pensar en una explicacion. Por desgracia, no se le ocurrio ninguna. Despues de todo, podria haber esperado hasta que llegara Bingham para recoger las radiografias de Franconi.
– Ya puede entrar -dijo la senora Sanford sin levantar la vista del teclado del ordenador.
La mujer habia notado que la luz del supletorio se habia apagado, lo que significaba que el jefe habia terminado de hablar por telefono.
Jack entro en el despacho y tuvo toda la sensacion de haber vivido esa experiencia con anterioridad. Un ano antes, durante una epidemia, Jack habia conseguido volver loco a su jefe, y habian tenido varios enfrentamientos similares.
– Entre y sientese -dijo Bingham con brusquedad.
Jack se sento al otro lado del escritorio. En los ultimos anos, Bingham habia envejecido notablemente y se lo veia muy mayor para sus sesenta y tres anos. Dirigio una mirada fulminante a Jack a traves de sus gafas de montura metalica.
A pesar de su piel arrugada y flacida, Jack noto que los ojos reflejaban la vehemencia y la inteligencia de siempre.
– Justo cuando empezaba a pensar que por fin se habia adaptado a este sitio, me viene con estas -dijo Bingham.
Jack no respondio. Penso que era mejor callar hasta que le hiciera una pregunta directa.
– ?Por lo menos podria explicarme por que? -pregunto
Bingham con su voz grave y ronca.
Jack se encogio de hombros.
– Por curiosidad -respondio-. Estaba intrigado y no podia esperar.
– ?Curiosidad! -gruno Bingham-. Es la misma excusa que uso el ano pasado cuando desobedecio mis ordenes y fue al Hospital General de Manhattan.
– Al menos soy coherente.
Bingham gimio.
– Y ahora su impertinencia. No ha cambiado nada, ?verdad?
– Creo que ahora juego mejor al baloncesto -respondio Jack.
En ese momento oyo la puerta, se volvio y vio a Calvin entrando en el despacho. El grandullon cruzo los enormes brazos sobre su pecho y permanecio de pie, como si fuera el guardia de un haren.
– No hay forma de entenderse con el -protesto Bingham dirigiendose a Calvin, como si Jack ya no estuviera alli-. Me habias dicho que su conducta habia mejorado.
– Y asi era hasta este episodio. -Calvin dirigio una mirada fulminante a Jack-. Lo que mas me irrita -dijo, clavando los ojos en Jack-, es que sabes perfectamente que los informes del Instituto Forense deben proceder directamente del doctor Bingham o del equipo de relaciones publicas. Vosotros no estais autorizados a divulgar informacion. Lo cierto es que este asunto esta muy politizado, y con los problemas actuales, lo unico que nos faltaba era una mala publicidad.
– Tiempo -dijo Jack-. Algo va mal. Creo que no hablamos el mismo lenguaje.
– De eso no cabe la menor duda-afirmo Bingham.
– Lo que quiero decir es que no estamos hablando de lo mismo. Cuando entre aqui, pense que iba a renirme porque convenci al portero de que diera las llaves del despacho para buscar las radiografias de Franconi.
– ?Diablos, no! -exclamo Bingham senalando con un dedo la nariz de Jack-. Es porque filtro a la prensa la historia sobre la recuperacion del cuerpo de Franconi en el deposito.
?Que pensaba? ?Que esto le ayudaria a progresar en su carrera?
– Un momento -dijo Jack-. En primer lugar, no tengo ningun mteres por progresar en mi carrera. En segundo lugar, yo no soy el responsable de que esta historia se difundiera a los medios de comunicacion.
– ?No fue usted? -pregunto Bingham.
– ?No estara sugiriendo que la responsable fue Laurie Montgomery? -pregunto Calvin.
– En absoluto. Pero no fui yo. Mire, para decirle la verdad, ni siquiera creo que esto sea noticia.
– Es obvio que los periodistas opinan lo contrario -replico Bingham-. Y tambien el alcalde, desde luego. Esta manana ya me ha llamado dos veces preguntando que clase de circo hemos organizado aqui. El caso Franconi esta haciendonos quedar mal a los ojos de todos los ciudadanos, sobre todo porque los jefes somos los ultimos en enterarnos de las noticias sobre nuestro propio instituto.
