anuncio el individuo interpelado.

– ?Musica!

Al segundo, la orquesta ataco On the sunny side of the street.

La camara retrocedio junto con el carro, y a continuacion empezo a girar alrededor de su eje para tomar la panoramica.

– ?Alto! -ordeno De Margouillat en el instante en que el objetivo acababa de dejar atras al director de la orquesta.

La musica se detuvo. El tandem arranco correctamente esta vez y fue a detenerse justo delante de la entrada del decorado.

– ?Corten! -dijo De Margouillat.

– Habra que volver a empezar -dijo Andre-. No habia pelicula en la bobina. Acabo de darme cuenta…

La orquesta iniciaba su quincuagesimo tercer coro de On the sunny side of the street, y esta vez iba a ser la definitiva. Pero la melodia les rebosaba ya por los ojos, y el trombon aprovecho la ocasion para escapar una vez mas de las manos de su propietario, yendo a ocultarse bajo el piano, de donde hubo que sacarlo a martillazos.

Un extra le dijo a una extra:

– ?La musica de la pelicula es de Coco Podrido?

– Si -respondio ella.

– Pues no esta mal, me parece un buen tema…

El director de la orquesta le oyo y se desvanecio, pues todo el mundo sabe que On the sunny side… es de Rimsky-Korsakoff.

El extra se dispuso a continuar con Beatrice la conversacion tan dificultosamente mantenida, hay que decirlo, mas ella se levanto y se acerco a los musicos, la mayoria de los cuales le parecia que disponian de una estatura adecuada. Un ayudante se adelanto hasta el rincon donde el extra permanecia sentado.

– Quitese de ahi -le dijo-. Tengo que poner un proyector en su lugar.

– ?Ah, si? -dijo el extra.

Y se alejo por propia voluntad para no resultar barrido.

VII

Mientras los maquinistas colocaban los rieles curvos destinados al proximo travelling, el director de la orquesta, recuperado ya y deseoso de interpretar un rato alguna otra cosa, inicio Let me dream en sordina, y su seccion ritmica tambien se puso en marcha poco a poco.

Los y las extras volvieron a agarrarse los unos a los otros, y bailaron de nuevo en el plato.

La melodia era lenta, desde luego nada impresionante, y el extra se enardecio hasta el punto de atreverse a invitar a una soberbia y alta muchacha de firmes carnes, con aspecto de maniqui, con los parpados azules, pelo de un rubio ardoroso, y una curiosa nariz que apenas era una sospecha respingona.

– Resulta agradable -dijo el extra- disponer de una orquesta para entretenerse mientras no se filma.

En el mismo momento, cometio el lamentable error de aplastar el pie izquierdo de la muchacha, lo que contribuyo a comprometer el caracter afirmativo de la esperada respuesta. Inmediatamente prosiguio:

– ?Rueda usted con frecuencia?

– En estos momentos no enormemente -dijo ella.

– Cuando, hace ya seis anos -dijo el extra-, me emplee como auxiliar administrativo, despues de haber salido del Liceo…

– ?Es tan joven como eso? -dijo la muchacha.

Resultaba muy ligera, casi inaprehensible, y le seguia que daba gusto, incluso cuando cometia errores.

– Pues bien -continuo el-, fui auxiliar administrativo durante…

– Le hubiera echado treinta anos -dijo ella.

– ?Cual es su nombre? -le pregunto el.

– Muriel…

– Lo que le iba diciendo, Muriel -continuo el extra-. Me gusta mucho el oficio al que me dedico ahora. ?No es verdad que la figuracion resulta divertida?

– Nunca me he dedicado a esto de manera regular -dijo Muriel-. Soy bailarina. Y realmente me parece imposible que nadie pueda contentarse con este oficio. Hay que hacer otras cosas.

– Si -dijo el extra, embarazado… Y, para recuperarse, continuo-: Voy a aprender a tocar el clarinete…

La orquesta se detuvo.

– Pidale informes a ellos -dijo Muriel-. Son muy amables, y ademas tocan muy bien.

El director del grupo bajaba en aquel momento del estrado.

– ?Puedo invitarla a bailar? -le pregunto.

– Claro que si -dijo Muriel con una sonrisa y entornando los ojos. Todo su rostro sonreia.

– Toca I didn't know about you, Mercaptan. Esa musica me inspira.

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