Abandonado otra vez, el extra les contemplo mientras bailaban. Ella era muy alta, por lo menos un metro setenta y cinco con los tacones.
Al final de la pieza Muriel se escapo, pues salia tambien en el plano siguiente. La orquesta no figuraba en el, pero dejo de tocar para permitir al camara dar instrucciones a los actores sin necesidad de gritar.
El director del grupo se sento en el borde de la parte sobreelevada que constituia el piso de la pequena gruta situada a la derecha de la orquesta. Por casualidad, se habia situado justo al lado de Beatrice.
– ?Se llama verdaderamente Beatrice? -le pregunto.
– Si…
– Es un nombre muy bonito… Y ademas me trae algunos recuerdos…
Se levanto, con inquietud, a medias, y paso la mano por el lugar en el que estaba sentado.
– ?Voy a ponerme hecho un asco! -dijo-. Todo esto esta lleno de yeso.
Al sentarse, ella se habia levantado la falda.
– ?Si pudiera hacer lo mismo que usted… -dijo el-. En fin, acabo de acordarme de que era lo que su nombre me recordaba…
Empezo a decirlo con toda intencion:
– Beatrice, delante del…
– ?Oh, no! -protesto ella.
– Seguro que es la trescientas ocho vez que se lo dicen desde esta manana, ?a que si?
– Desde luego, no es usted nada ingenioso -contesto la joven.
– No lo he dicho por lo que piensa -dijo el-, sino a causa de Mercaptan.
Este ultimo acababa de levantarse y estaba justo delante de ella.
– ?De el? -protesto Beatrice-, ?Ah, no, eso si que no!
– ?Y por que no? -dijo el director de la orquesta-, Nunca se sabe. ?Acaso no le parece que Mercaptan es un tio guapo?
Mercaptan tomo asiento a la derecha de Beatrice.
– Tu, tranquila -le dijo.
– ?Su estilo es tutear a todo el mundo? -pregunto ella.
Adopto aspecto de sentirse muy molesta y se levanto. Mercaptan la siguio.
Doddy ocupo el lugar que habia quedado libre al lado del director del grupo. Desde el se veia a Muriel sentada enfrente, en un sillon de junquillo, bajo la luz de los proyectores, y junto a la mesa de las primeras figuras.
El extra fue a sentarse al lado de Doddy.
Con los musicos se sentia en confianza.
– ?Que te parece, Doddy? ?La ves bien? -dijo el director de la formacion.
– Sensacional -murmuro Doddy.
Muriel acababa de levantarse para quitarse una arruga de la falda y, de perfil, volvio a sentarse ante ellos, descubriendo la totalidad de un muslo largo y vigoroso.
– Esa chica -aprecio Doddy- debe tener un culo sensacional.
– Se lo voy a decir a Madeleine -amenazo el director de la orquesta.
– Tranquilo, amigo mio. Estoy hablando desde un punto de vista puramente estetico… Tiene un culo que dan ganas de morderlo y quedarse con un buen trozo en la boca.
– A mi me apeteceria mas sobarselo un poco -observo el director-. Desde luego, parece que lo tiene duro. Te apuesto lo que quieras a que baila como Dios.
– Es bailarina -se atrevio a decir el extra.
– ?Si? -pregunto Doddy-. ?La conoce usted?
– Me lo ha dicho ella misma, pero no la conozco. La he visto hoy por primera vez.
– No la mires de esa manera, amigo mio -dijo el director de la orquesta-. Te vas a desgraciar los ojos… ?Hostia! -anadio poniendose completamente palido, pues Muriel se habia levantado de nuevo dejando al descubierto el mismo espectaculo.
– Lo hace a proposito -dijo Doddy-. Ya no aguanto mas. Es muy cansado estar aqui de figuron.
– En cualquier caso -dijo el director-, tampoco hay que exagerar. Hay otras que estan igual de buenas.
– ?Aqui? ?Me puedes senalar alguna?
– Bueno… Beatrice no esta nada mal.
– ?Pero no es lo mismo! -dijo Doddy-. ?Sabes? En cuanto a Muriel, me gustaria sacar un vaciado de sus nalgas y ponerlo encima de mi chimenea para estar viendolo continuamente.
– No -dijo el director-. A mi no me interesaria eso…
– Tiene el culo en forma de pera -dijo Doddy-, Y sabes que esto no es nada corriente… De verdad te lo digo, resulta sensacional.
– Me imagino -dijo el director- que estas pensando en la parte inferior de la pera…
Doddy reflexiono unos instantes.
– …Porque -prosiguio el director-, si piensas en la parte de arriba, como suele hacerse,, la cosa no resulta muy bonita…
– Espera -dijo Doddy-, Dejame pensar un poco sobre eso.
– Pues esta claro -dijo el director-, ?Y por que, en tal caso, no pensar en una manzana? Por la parte de abajo es parecida.
– Cuestion de detalle -dijo Doddy.
– Me pregunto -dijo el director- que forma tendria una pera que creciese en un pais desprovisto de gravedad. ?Seria redonda o cilindrica? Una manzana, en cualquier caso, nunca seria redonda. Tendria una invaginacion por la parte de arriba.
Doddy no respondio nada, pues Muriel acababa de levantarse por tercera vez, y el director de la orquesta tuvo que correr al bar a buscar un vaso de agua para reanimar a su amigo.
El extra le saco finalmente fuera del plato sujetandole la cabeza.
El director se reunio con Beatrice, a quien Mercaptan seguia estrechando el cerco. Y ello sin dejar de tutearla.
– Digame -le pregunto ella senalando a Mercaptan-, ?siempre es asi?
– No lo se -dijo el director-. Es la primera vez que tocamos juntos.
– En cualquier caso -dijo ella-, no me gusta.
Se alejo, indolente, echando los hombros atras para acentuar la insolencia de su busto.
El director de la orquesta y Mercaptan se quedaron el uno junto al otro.
– Lo que a ti te pasa… -dijo Mercaptan entre dientes, viendola alejarse-, lo que a ti te pasa es que necesitas una buena azotaina.
– ?Eres partidario de dar marcha a las mujeres? -pregunto el director.
– No hay otro remedio con chicas como esa -dijo Mercaptan-, Les viene bien.
– ?Te interesaria acostarte con ella?
– No -dijo Mercaptan-. Lo que necesita solo es una buena azotaina.
– Pues a mi -observo el director- no me disgustaria en principio. Pero son cosas que un padre de familia respetable no puede permitirse. Y, ademas, como no tiene mas que diecisiete anos y medio, se arriesgaria uno a resultar condenado por corrupcion de menores.
– Insisto en que no me dice gran cosa -dijo con hipocresia Mercaptan-. Me caso dentro de ocho dias, y ese tipo de chicas no me interesa.
– ?Te parece que es un poco ligera de cascos? -pregunto el director.
– Todas lo son -dijo Mercaptan, que estaba haciendo el servicio militar.
– A mi me cae simpatica -dijo el director con elogiable franqueza.
Se callaron, pues el claxon volvio a sonar, y permanecieron en el plato durante el rodaje de la siguiente escena.
Descartes y Montlhery bajaban del tandem y entraban en el cabaret. Un maitre -el corpulento de la bata verde visto con anterioridad en los pasillos- se adelanto hacia ellos.
– Se ha producido un pequeno malentendido -dijo-. Llegaron otras personas y, como se trataba del mismo apellido, me las han colocado en la mesa que tenia reservada para ustedes.
Vocalizaba a las mil maravillas con un cierto acento meridional pronunciado, y los acompano a la mesa en la
