bajo el brazo.
– Bueno, en realidad no te ha llamado ladron pero lo dio a entender. Dijo que nunca volveria a entrar en tu tienda.
Sydney suspiro.
– Pense que reaccionaria de ese modo. Bien, tendremos que tomarlo con dignidad. Despues de todo, no nos han comprado nada en estos ultimos anos. -Siguio mirando el paquete-. ?Esta ahi?
Aquel era el momento. Me acerque a un rayo de sol que entraba por los ventanales, saque el papel marron que envolvia la caja y la abri. El sol hizo brillar las piedras de vidrio y Sydney quedo con la boca abierta.
– ?Es maravilloso, Larry! ?Es realmente maravilloso! ?Te felicito! Y ahora, tengo que poner manos a la obra. -Me quito la caja de las manos, volvio a mirar el collar y cerro la caja. La prueba primera y mas importante parecia haber tenido exito.
– Traere algunos disenos para que los discutamos. Tengo todo el fin de semana por delante.
– Eso me recuerda, Sydney, que he dejado mi coche en Luceville. Manana ire a buscarlo en avion y regresare conduciendo. ?Te parece bien que me tome el lunes libre?
– Por supuesto, para entonces ya tendre algo preparado. -Lo vi acercarse al Picasso, sacarlo de la pared y abrir la caja fuerte que se escondia detras. Conocia aquella caja, era complicada y altamente sofisticada: nada facil de abrir sin meterse en lios. Coloco la caja con el collar dentro, cerro la caja fuerte y volvio a colgar el cuadro. Me miro, radiante-. No te comprometas el martes por la tarde, Larry. Ven a verme aqui. Cenaremos juntos y despues estudiaremos los disenos… ?Te parece a las ocho?
– Muy bien. Bueno, Sydney, vuelvo a la tienda.
En el taxi, camino de la joyeria, pense que en menos de veinticuatro horas volveria a ver a Rhea.
CAPITULO SEIS
Poco despues de las once llegue al bungalow de los Morgan. No habia senales de vida exceptuando la puerta abierta.
Sali del coche, atravese el accidentado camino y me asome a la sala.
Rhea estaba sentada junto a la mesa leyendo el periodico. Levanto la mirada y quedo sorprendida.
Verla desperto en mi la desesperada necesidad que tenia de poseerla. «?Dios, esto si es una mujer!», me dije. «La mas excitante, la mas endiablada, la mas deseable del mundo!» Llevaba el mismo vestido de algodon y las mismas perlas azules baratas; parecia el simbolo de la lujuria decadente.
– ?Tu? -exclamo, y se reclino contra la silla-. ?Que es lo que quieres, Rata?
Entonces, surgio dentro de mi aquella furia loca que era incapaz de controlar. Avance tres pasos y le pegue en la cara, haciendola caer.
– ?No me llames asi! -le grite, y me prepare esperando que saltara sobre ?ni, pero no lo hizo. Permanecio sentada, tocandose la cara con los ojos abiertos por la sorpresa.
– Buen trabajo, amigo -dijo Fel, entrando en la habitacion-. Asi hay que tratar a esta perra. Suponia que volveriamos a verte pronto. Ponte comodo. Esta es tu casa.
Le ignore y segui mirando a Rhea.
– Si alguna vez vuelves a ponerme la mano encima, te arrepentiras -me dijo, sin demasiada conviccion. Cuando mi rabia comenzo a calmarse, tuve la sensacion de que la habia estado manejando mal, con mis ruegos y suplicas. Recorde como le habia pegado su hermano. Tal vez ella respetara a un hombre que la tratara con rudeza.
– Si vuelves a llamarme Rata volvere a golpearte -le dije, y fui a sentarme en el destartalado sillon-. He venido a hablar con vosotros. Quiza, si teneis pelotas suficientes podamos robar unos diamantes.
Rhea me miro como si me hubiese vuelto loco y Fel solto una carcajada.
– ?Lo ves? Te dije que este tipo tenia pelotas, perra estupida -dijo a Rhea-, y no querias creerme. Te dije que estaba bien. Lo se… puedo olerlos a un kilometro de distancia.
– ?Callate! -le ordeno Rhea, sin apartar la mirada de mi-. ?Que quieres decir?
