que no habra mas disparos. Segun el, tienen ordenes de hablar con cualquier persona que se acerque al puente y explicarle que es una zona restringida.
– Muy verosimil -dijo Kevin-. Con lo que les gusta disparar a esos crios que llaman soldados, es imposible que cumplan esa orden. Melanie rio.
– Hablando de los soldados, Siegfried nos conto que se pasaron horas buscando mis inexistentes gafas. ?Lo tienen bien merecido!
– Nos pregunto si queriamos hablar con los obreros que habian ido a la isla y habian quemado malezas -dijo Candace-. ?Puedes creerlo?
– ?Y que le respondisteis?
– Le dijimos que no era necesario -contesto Candace-.
No queremos que piense que seguimos preocupados por el humo, y mucho menos que planeamos hacer una visita a la isla.
– Pero no planeamos nada semejante -repuso Kevin. Miro a las mujeres que intercarnbiaron una sonrisa complice-. ?O si?
Los dos tiroteos habian sido mas que suficientes para disuadir a Kevin de su intencion de visitar la isla.
– Antes preguntaste por que nos reimos cuando dijiste que habia pescado para cenar -dijo Melanie-. ?Recuerdas?
– Si -respondio Kevin, preocupado. Tenia toda la impresion de que no iba a gustarle lo que iba a decir Melanie.
– Nos reimos porque hemos pasado gran parte de la tarde hablando con los pescadores que vienen a Cogo un par de veces a la semana -explico Melanie-. Puede que sean los mismos que cogieron el pescado que acabamos de comer. Vienen desde una aldea llamada Acalayong, que esta a unos quince kilometros al este.
– Conozco el pueblo -dijo Kevin. Era un sitio de paso para las personas que viajaban desde Guinea Ecuatorial a Coco Beach, en Gabon. El viaje se hacia en unas canoas motorizadas que llamaban piraguas.
– Les hemos alquilado un bote para dos o tres dias -anuncio Melanie con orgullo-. Asi que no tendremos necesidad de acercarnos al puente. Viajaremos por agua.
– No conteis conmigo -dijo Kevin con enfasis-. Ya he tenido suficiente. Creo que es un milagro que sigamos vivos.
Si vosotras quereis ir, adelante. Se que no podre convenceros de que no lo hagais.
– ?Vaya, genial! -exclamo Melanie con desden-. Conque ya te has dado por vencido. Entonces, ?como piensas descubrir si tu y yo hemos creado una raza de protohumanos? Al fin y al cabo, fuiste tu quien menciono el tema por primera vez y quien nos metio esta preocupacion en la cabeza.
Melanie y Candace miraron fijamente a Kevin. Durante unos instantes, nadie dijo nada. Oyeron los ruidos de la selva, que hasta el momento habian pasado inadvertidos.
Embargado por una creciente inquietud, Kevin por fin se decidio a romper el silencio:
– Todavia no se que hacer -respondio-. Pero ya se me ocurrira algo.
– Y una mierda -replico Melanie-. Tu mismo dijiste que la unica manera de descubrir que hacen los animales es ir a la isla. ?Lo has olvidado?
– No; no lo he olvidado -dijo Kevin-. Pero… bueno…
– Muy bien -dijo Melanie con desden-, si eres demasiado gallina para ir a averiguar que has hecho con tu manipulacion genetica, quedate. Contabamos con que nos ayudaras a conducir la piragua, pero no hay problema. Candace y yo nos apanaremos. ?No es cierto, Candace?
– Claro.
– Veras -prosiguio Melanie-, hemos planeado esta operacion con mucho cuidado. No solo hemos alquilado una canoa grande con motor, sino tambien una de remos mas pequena. Una vez en la isla, remontaremos el rio Deviso con el bote. Puede que ni siquiera toquemos tierra. Lo unico que queremos es observar a los animales durante un rato.
Kevin asintio. Miro a las dos mujeres, que no le quitaban los ojos de encima. Incomodo, retiro su silla y se levanto.
– ?Adonde vas? -pregunto Melanie.
– A buscar mas vino -respondio.
Con una extrana sensacion que rayaba en la furia, Kevin cogio la tercera botella de vino blanco y la llevo al comedor.
Acerco la botella a la copa de Melanie, que hizo un gesto de asentimiento. Despues de llenar la copa, hizo lo propio con la de Candace y la suya.
Se sento y bebio un buen trago. Despues se aclaro la garganta y pregunto para cuando habian planeado la gran expedicion.
– Para manana a primera hora-contesto Melanie-. Suponemos que tardaremos mas de una hora en llegar a la isla, y queremos volver antes de la hora de mas sol.
– Hemos comprado comida y bebida en la cantina -dijo Candace-. Y yo llevare un ventilador portatil del hospital.
– Nos mantendremos alejados del puente y de la zona de estacionamiento -dijo Melanie-, asi que no prevemos problemas.
– Yo creo que sera divertido -anadio Candace-. Me encantaria ver un hipopotamo.
Kevin bebio otro sorbo de vino.
– Espero que no te importe que nos llevemos esos chismes electronicos para localizar a los animales -dijo Melanie-. Y el mapa topografico. Naturalmente, los cuidaremos bien.
Kevin suspiro y se reclino en la silla.
– De acuerdo, me doy por vencido -dijo-. ?Cual es la hora prevista para la mision?
– ?Bravo! -exclamo Candace aplaudiendo-. Sabia que nos acompanarias.
– El sol sale despues de las seis -dijo Melanie-. Me gustaria que a esa hora estuvieramos en camino. Mi plan es que nos dirijamos al oeste y que nos internemos bastante en las aguas del estuario antes de girar hacia el este. De ese modo no despertaremos sospechas si alguien nos ve en la piragua. Pensaran que vamos a Acalayong.
– ?Y que hay del trabajo? ?No notaran vuestra ausencia?
– No -respondio Melanie-. En el hospital he dejado dicho que estaria en el Centro de Animales, y en el Centro…
– Ya veo -interrumpio Kevin-. ?Y tu, Candace?
– No hay problema -respondio Candace-. El senor Winchester se encuentra tan bien, que podria decirse que estoy en el paro. Los cirujanos se pasan el dia jugando al golf y al tenis. Puedo hacer lo que me de la gana.
– Yo llamare al jefe de mis ayudantes -dijo Kevin-. Le dire que debo permanecer en casa porque tengo un ataque agudo de enajenacion mental.
– Un momento -dijo Candace-. Hay un problema.
Kevin se irguio con brusquedad.
– ?Cual? -pregunto.
– No tengo bronceador con filtro total -respondio Candace-. No lo traje porque en mis viajes previos nunca llegue a ver el sol.
CAPITULO 16
6 de marzo de 1997, 14.30 horas.
Nueva York
Con todos los analisis de Franconi pendientes, Jack habia ido a su despacho y habia procurado concentrarse en completar casos atrasados. Para su sorpresa, habia conseguido hacer progresos notables hasta que sono el telefono, a las dos y media.
– ?El doctor Stapleton? -pregunto una voz femenina con acento italiano.
