-explico Siegfried-. Piensa que deberiamos traer a los bonobos al Centro de Animales y esconderlos de alguna manera.
– Quiero que se queden en la isla -repuso Raymond con enfasis-. Ese fue el acuerdo con GenSys. Si sacamos a los animales de alli podrian anular el trato. Estan paranoicos con el tema de la publicidad.
– Lo se -dijo Siegfried-. Es lo que le dije a Bertram. El lo entiende, pero quiere dejar las jaulas alli por las dudas. No veo ningun problema en eso. De hecho, creo que es bueno estar preparado para cualquier imprevisto.
Raymond se paso una mano por el pelo con nerviosismo.
No queria ni oir hablar de imprevistos.
– Queria preguntarle como desea que resolvamos el asunto con Kevin y las mujeres -dijo Siegfried-. Pero ahora que podemos explicarle lo del humo, y despues de haberle dado un buen susto, creo que tenemos la situacion controlada.
– No llegaron a la isla, ?verdad? -pregunto Raymond.
– No, solo a la zona de estacionamiento.
– Tampoco me gusta que la gente vaya husmeando por ahi -respondio Raymond.
– Lo entiendo -asintio Siegfried-. Por las razones que ya le he mencionado, no creo que Kevin vuelva. Pero, por las dudas, mandare estacionar alli a la guardia marroqui y a un contingente de soldados ecuatoguineanos durante varios dias, siempre y cuando usted lo considere oportuno.
– Esta bien -acordo Raymond-. Pero digame, ?que piensa sobre el humo que sale de la isla, suponiendo que Kevin tenga razon?
– ?Que pienso yo? -repitio Siegfried-. Me importa un bledo lo que esos animales hagan alli mientras permanezcan en su sitio y se mantengan sanos. ?A usted le preocupa?
– En absoluto -respondio Raymond.
– Quiza deberiamos enviarles un par de balones de futbol -dijo Siegfried-. Es posible que asi se entretengan. -Rio a carcajadas.
– No creo que esto sea motivo de risa -replico Raymond irritado. Aunque apreciaba la actitud autoritaria y disciplinada de Siegfried, este no acababa de caerle bien. Se lo imagino sentado ante su escritorio, rodeado de los animales desecados y los craneos que tenia sobre la mesa.
– ?Cuando vendra a recoger al paciente? -quiso saber Siegfried-. Me han dicho que se recupera de maravilla y que esta listo para volver.
– Eso he oido. Llamare a Cambridge, y en cuanto este listo el avion de GenSys ire hacia alli. Supongo que llegare en un par de dias.
– Aviseme antes. Enviare un coche a recogerlo a Bata.
Raymond colgo el auricular y dejo escapar un pequeno suspiro de alivio. Se alegraba de haber llamado a Africa, pues parte de su ansiedad se debia al preocupante mensaje de Siegfried sobre un problema con Kevin. Era reconfortante saber que la crisis habia pasado. De hecho, Raymond penso que si hubiera podido olvidar la imagen de la fotografia que lo mostraba inclinado sobre el cadaver de Cindy Carlson se habria sentido practicamente bien.
CAPITULO 13
6 de marzo de 1997, 12.00 horas.
Cogo, Guinea Ecuatorial
Kevin habia perdido la nocion del tiempo cuando un golpe en la puerta interrumpio la intensa concentracion que dedicaba a la pantalla del ordenador desde hacia varias horas
Abrio la puerta del laboratorio y Melanie entro en la estancia. Llevaba una bolsa de papel en la mano.
– ?Donde estan tus ayudantes? -pregunto.
– Les he dado el dia libre -dijo el-. Hoy no pensaba trabajar, asi que les dije que salieran a disfrutar del sol. La temporada de lluvias ha sido muy larga y regresara antes de que nos demos cuenta.
– ?Donde esta Candace? -Dejo la bolsa sobre la mesa del laboratorio.
– No lo se. No la he visto ni he hablado con ella desde que la dejamos en el hospital esta manana.
Habia sido una noche muy larga. Despues de permanecer escondidos en el refrigerador, Melanie habia convencido a Kevin y a Candace de que la acompanaran a su habitacion de guardia en el Centro de Animales. Los tres habian permanecido alli, durmiendo a ratos, hasta el cambio de turnos de la manana. Luego se habian mezclado con los empleados que entraban y salian y habian conseguido volver a Cogo sin dificultad.
– ?Sabes como ponerte en contacto con ella? -pregunto Melanie.
– Supongo que habra que llamar al hospital y pedir que la localicen con el busca -sugirio Kevin-. A menos que este en la habitacion del hostal, que seria lo mas logico, puesto que Horace Winchester se encuentra tan bien.
Llamaban 'hostal' a las habitaciones asignadas al personal temporal del hospital. Esta seccion formaba parte del complejo hospital-laboratorio.
– Bien pensado -dijo Melanie.
Levanto el auricular y pidio a la operadora que la comunicara con la habitacion de Candace. Esta respondio al tercer timbrazo. Era evidente que estaba durmiendo.
– Kevin y yo nos vamos a la isla -anuncio Melanie sin preambulos-. ?Quieres venir o prefieres quedarte aqui?
– ?De que hablas? -pregunto Kevin con nerviosismo.
Melanie le hizo senas de que se callara.
– ?Cuando? -pregunto Candace.
– En cuanto llegues. Estamos en el laboratorio de Kevin.
– Tardare mas de media hora. Tengo que ducharme.
– Te esperaremos -dijo Melanie y colgo.
– ?Estas loca? -pregunto Kevin-. Tenemos que dejar pasar un tiempo antes de arriesgarnos a volver a la isla.
– Yo no lo creo asi -repuso Melanie llevandose una mano al pecho-. Cuanto antes vayamos, mejor. Si Bertram descubre que falta una llave, podria cambiar la cerradura y estaremos otra vez como al principio. Ademas, como te dije anoche, esperan que estemos aterrorizados. Si vamos de inmediato los pillaremos con la guardia baja.
– No se si estoy en condiciones.
– ?De veras? -pregunto Melanie con arrogancia-. Eh, recuerda que fuiste tu quien nos metio la preocupacion sobre lo que habiamos creado. Y ahora estoy realmente preocupada. Esta manana he encontrado mas pruebas circunstanciales.
– ?Cuales?
– Entre en el recinto de bonobos del Centro de Animales.
Me asegure de que nadie me viera, asi que no te pongas nervioso. Me llevo mas de una hora, pero consegui encontrar a una madre con una de nuestras crias.
– ?Y? -pregunto Kevin. No estaba seguro de querer oir el resto.
– La cria caminaba de aqui para alli sobre sus patas traseras, igual que tu y yo. Lo hizo durante todo el tiempo que estuve observando -dijo Melanie. Sus ojos oscuros resplandecian con una emocion que rayaba en la furia-. La conducta que soliamos calificar de encantadora es definitivamente bipeda.
Kevin hizo un gesto de asentimiento y desvio la mirada.
La vehemencia de Melanie lo ponia nervioso y sus palabras hacian recrudecer sus miedos.
– Tenemos que determinar con certeza cual es el estado de estas criaturas -afirmo Melanie-. Y la unica forma de hacer lo es ir alli. -Kevin asintio-. Asi que he preparado unos bocadillos -dijo senalando la bolsa de papel que habia llevado con ella-. Sera como un dia de campo.
– Yo tambien he descubierto algo preocupante esta manana -dijo Kevin-. Deja que te ensene algo.
