– A las siete -respondio Kevin, agradeciendo la distraccion. Estaba sentado ante su escritorio, fingiendo leer una revista sobre biologia molecular. En realidad, no hacia mas que torturarse repitiendo una y otra vez en su mente el horripilante incidente de esa tarde.
Todavia podia ver a los soldados con sus boinas rojas y sus uniformes de camuflaje, apareciendo de la nada. Oia el ruido de sus botas contra el suelo humedo y el alboroto de sus avios mientras corrian. Peor aun, revivia el mismo panico que habia sentido en el momento en que se habia girado para escapar, convencido de que en cualquier momento oiria las detonaciones de los rifles.
En cierto modo, la carrera por el claro en direccion al coche y el frenetico viaje de regreso al pueblo no habian sido nada comparados con el susto inicial. Las ventanillas destrozadas daban a los recuerdos posteriores un caracter casi surrealista, que no tenia parangon con lo que habia experimentado al descubrir a los soldados.
Una vez mas, Melanie y el habian reaccionado de manera completamente distinta. Kevin se pregunto si el hecho de haberse criado en Manhattan la habria endurecido, preparandola de algun modo para esa clase de experiencias.
Melanie estaba mas enfadada que asustada. Se enfurecio con los soldados por destruir lo que ella consideraba su propiedad, aunque, oficialmente, el coche pertenecia a GenSys.
– La cena esta lista -anuncio Esmeralda- La mantendre caliente.
Kevin le dio las gracias y el ama de llaves desaparecio en la cocina. El dejo la revista y salio a la terraza. Habia oscurecido, y comenzaba a preocuparse por el paradero de Melanie y Candace.
La casa daba a una pequena plaza arbolada iluminada por antiguas farolas. Directamente enfrente estaba la casa de Siegfried Spallek, que se parecia a la suya, con una arcada en la planta baja, una terraza que rodeaba la segunda, y un techo casi triangular.
Oyo risas a su izquierda y se volvio en direccion a la costa.
Acababa de caer un chaparron tropical, que habia durado una hora y habia amainado apenas quince minutos antes. Sobre los adoquines de la calle, todavia calientes por el sol, se alzaban pequenas nubecillas de vapor. Entre la bruma, vio aparecer a las dos mujeres, cogidas del brazo y riendo con desparpajo.
– ?Eh, Kevin! -exclamo Melanie al verlo en la terraza-.
?Como es que no has enviado una carroza a recogernos?
Las mujeres caminaron hasta situarse directamente debajo de el, que se sentia avergonzado por sus risas.
– ?De que hablas? -pregunto Kevin.
– Bueno, no debiste permitir que nos mojaramos -bromeo Melanie. Candace rio.
– Subid -dijo el mirando a un lado y otro de la plaza. Esperaba que el alboroto de las jovenes no molestara a sus vecinos, en especial a Siegfried Spallek.
Las mujeres subieron ruidosamente por las escaleras. Kevin las esperaba en el vestibulo. Melanie insistio en darle un beso en cada mejilla y Candace la imito.
– Lamentamos llegar tarde -dijo Melanie-. Pero la lluvia nos obligo a refugiarnos en el bar Chickee.
– Y unos tipos muy agradables del area de servicio nos in vitaron a una pina colada -anadio Candace con jubilo.
– No pasa nada -dijo Kevin-, aunque la cena ya esta lista.
– Estupendo -respondio Candace-. Estoy muerta de hambre.
– Yo tambien -dijo Melanie mientras se descalzaba-. Espero que no te importe, Kevin, pero en el camino hacia aqui se me empaparon los zapatos.
– Los mios tambien -dijo Candace, imitandola.
El les indico el comedor y las siguio hacia alli. Esmeralda habia puesto el mantel, los platos y los cubiertos en un extremo de la mesa, pues esta era lo bastante grande para doce personas. Habia velas en candeleros de cristal.
– ?Que romantico! -observo Candace.
– Supongo que beberemos vino -dijo Melanie sentandose en el primer sitio que encontro.
