ninguna de esas personas fueran criminales capaces de considerar una inconveniencia semejante como un motivo de venganza.
La recepcionista reaparecio y con una humildad embarazosa guio a Jack hacia el despacho privado del medico. Una vez que Jack hubo entrado, cerro la puerta tras ella.
El doctor Levitz no estaba en su despacho. Jack se sento en una de las dos sillas que habia frente al escritorio y miro alrededor Vio los tipicos titulos y diplomas, fotografias familiares e incluso una pila de revistas medicas sin leer. Jack sintio un escalofrio; todo le resultaba demasiado familiar.
Ahora, en la distancia, se pregunto como habia podido trabajar tanto tiempo en un entorno similar.
El doctor Daniel Levitz entro por una puerta lateral. Llevaba una bata blanca, con el bolsillo superior lleno de de presores y boligrafos, y un estetoscopio al cuello. Comparado con Jack, que media un metro ochenta y tenia una figura musculosa, de hombros anchos, Levitz parecia bajo y fragil.
Jack reparo de inmediato en los tics nerviosos del medico, que incluian giros e inclinaciones de cabeza. Levitz no parecia consciente de ellos. Estrecho la mano de Jack con aparente incomodidad y se refugio detras del enorme escritorio.
– Estoy muy ocupado -dijo el medico-, aunque, naturalmente, siempre tengo tiempo para la policia.
– No soy de la policia -corrigio Jack-. Soy el doctor Jack Stapleton, del Instituto Forense del estado de Nueva York.
El doctor Levitz hizo un movimiento espasmodico con la cabeza, frunciendo al mismo tiempo su bigote ralo. Jack tuvo la impresion de que tragaba saliva.
– Ah -dijo.
– Queria hablar brevemente con usted acerca de un paciente suyo.
– La historia clinica de mis pacientes es confidencial.
– Desde luego -contesto Jack con una sonrisa-. Pero solo hasta que mueren y pasan a manos de un forense. Vera, queria hacerle algunas preguntas sobre Carlo Franconi.
Observo como Levitz hacia otra serie de extranos movimientos convulsivos. Era una suerte que aquel tipo no hubiera tenido que someterse a cirugia cerebral.
– Aun asi, sigo respetando la confidencialidad de mis casos -insistio Levitz.
– Entiendo su posicion desde un punto de vista etico, pero debo recordarle que, en estas circunstancias, los forenses del estado de Nueva York tenemos autoridad para citarlo a comparecer. Asi que, ?por que no mantenemos una conversacion amistosa? Quien sabe; es posible que podamos aclarar algunos puntos.
– ?Que quiere saber? -pregunto Levitz.
– Tras leer los multiples informes de ingresos hospitalarios del senor Franconi, he descubierto que tuvo una larga serie de trastornos hepaticos que condujeron a un insuficiencia grave -dijo Jack.
El doctor Levitz asintio, pero su hombro derecho se encogio varias veces. Jack espero a que estos movimientos involuntarios cesaran.
– Para ir directamente al grano -dijo Jack-, nuestra gran duda es si en algun momento se sometio al senor Franconi a un trasplante de higado.
El medico no respondio enseguida. Se limito a contraer los musculos unas cuantas veces mas. Pero Jack estaba dispuesto a esperar el tiempo que hiciera falta.
– No se nada de ningun trasplante de higado -contesto por fin.
– ?Cuando lo examino por ultima vez?
El doctor Levitz levanto el auricular y pidio a una de sus ayudantes que le llevara la historia clinica de Franconi.
– Solo sera un momento -dijo.
– En uno de los ingresos del senor Franconi, hace aproximadamente tres anos, usted escribio que consideraba necesario un trasplante de higado. ?Recuerda haber escrito ese informe?
– No especificamente -respondio Levitz-. Pero era consciente del agravamiento de su estado, asi como de los fracasos del senor Franconi en sus intentos para dejar de beber.
