– Si -aseguro Patrik tratando de reprimir el recuerdo de la cara de Cia y los ninos. Sobre todo la expresion de los ojos de Ludvig, tan parecidos a los de Magnus, la conservaria mucho tiempo en la retina-. Al menos ahora lo saben. A veces creo que la incertidumbre es peor -dijo sentandose junto a Erica, de modo que Maja quedo entre los dos. La pequena se paso de un salto a las rodillas de Patrik, donde dispondria de mas espacio, y apreto la cabeza en el pecho de su padre. Patrik le acaricio la melena rubia.

– Si, supongo que tienes razon. Por otro lado, es muy duro perder la esperanza. -Vacilo un instante-. ?Teneis idea de lo que paso?

Patrik nego con un gesto.

– No, todavia no sabemos nada. Absolutamente nada.

– ?Y de las cartas de Christian? -pregunto Erica, que debatia consigo misma. ?Debia referirle su excursion de hoy a la biblioteca y sus reflexiones sobre el pasado de Christian? Finalmente, decidio abstenerse. Esperaria hasta haber averiguado algo mas.

– Aun no he tenido tiempo de ponerme con ello. Pero hablaremos con la familia y los amigos de Magnus, y entonces creo que abordare el asunto con Christian.

– Esta manana le preguntaron por las cartas en el programa Nyhetsmorgon -dijo Erica con un escalofrio al recordar su participacion y en lo que debio de pasar Christian en la emision en directo.

– ?Y que dijo?

– Le resto importancia, pero se noto que se sentia presionado.

– No es de extranar. -Patrik le dio a Maja un beso en la cabeza-. ?Que te parece si preparamos algo de cenar para mama y los bebes? -Se levanto y cogio en brazos a la pequena, que asintio encantada-. ?Que hacemos? ?Salchicha de caca con cebolla?

Maja rompio a reir con tal impetu que sufrio un ataque de hipo. Era una nina muy madura para su edad y acababa de descubrir el gran placer del humor del caca-pedo-culo-pis.

– No, mejor no -dijo Patrik-. Mejor unos palitos de pescado con pure, ?no? Guardamos las salchichas de caca para otro dia.

Maja parecio reflexionar un instante. Finalmente, asintio magnanima. Cenarian palitos de pescado.

Sanna iba y venia de un lado para otro. Los ninos estaban en la sala de estar viendo el programa infantil Bolibompa, pero ella era incapaz de mantenerse quieta. Daba vueltas y mas vueltas por la casa, con el movil en el puno cerrado. De vez en cuando, marcaba el numero.

Sin respuesta. Christian llevaba todo el dia sin responder al telefono, y ella se fue imaginando una serie de escenas dramaticas. Sobre todo desde que la noticia sobre Magnus tenia conmocionada a toda Fjallbacka. Habia mirado su correo mas de diez veces a lo largo del dia. Era como si algo estuviese creciendole en el interior, algo que se volvia cada vez mas fuerte y que empezaba a exigir que lo rebatiese o que lo confirmase. En el fondo de su alma deseaba sorprenderlo en algo. Entonces la certeza le proporcionaria una via de escape para toda la angustia y todo el miedo que la corroian por dentro.

En realidad, sabia que no estaba actuando bien. Con aquella necesidad de control y con tantas preguntas sobre a quien veia y que pensaba, lo unico que conseguia era que Christian se alejara cada vez mas. Desde un punto de vista racional, era consciente de ello, pero era una sensacion tan intensa… la que le decia que no podia confiar en el, que le ocultaba algo, que ella no era suficiente. Que no la queria.

Aquella idea le resultaba tan dolorosa que se sento en el suelo de la cocina y se abrazo las rodillas. El frigorifico le zumbaba en la espalda, pero ella apenas lo notaba, solo advertia el agujero que tenia dentro.

?Donde estaba? ?Por que no la llamaba? ?Por que no lograba localizarlo? Volvio a marcar el numero resuelta. Oyo sonar una senal tras otra, pero el seguia sin responder. Se levanto y se acerco a la mesa de la cocina, donde estaba la carta. Hoy habia llegado otra. Sanna la abrio enseguida. El texto era tan criptico como siempre. Sabes que no puedes huir. Yo existo en tu corazon, por eso no puedes esconderte, aunque vayas al fin del mundo. Conocia bien aquella letra plasmada con tinta negra. Cogio la carta con mano temblorosa y se la llevo a la nariz. Olia a papel y a tinta. Ni rastro de perfume ni nada parecido que desvelase algun detalle sobre el remitente.