Candace se sento frente a ella, dejando la cabecera a Kevin.
– ?Blanco o tinto? -pregunto el.
– El color da igual -dijo Melanie con una risita.
– ?Que hay de cenar? -pregunto Candace.
– Un pescado tipico de aqui -respondio Kevin.
– ?Pescado! ?Que apropiado! -exclamo Melanie y las dos mujeres rieron hasta que se les saltaron las lagrimas.
– No lo he cogido -dijo el. Siempre que estaba con las dos jovenes, tenia la sensacion de que perdia el control y no entendia ni la mitad de lo que decian.
– Te lo explicaremos luego -consiguio decir Melanie entre risas-. Ahora trae el vino. Es lo mas importante.
– Que sea blanco -dijo Candace.
Kevin entro en la cocina y cogio la botella de vino que habia puesto en el frigorifico. Rehuyo la mirada de Esmeralda, preocupado por lo que esta podia pensar de sus desvergonzadas amigas. El mismo no sabia que pensar.
Mientras descorchaba la botella, oyo mas risas y fragmentos de una animada conversacion. Se recordo a si mismo que lo bueno de la compania de Melanie y Candace era que nunca se producian silencios incomodos.
– ?Que vino es? -pregunto Melanie cuando Kevin volvio al comedor. El le enseno la botella-. ?Oh, vaya! - exclamo con aires de experta-. ?Montrachet! Esta noche estamos de suerte.
Kevin habia escogido al azar una botella de su bodega, pero se alegro de impresionar a Melanie. Sirvio el vino mientras Esmeralda entraba con el primer plato.
La cena fue un exito rotundo. Hasta Kevin comenzo a relajarse despues de intentar beber tanto como las mujeres. A mitad de la comida, tuvo que levantarse a buscar otra botella
– No te imaginas quien estaba en el bar Chickee -dijo Melanie mientras Esmeralda retiraba los platos-. Nuestro temerario jefe, Siegfried.
Kevin se atraganto con el vino y se seco la cara con la servilleta.
– No habreis hablado con el, ?no?-dijo.
– Imposible negarse -dijo Melanie-. Nos invito generosamente a que lo acompanaramos e incluso pago una ronda.
Y no solo para nosotras, sino tambien para los muchachos del area de servicio.
– En realidad, estuvo encantador -comento Candace.
Un escalofrio recorrio la espalda de Kevin. El segundo episodio terrorifico de aquella tarde habia sido la visita al despacho de Siegfried. En cuanto hubieron escapado de los soldados ecuatoguineanos, Melanie habia insistido en dirigirse alli y todo lo que Kevin habia dicho para convencerla de que no lo hicieran habia sido en balde.
– No pienso tolerar esta clase de tratamiento -habia dicho Melanie mientras subian por las escaleras. Ni siquiera se habia molestado en hablar con Aurielo. Tras irrumpir en el despacho de Siegfried, le habia exigido que se ocupara de la reparacion de su coche.
Candace habia entrado con Melanie, pero Kevin habia permanecido fuera, mirandolas desde el escritorio de Aurielo.
– Anoche perdi mis gafas de sol -habia dicho Melanie-.
Asi que volvimos a buscarlas, y nada mas llegar alli nos dispararon otra vez.
Kevin habia supuesto que Siegfried estallaria, pero no lo habia hecho. En cambio, se habia disculpado diciendo que los soldados tenian ordenes de impedir que cualquier persona cruzara a la isla, pero que no deberian haber disparado.
No solo habia aceptado reparar el coche de Melanie, sino que le habia asegurado que mientras tanto le asignaria otro vehiculo. Tambien habia prometido ordenar a los soldados que buscaran las gafas de Melanie.
Esmeralda llego con el postre, que estaba preparado con cacao de la zona. Las mujeres estaba encantadas.
– ?Siegfried hizo alguna alusion a lo ocurrido ayer? -pre gunto Kevin.
– Se disculpo otra vez -respondio Candace-. Dijo que habia hablado con la guardia marroqui y nos aseguro