– A pesar de que tengo dinero -empece-, no tengo lo suficiente… ?Quien lo tiene? ?Vosotros quereis dinero? ?Por que no os unis a mi y lo conseguimos?
Se inclino hacia delante con los ojos brillantes.
– ?Como?
– Os molestasteis en averiguar quien era yo -les dije- y yo, evidentemente, me moleste en averiguar quienes erais vosotros. Se que estuviste en dos pequenos atracos y que os dieron cuatro y cuatro anos. Poco tiempo. Si tu y tu hermano teneis pelotas para volar alto, podria haber medio millon para vosotros.
Fel contuvo el aliento al oir la cifra y Rhea apreto los punos, excitada.
– ?En serio? ?Medio millon? -pregunto Fel, con voz ahogada.
– No he venido a perder el tiempo. Hablo en serio. Medio millon para vosotros y medio para mi.
– A mi no me enganas -declaro Rhea-. ?Que hay detras de toda esta mierda? No creeras que me enrollas con toda esa palabreria, ?no? ?No he nacido ayer! ?Medio millon! ?Ja, ja!
– ?Cierra ese maldito pico! -le grito Fel-. ?La mierda eres tu! Te dije que este tipo era de los buenos. Trabajaba con los grandes. -Se volvio hacia mi-. Cuentame algo mas, no la escuches a ella… Siempre ha tenido el cerebro enano. ?Que es esa historia del medio millon? ?Dios mio! ?Todo lo que haria con tanto dinero!
– Esta alli para que nos sirvamos -dije-. Lo unico que tendreis que hacer es entrar a robarlo y listo.
– ?Te refieres a entrar en tu tienda y limpiarla? -pregunto Fel, asombrado.
– ?No seas idiota! Si hicieras eso estarias en la carcel tan rapido que ni siquiera te darias cuenta de como habias llegado alli. No… este trabajo es facil, seguro y limpio.
– ?Y tu, que haras? -me pregunto Rhea, mientras me estudiaba con sus ojos frios cargados de sospecha-. ? Quedarte a un lado mientras nosotros hacemos el trabajo y si todo sale mal esconderte?
– Nada puede salir mal. Es simple -dije-. Yo organizo el trabajo y vendo los diamantes. Sin mi, no hay dinero. Pero si no teneis las pelotas suficientes para hacerlo, decidmelo y encontrare a otro.
– ?Demonios! ?Como ha cambiado este tio desde la ultima vez que lo vimos! -Habia una nota de admiracion en la voz de Fel-. ?Que le ha pasado, caballero?
– Os metisteis dentro de mi… Me hicisteis pensar. -Mire a Rhea-. He decidido no esperar a convertirme en un viejo decrepito y estupido. He decidido ser rico ahora.
Ella seguia mirandome con desconfianza.
– ?Y cual es el trabajo? -me pregunto con el entrecejo fruncido, pero yo sabia que habia despertado su interes-. No des mas rodeos. Di de que se trata.
Habia ido preparado. Saque una fotografia del collar de la senora P. y la puse sobre la mesa, frente a ella.
– Se trata de esto: un millon ochocientos mil dolares en diamantes.
Fel se inclino sobre el hombro de su hermana. Los observe y por sus repentinas miradas de avaricia supe que los habia enganchado, como a Sydney.
Luego, Rhea me miro.
– Si saliera mal nos podrian caer veinte anos.
– ?Mierda! -grito Fel-. ?No puedes cerrar el pico? ?Siempre tienes que dar la nota de pesimismo en todos los trabajos? ?Por que no te callas?
– Porque yo he estado en la carcel… y tu no -respondio ella-. Hablas como el estupido que eres.
– No habra carcel -interrumpi-. Dejadme explicaros.
Pase entonces a relatarles la historia del collar de la senora P., les mostre los recortes de los periodicos y las fotos de la prensa en que ella llevaba el collar. Les conte como se habia endeudado en el juego y por que tenia que vender el collar en secreto. Como mi jefe lo habia comprado por un precio irrisorio y como pensaba transformar los diamantes en otro collar y obtener una buena ganancia.
– Ese egoista hijo de puta solo me ofrece el dos por ciento de la venta -conclui-, asi que pienso llevarme el collar. En mi posicion, puedo vender las piedras por un millon. Lo repartire a medias con vosotros dos. ?Es mas que justo, no? -dije, repitiendo las palabras de Sydney.