– Sin embargo, no volvio a mencionar esta recomendacion, lo cual me parece sorprendente puesto que en los analisis de los dos anos siguientes se observa claramente un deterioro gradual, aunque irreversible, de la funcion hepatica.
– La influencia del medico sobre la conducta de sus pacientes es limitada.
Se abrio la puerta y la amable recepcionista entro con una gruesa carpeta. La dejo sobre el escritorio sin decir una palabra y se marcho.
Levitz abrio la carpeta y, despues de echarle una ojeada, dijo que habia visto a Franconi por ultima vez hacia un mes.
– ?Por que lo visito?
– Por una infeccion en las vias respiratorias altas -respondio Levitz-. Le recete un antibiotico. Al parecer, funciono.
– ?Lo examino?
– ?Desde luego! -exclamo el medico con indignacion-. Siempre examino a mis pacientes.
– ?Le habian hecho un trasplante de higado?
– Bueno; no hice una revision fisica completa. Lo examine especificamente por los sintomas que lo habian traido aqui.
– ?No le palpo el higado, a pesar de sus antecedentes?
– Si lo hice, no lo apunte en la ficha.
– ?Le pidio un analisis de sangre para controlar la funcion hepatica? -pregunto Jack.
– Solo uno de bilirrubina-respondio el medico.
– ?Por que solo de bilirrubina?
– Habia tenido hepatitis en el pasado. Parecia estar mejor, pero queria asegurarme.
– ?Cual fue el resultado?
– La bilirrubina estaba dentro de los limites normales.
– De modo que, aparte de la infeccion de las vias respiratorias, estaba bien.
– Si; supongo que si.
– Parece un milagro -observo Jack-. Sobre todo porque, como usted acaba de decir, Franconi se resistia a dejar de beber.
– Es posible que finalmente lo hiciera. Despues de todo, la gente cambia.
– ?Le importaria que echara un vistazo a la historia clinica?
– Si; me importaria -respondio el doctor Levitz-. Ya he dejado clara mi postura etica sobre el derecho de mis pacientes a la confidencialidad. Si quiere examinar la historia clinica de Franconi, tendra que obligarme legalmente a declarar. Lo lamento. No es mi intencion obstaculizar sus investigaciones.
– Tranquilo -dijo Jack con tono amistoso y se puso en pie-. Informare de su postura a la oficina del fiscal. Mientras tanto, gracias por su tiempo y, si no le importa, es probable que vuelva a ponerme en contacto con usted en un futuro proximo. Hay algo muy extrano en este caso y pienso investigarlo a fondo.
Mientras abria los candados de su bicicleta, Jack sonrio para sus adentros. Era evidente que el doctor Levitz sabia mas de lo que estaba dispuesto a admitir. Jack ignoraba cuanto mas, pero su intriga iba en aumento. Tenia el palpito de que ese caso no era solo el mas interesante de su practica profesional hasta el momento, sino que iba camino de convertirse en el mas interesante de toda su carrera.
Al regresar al deposito, dejo la bicicleta en el lugar de costumbre, subio a su despacho, se quito la cazadora y fue directamente al laboratorio de ADN. Pero Ted no habia ter minado.
– Necesito un par de horas mas -dijo Ted-. ?Y te llamare en cuanto haya acabado! No necesitas volver a subir.
Aunque estaba decepcionado, Jack no se dio por vencido y bajo al area de histologia a buscar los preparados finales del caso Franconi.
– ?Dios mio! -protesto Maureen-. ?Que esperas, un milagro? He puesto tu peticion delante de todas las demas, pero aun asi tendras mucha suerte si los preparados estan listos hoy.
Procurando conservar el buen humor y mantener a raya su curiosidad, Jack bajo a la segunda planta y busco a John DeVries en el laboratorio.
– Los analisis para detectar ciclosporina y FK506 no son tan sencillos -le espeto John-. Ademas, ya tenemos