– Lo sorprendente del caso Franconi no es que su cadaver desapareciera del deposito en plena noche - aseguro Jack-, sino que el hombre aparentemente fue sometido a un trasplante de higado del que nadie sabe nada, que es dificil de detectar mediante analisis de ADN y que alguien queria ocultar.
Bingham miro a Calvin, que levanto las manos a la de fensiva.
– Es la primera noticia que tengo -dijo.
Jack resumio rapidamente sus hallazgos durante la autopsia y luego informo de los intrigantes resultados del analisis de ADN que habia hecho Ted Lynch.
– Esto suena muy extrano -admitio Bingham. Se quito las gafas y se seco los ojos humedos-. Tambien suena mal, considerando que me gustaria que el caso Franconi se olvidara pronto. Y si es verdad que ocurre algo raro, como que Franconi recibiera un higado sin autorizacion, eso no pasara.
– Hoy sabre algo mas -dijo Jack-. He pedido a Bart Arnold que se ponga en contacto con todos los hospitales que hacen trasplantes del pais, John DeVries esta en el la boratorio intentando detectar inmunosupresores, Maureen O'Connor esta haciendo los preparados histologicos, y Ted realiza un analisis de ADN con seis marcadores, que segun el nos dara la prueba definitiva. Esta tarde sabremos con seguridad si ha habido un trasplante y, si tenemos suerte, donde se llevo a cabo.
Bingham miro a Jack por encima del escritorio.
– ?Esta seguro de que no fue usted quien filtro la historia a la prensa?
– Palabra de explorador -respondio Jack levantando dos dedos en V.
– De acuerdo, me disculpo -dijo Bingham-. Pero recuerde, Stapleton, mantenga todo esto en secreto. Y deje de importunar a todo el mundo, asi yo no recibire llamadas protestando por su conducta. Tiene una habilidad especial para sacar de sus casillas a la gente. Y, por ultimo, prometame que la prensa no se enterara de nada si no es directamente por mi. ?Esta claro?
– Mas claro que el agua.
– -
Jack rara vez tenia ocasion de montar en su mountain bike durante el dia, de modo que fue un placer pedalear entre el trafico por la Quinta Avenida en direccion a la consulta del doctor Daniel Levitz. No habia sol, pero la temperatura rondaba los diez grados, anunciando la llegada de la primavera. Para Jack, la primavera era la mejor estacion en la ciudad de Nueva York.
Tras encadenar su bicicleta en un poste en que se leia: Prohibido Aparcar, Jack se dirigio a la entrada de la consulta del doctor Daniel Levitz. Habia llamado con antelacion para asegurarse de que el doctor estaba alli, pero habia evitado adrede concertar una cita. Creia que una visita sorpresa resultaria mas fructifera. Si Franconi habia sido sometido a un trasplante, era obvio que habia sido de manera clandestina.
– ?Su nombre, por favor? -pregunto la recepcionista de pelo blanco.
Jack le mostro su chapa de medico forense. Su superficie brillante y su apariencia oficial confundian a la mayoria de la gente, que solia pensar que se trataba de una chapa de policia. En situaciones como esta, Jack no se molestaba en explicar la diferencia. La chapa siempre impresionaba.
– Tengo que ver al doctor -dijo Jack guardandose la chapa en el bolsillo-. Cuanto antes, mejor.
Cuando la recepcionista recupero la voz, le pregunto a Jack cual era su nombre. Este se lo dio omitiendo el titulo de doctor, para no aclarar la naturaleza de su profesion.
La recepcionista se levanto de inmediato de la silla y desaparecio en el interior de la consulta.
Jack observo la sala de espera, que era amplia y estaba lujosamente decorada. No se parecia en nada a la sala de espera funcional que el tenia cuando practicaba la oftalmologia.
Eso habia sido antes de la invasion de las mutualidades medicas. Jack recordaba esos tiempos como si pertenecieran a una vida anterior y, en cierto modo, asi era.
En la sala de espera habia cinco personas impecablemente vestidas. Todas miraron a Jack por el rabillo del ojo, sin dejar de hojear sus revistas. Mientras pasaban ruidosamente las paginas, Jack percibio un sentimiento de disgusto, como si supieran que estaba a punto de saltarse la cola y hacerlos esperar mas. Jack esperaba que