Christian insistia con la tozudez de un loco en que no sabia quien le escribia, pero ella no lo creia. Asi de sencillo. Se le desperto la ira, arrojo la carta sobre la mesa y salio corriendo escaleras arriba. Alguno de los ninos la llamaba a gritos desde el sofa, pero ella no le presto atencion. Tenia que saber, tenia que buscar respuestas. Era como si otra persona se hubiese apoderado de su cuerpo, como si ya no pudiera gobernarlo.

Empezo por el dormitorio, fue abriendo los cajones de la comoda de Christian y sacando el contenido. Reviso meticulosamente todo lo que habia y tanteo con la mano el interior de lo que, a simple vista, parecian cajones vacios. Nada, nada en absoluto, salvo camisetas, calcetines y calzoncillos.

Sanna miro a su alrededor en la habitacion como buscando algo. El armario. Se acerco a los armarios que ocupaban toda la pared del fondo y empezo a examinarlos a conciencia uno a uno. Fue arrojando al suelo todo lo que Christian tenia alli. Camisas, pantalones, cinturones y zapatos. No hallo nada personal, nada que le procurase mas informacion sobre su marido o que le ayudase a atravesar el muro que el habia construido a su alrededor.

Cada vez mas rapido, fue sacandolo todo. Al final solo quedaron su ropa y sus cosas. Se desplomo en la cama y paso la mano por la colcha, la que le habia cosido su abuela. Todas aquellas cosas que ella tenia y que decian quien era y de donde procedia. La colcha de la abuela materna, el tocador de su abuela paterna, los collares que le dejo su madre. Todas aquellas cartas de amigos y familiares que ella guardaba en los cajones del armario. Los anuarios escolares, primorosamente apilados en una estanteria, la gorra de la graduacion, a buen recaudo en una sombrerera, junto al ramo de novia ya seco. Un monton de pequenos objetos que narraban su historia, su vida.

De pronto tomo conciencia de que su marido no tenia nada de aquello. Ciertamente, el era menos sentimental que ella y no tan proclive a guardar cosas, pero algo debia tener. Nadie pasaba por la vida sin aferrarse a aquello de que se componian los recuerdos.

Aporreo la cama con los punos. La incertidumbre le martilleaba el corazon. ?Quien era Christian, en realidad? Se le ocurrio una idea, se quedo quieta. Habia un lugar en el que no habia mirado. El desvan.

Erik daba vueltas a la copa entre los dedos. Observaba el rojo intenso del vino, mas claro cerca del borde. Senal de que se trataba de un vino joven, segun habia aprendido en uno de los multiples cursos de cata a los que habia asistido.

Toda su existencia estaba a punto de derrumbarse, y no podia comprender como habia sucedido. Era como si se lo hubiese llevado una corriente tan fuerte que no pudiera vencerla.

Magnus estaba muerto. Se le habian juntado las dos noticias, asi que solo ahora empezaba a asimilar la informacion que le habia proporcionado Louise. En primer lugar, ella le conto que habian encontrado a Magnus muerto y, casi al mismo tiempo, el anuncio del embarazo de Cecilia. Dos sucesos que lo conmocionaron en lo mas hondo y de los que tuvo conocimiento en el transcurso de unos minutos.

– Al menos podrias contestar, ?no? -le dijo Louise con voz afilada.

– ?Que? -pregunto Erik, y cayo en la cuenta de que Louise le habia dicho algo, pero que el no se habia enterado-. ?Que has dicho?

– Te preguntaba donde estabas hoy, cuando te mande el mensaje con lo de Magnus. Primero llame a la oficina, pero alli no estabas. Luego te llame al movil varias veces, pero saltaba el contestador. -Articulaba mal, seguramente llevaria toda la manana bebiendo.

Sintio tal asco que se le agolpo en la boca la saliva que, al mezclarse con el vino, adquirio un sabor amargo a acero. Le repugnaba que Louise hubiese abandonado su existencia. ?Por que no podia calmarse y dejar de mirarlo con aquella mirada de martir y el cuerpo lleno de vino de carton?

– Habia salido por un asunto.

– ?Un asunto? -Louise tomo un trago de su copa-. Pues si, ya me imagino yo de que asunto se trata.

– Dejalo, anda -dijo Erik en tono cansino-. Hoy no. Hoy no, no es el dia adecuado.

– Vaya, ?y por que hoy no? -Le hablaba en tono beligerante y Erik sabia que tenia ganas de discutir. Las ninas llevaban ya un rato dormidas y ahora estaban solos. El y Louise.

– Han encontrado muerto a uno de nuestros mejores amigos. ?Por que no tenemos la fiesta en paz?

Louise guardo silencio. Erik se dio cuenta de que se sentia avergonzada. Por un momento, recordo a la joven

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