de la orquesta-. Se nos hablo de dos dias, ?comprende? De esto hace ya tres, y el lunes seran cuatro…

– ?Ah! Escuche -dijo De Margouillat-. Arregle ese asunto con el director de produccion. A mi no me corresponde. Yo no estoy al corriente de sus tratos con Podrido. Vaya, vaya a ver al director…

– Esta bien -dijo el de la orquesta.

Ninguno de los ocho componentes de esta tenia absolutamente nada que hacer el lunes… excepto la oficina, pero de vez en cuando tiene uno derecho a ponerse enfermo.

– Aqui no han venido a tocar, sino a hacer figuracion -dijo el director de produccion-. No puedo darles ningun suplemento porque apenas si tocan nada, y lo poco que tocan en ningun caso se conservara en la banda sonora.

– Pero si nos obligan a tocar continuamente… -observo el director de la orquesta.

– Estoy muy al corriente de las tarifas -dijo el de produccion-, y se muy bien que contratados como musicos estarian ganando mucho mas. Pero imagino que Coco Podrido les aclaro lo que venian a hacer…

– Si -dijo el director de la orquesta-, nos hablo de dos dias, y solo poner cara de tocar.

– ?Ah! Pues se equivoco… -dijo el director de produccion.

– En fin -concluyo el de la orquesta-. Intentare disponer de ocho tipos para el lunes… Pero no le aseguro nada.

No estaba ni pizca enfadado, pero le convenia haber ocasionado aquel incidente por aquello del standing.

– Intentelo, si -dijo el director de produccion-. No nos vaya a dejar tirados ahora… Espero que a partir de este momento no haya problema ninguno. ?Me entiende?

– De acuerdo -dijo el director de la orquesta, alejandose con aspecto preocupado.

Solo Mercaptan no podria, de hecho, acudir el lunes por la manana; pero apenas si se le veia mas que de espaldas, y el mayor vendria, con toda seguridad y de muy buen grado, a ocupar su sitio.

El director de la orquesta volvio sobre sus pasos y entro de nuevo en el despacho del director de produccion.

– Habia olvidado decirle… ?Tendria algun inconveniente en que mi mujer viniese al Estudio? Es un poco periodista, ?sabe? Y le gustaria asistir al rodaje de esta pelicula.

– Claro que si. Que venga -dijo el de produccion-. Nos sentiremos encantados de verla. Se lo ruego…

Ella ya estaba alli desde el mediodia. De momento, sentada a la entrada del decorado, observaba las idas y venidas de los maquinistas y de los actores.

El extra vagaba por los alrededores y fue a sentarse a su lado.

– Apenas si adelantamos -le dijo.

– Exacto -respondio la mujer.

– En Billancourt no ocurre lo mismo -aseguro el extra.

– No se que decirle -dijo ella-. La ultima vez que estuve alli, las cosas tampoco iban mejor. En todas partes cuecen habas, ?sabe…?

– En las demas profesiones -dijo el extra-, el trabajo resulta mas regular. Al salir del Liceo…

– ?Hace mucho de eso?

– Seis anos ya… Si, entonces ingrese en los Establecimientos Dupompier, donde no pude quedarme mucho tiempo, pues me aburria demasiado. Despues estuve en el despacho de un agente de cambio, pero carecia de interes como oficio. A continuacion me converti en recadero, pero solo por un corto periodo. Y en el momento actual, resultaba muy dificil encontrar trabajo…

– ?Le creo! -dijo ella.

– Por lo que estoy satisfecho a mas no poder de ser extra ahora -dijo sin convencimiento alguno-. Y me imagino que a usted tambien le debe gustar esta profesion.

– A decir verdad, no me gustaria mucho dedicarme a ella. Creo que preferiria bailar…

– ?Entonces usted no es…? -y el extra palidecio.

– Soy la mujer del director de la orquesta -respondio ella-. He venido a verle rodar.

El extra se levanto, agobiado.

– Debo ser el unico extra que hay en este Estudio -murmuro-. Cuando me dedicaba a entregar paquetes en la tienda de ultramarinos…

– ?Eso si que no! -dijo ella-. Hay muchos otros. Por lo demas, estoy segura de que llegara usted a ser alguien… Perdone, mi marido me llama… Ademas, deben ser ya cerca de las seis. Hasta el lunes, espero…

XI

– No estoy seguro de que realmente te necesitemos -dijo el director de la orquesta-, pero en cualquier caso, incluso si Vernon trae a Didier, podras distraerte mirando a las extras y los decorados.

El mayor asintio silenciosamente y esbozo una figura de danza para testimoniar su satisfaccion.

Atravesaron el rio sirviendose del puente, costearon la orilla a lo largo de unos doscientos metros, y llegaron a los Estudios.

– Aqui estamos -dijo el director de la orquesta-. No tienes mas que dar una vuelta para distraerte. Ve a que te maquillen si te divierte.

– ?Gracias, no! -dijo el mayor.

Y desaparecio en direccion al plato B, emitiendo un vapor protector de naturaleza indiscernible.

Toda la manana transcurrio poniendo a punto una escena corta en la que el gerente del supuesto establecimiento presentaba al publico a «La Sirena de las Aguas Aluminiferas», es decir, a Kiki Jacquot disfrazada para la circunstancia con una pesada capa basica de maquillaje, y con dos pastillas en las puntas de los senos.

El gerente se obstinaba en decir «iluminiferas», cosechando en cada intento un muy notable exito. Pero poco a poco perdio el dominio de si mismo y empezo a pronunciar correctamente, por lo que el plato se vacio de espectadores.

Los musicos se entretenian lo mejor que podian. Doddy hacia confidencias a Muriel sobre sus muy notables cuartos traseros, mientras Vernon y los demas celebraban una sesion de jam detras del decorado, entre las telas y las escayolas.

El extra estaba figurando por una vez en su vida, sentado a una mesa de mimbre, ante un vaso de naranjada que se llevaba a los labios a intervalos regulares cada vez que se volvia a empezar la escena.

Hacia las once, esta estaba a punto. Se rodo y todos se fueron a almorzar, contando con volver al trabajo por la tarde un poco antes de lo habitual.

Mercaptan, como estaba previsto, no habia ido. El director de la orquesta tenia razon por la cual la joven acabo acostandose con Mercaptan el miercoles siguiente, vispera del matrimonio de este. Nadie llegaria a saberlo nunca, pues la figuracion termino el lunes por la noche; aunque algunos llegaron a presentirlo, ya que Mercaptan habia asegurado repetidamente: 1.°) que la cosa no le interesaba, y 2.°) que el lunes no podria en absoluto ir. Advertencia no obstante la cual, a partir de las tres de la tarde, se le vio aparecer y volver a tomar contacto, y justo en aquel momento se empezaba de nuevo a rodar.

– ?Luces! -ordeno De Margouillat.

– ?Luces! -berreo Scipion.

– ?Camara!

– ?Musica!

Ahora les vendra muy bien el swing de allende el Atlantico, y la pareja Montlhery-Descartes empezo a pernear perdidamente, a la moda de tres anos antes.

Didier, a quien Vernon habia llevado, doblaba a Mercaptan, y el mayor, desocupado, acababa de colocar dos cargas de dinamita debajo del piano. A continuacion desmonto el extintor y reemplazo su contenido liquido por gasolina extraida del deposito del coche azul, que era el orgullo de De Margouillat.

Una vez acabada dicha tarea se durmio, atravesado en el pasillo.

– Me parece -observo la script-girl en el momento en que iba a recomenzarse la escena-, que uno de esos senores estaba ayer en estado de ligera ereccion.

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