– ?Recibio su marido alguna llamada despues de la cual pareciera preocupado o decaido? ?O una carta? ?Estaba tenso ultimamente?

– En absoluto.

– Si me permite volver sobre mi primera pregunta, ?dio su marido algun indicio de tener esa orientacion?

– ?Hacia los hombres? -dijo ella con voz aspera de incredulidad y de algo mas. ?Repugnancia?

– Si.

– No, nunca. Es horroroso, execrable. No le consiento que diga eso de mi marido. Leonardo era un hombre.

Brunetti observo que apretaba los punos.

– Le ruego que tenga paciencia conmigo, signora. Solo trato de entender las cosas y por eso tengo que hacerle estas preguntas acerca de su marido. Ello no significa que yo sospeche de el.

– ?Por que pregunta entonces? -pregunto ella con voz destemplada.

– Para que podamos descubrir la verdad acerca de la muerte de su marido, signora.

– No contestare esas preguntas. Es una indecencia.

El deseaba decirle que el asesinato tambien es una indecencia, pero se limito a preguntar:

– Durante las ultimas semanas, ?parecia diferente su marido?

Como era de esperar, ella dijo:

– No se a que se refiere.

– Por ejemplo, ?dijo algo acerca del viaje a Mesina? ?Parecia complacido o reacio a hacer el viaje?

– No; parecia como siempre.

– ?Y como estaba siempre?

– Tenia que ir. Era su trabajo y tenia que hacerlo.

– ?Le dijo algo del viaje?

– No; solo que tenia que irse.

– ?Y durante estos viajes nunca la llamaba por telefono?

– No.

– ?Por que, signora?

Ella parecio comprender que el no pensaba desistir, y contesto:

– El banco no autorizaba a Leonardo a cargar las llamadas particulares a su cuenta de gastos. A veces llamaba a un amigo al despacho y le pedia que me llamara de su parte, pero no siempre.

– Comprendo -dijo Brunetti. Director de banco, y no podia pagar de su bolsillo una llamada a su mujer.

– ?Tuvieron hijos usted y su marido, signora?

– No -respondio ella rapidamente.

Brunetti abandono esta via y pregunto:

– ?Tenia su marido alguien de confianza en el banco? Antes se ha referido usted a un amigo. ?Podria darme su nombre?

– ?Por que quiere hablar con el?

– Quiza su marido le dijera algo, o quiza dejara traslucir lo que sentia acerca del viaje a Mesina. Me gustaria hablar con el amigo de su marido, para averiguar si observo algo raro en su conducta.

– Estoy segura de que no.

– De todos modos, deseo hablar con el y le agradecere que me de su nombre, signora.

– Marco Ravanello. Pero no podra decirle nada. A mi marido no le pasaba nada raro. -Lanzo a Brunetti una mirada llameante y repitio-: Mi marido no tenia nada raro.

– No la molesto mas, signora -dijo Brunetti levantandose y yendo hacia la puerta-. ?Ya se han hecho los preparativos para el funeral?

– Si; la misa es manana. A las diez.

No dijo donde, ni Brunetti pregunto. Era una informacion facil de conseguir, y tenia intencion de asistir.

El comisario se paro en la puerta.

– Muchas gracias por todo, signora. Le ruego que acepte mi pesame y tenga la seguridad de que haremos cuanto este en nuestra mano para encontrar al culpable de la muerte de su marido.

?Por que suena mejor «muerte» que «asesinato»?

– Mi marido no era de esos. Ya lo vera. El era un hombre.

Brunetti no le dio la mano sino que se limito a inclinar la cabeza antes de abrir la puerta para marcharse. Mientras bajaba la escalera, pensaba en la ultima escena de La casa de Bernarda Alba, en que la madre, desde el centro del escenario, grita al publico y al mundo que su hija ha muerto virgen, que ha muerto virgen. Para Brunetti solo tenia importancia la muerte en si; todo lo demas era accesorio.

Al llegar a la questura, pidio a Vianello que subiera a su despacho. Como estaba dos pisos mas arriba, alli podria captarse mas facilmente cualquier asomo de brisa. Cuando llegaron arriba, Brunetti abrio las ventanas, se quito la chaqueta y pregunto al sargento:

– Vamos a ver, ?ha podido averiguar algo sobre la Liga?

– Nadia dice que tendriamos que ponerla en nomina por esto, dottore -dijo Vianello sentandose-. Este fin de semana se ha pasado dos horas al telefono hablando con sus amigas. Muy interesante, esta Lega della Moralita.

Vianello tenia que contarlo a su manera, Brunetti lo sabia, pero, para suavizar el proceso, dijo:

– Manana por la manana me acercare a Rialto a comprarle unas flores. ?Cree que sera suficiente?

– Ella preferiria tenerme en casa el sabado -dijo Vianello.

– ?Que servicio tiene?

– En principio, debo estar en el barco que ha de traer del aeropuerto al ministro del Medio Ambiente. Pero todo el mundo sabe que el ministro no vendra a Venecia, que anulara el viaje en el ultimo minuto. ?Imagina que va a venir en pleno agosto, con la ciudad apestando a algas podridas, para hablar de proyectos medioambientales? -Vianello rio burlonamente; su interes por el nuevo partido Verde era otra de las consecuencias de sus recientes experiencias medicas-. Asi que me gustaria no tener que perder la manana en el aeropuerto para que luego resulte que el no viene.

Su razonamiento parecia a Brunetti completamente logico. El ministro, en palabras de Vianello, no se atreveria a presentarse en Venecia en el mes en que la mitad de las playas de la costa adriatica estaban cerradas a los banistas a causa de la contaminacion, una ciudad en la que se acababa de saber que el pescado que constituia la base de la alimentacion de su poblacion contenia unos indices peligrosos de mercurio y otros metales pesados.

– Vere lo que puedo hacer -dijo Brunetti.

Satisfecho con la perspectiva de conseguir algo mas que unas flores, que sabia que Brunetti no dejaria de comprar, Vianello saco la libretita y empezo a leer el informe redactado con los datos recogidos por su esposa.

– La Liga se fundo hara unos ocho anos, nadie sabe exactamente por quien ni para que. Puesto que se supone que se dedica a las buenas obras, tales como llevar juguetes a los orfanatos y comidas a domicilio a los ancianos, siempre ha tenido buena reputacion. Con los anos, el municipio y algunas de las iglesias le han cedido la administracion de apartamentos vacantes que alquila a bajo precio o cede gratuitamente a ancianos o disminuidos. -Vianello interrumpio un momento la lectura y explico-: Como todos sus empleados son voluntarios, se le concedio el titulo de institucion benefica.

– Lo cual significa -apostillo Brunetti- que no esta obligada a pagar impuestos y que el Gobierno la hara objeto de la cortesia habitual de no inspeccionar sus cuentas o, si acaso, solo someramente.

– Somos dos corazones que laten al unisono, dottore. -Brunetti ya sabia que Vianello habia cambiado de filiacion politica, pero ?tambien de retorica?-. Lo mas curioso, dottore, es que Nadia no ha podido hablar con alguien que perteneciera a la Liga. Porque resulta que ni siquiera la mujer del banco es miembro. Muchos decian que conocian a alguien que creian que era miembro y luego resultaba que no estaban seguros. Hablo con dos de estos presuntos miembros y dijeron

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