bastante trabajo pendiente. No pueden esperar un servicio inmediato con el presupuesto con que estoy obligado a trabajar.

– De acuerdo, tranquilo -dijo Jack con cordialidad. Sabia que John era un hombre irascible y que, si lo provocaban, podia reaccionar con agresividad. En tal caso, no tendria los resultados de los analisis hasta varias semanas despues.

Descendio otra planta, entro en el despacho de Bart Arnold y le suplico que le diera alguna informacion, ya que las demas pesquisas estaban atascadas.

– He hecho un monton de llamadas -le explico Bart-, pero ya sabes lo que pasa con el telefono; es dificil que te responda la persona que necesitas. Asi que deje unos cuantos mensajes aqui y alli, y estoy esperando que me devuelvan las llamadas.

– iJoder! -exclamo Jack-. Me siento como una adolescente con un vestido nuevo esperando que alguien me invite al baile de graduacion.

– Lo siento -dijo Bart-. Si te sirve de consuelo, conseguimos la muestra de sangre de la madre de Franconi. Ya esta en el laboratorio de ADN.

– ?le preguntaron si su hijo habia tenido un trasplante de higado?

– Desde luego -respondio Bart-. La senora Franconi aseguro a nuestro investigador que no sabia nada al respecto.

Pero reconocio que ultimamente su hijo se encontraba mucho meior.

– ?A que atribuyo ella ese subito cambio en su estado de salud?

– Dice que Franconi paso una temporada en un balneario y que volvio como nuevo.

– Por casualidad, ?dijo donde esta el balneario? -pregunto Jack.

– No lo sabe -respondio Bart-. Al menos eso es lo que dijo, aunque el investigador cree que no mentia.

Jack asintio y se puso en pie.

– Me lo figuraba -dijo-. Las cosas habrian sido demasiado faciles si hubieramos conseguido alguna pista de la madre.

– Te informare en cuanto reciba las llamadas que espero -dijo Bart.

– Gracias -respondio Jack.

Frustrado, Jack cruzo la recepcion en direccion a la sala de identificaciones, pensando que un cafe lo animaria. Le sorprendio encontrar alli a Lou Soldano, sirviendose una taza.

– Vaya -dijo Lou-. Me has cogido con las manos en la masa.

– Jack miro al detective de homicidios. Hacia varios dias que no tenia tan buen aspecto. No solo llevaba abrochado el primer boton del cuello de la camisa, sino que la corbata estaba en su sitio. Ademas, se habia afeitado y peinado.

– Caray le dijo-. Hoy pareces casi humano.

– Y asi me siento -respondio Lou-. He dormido una noche completa por primera vez en varios dias- ?Donde esta Laurie?

– Supongo que en el foso -dijo Jack.

– Quiero felicitarla por asociar el cadaver de Franconi con el que aparecio en el agua despues de ver la cinta de video -dijo Lou-. En la jefatura, todos creemos que esto ayudara a aclarar el caso. Ya hemos conseguido un par de pistas fiables a traves de nuestros confidentes, pues la noticia ha producido un gran alboroto, sobre todo en Queens.

– A Laurie y a mi nos sorprendio verla en los periodicos de la manana -observo Jack-. Fue mucho mas rapido de lo que esperabamos. ?Tienes idea de quien filtro la informacion?

– Claro; fui yo -dijo Lou con inocencia-. Aunque me cuide mucho de no dar detalles, aparte de que se habia identificado el cadaver. ?Por que? ?Hay algun problema?

– No; solo que Bingham se puso a parir -respondio Jack-. Y me culpo a mi.

– Vaya, lo siento -se disculpo Lou-. No se me paso por la cabeza que podia causaros problemas. Supongo que debi consultaros antes. Bueno, te debo una.

– Olvidalo. Ya esta solucionado. -Se sirvio una taza de cafe, anadio azucar y una cucharadita de nata.

– Al menos en la calle produjo el efecto que habiamos previsto -senalo Lou-. Ya hemos obtenido un dato importante:

las personas que mataron a Franconi no fueron las mismas que secuestraron y mutilaron su cuerpo.

– No me sorprende -repuso Jack.

– ?No? -pregunto Lou-. Yo tenia entendido que aqui todos teniais la opinion contraria. Al menos, eso fue lo que dijo Laurie.

– Si, pero ahora piensa que los que robaron el cuerpo lo hicieron porque no querian que nadie se enterara del trasplante de higado. Yo sigo opinando que se proponian ocultar la identidad de la victima.

– En realidad -dijo Lou con aire pensativo, bebiendo su cafe a pequenos sorbos-, eso no tiene mucho sentido. Veras, estamos casi convencidos de que el cadaver lo robo la familia Lucia, los rivales mas directos de los Vaccaro, que son los que mataron a Franconi.

– ?Santo cielo! -exclamo Jack-. ?Estais seguros?

– Casi. El confindente que dio el soplo es bastante fiable. Naturalmente no ha proporcionado nombres, y esa es la parte mas frustrante del asunto.

– La sola idea de que hay una familia de la mafia involucrada es inquietante -dijo Jack-. Significa que los Lucia podrian estar metidos en el trafico de organos. Es para quitarle el sueno a cualquiera.

– ?Tranquilicese! -exclamo Raymond al auricular. El telefono habia sonado cuando se disponia a salir de su casa. Al enterarse de que era el doctor Levitz, habia atendido.

– ?No me diga que me tranquilice! -respondio Daniel-. Ya ha visto los periodicos. ?Tienen el cadaver! Y un forense llamado Jack Stapleton ha estado en mi consulta para pedirme la historia clinica de Franconi.

– No se la habra dado, ?verdad?

– ?Claro que no! -grito Daniel. Pero el me recordo, dandose aires de superioridad, que puede obligarme a comparecer. Es un tipo agresivo y sin pelos en la lengua y me aseguro que se propone investigar el caso a fondo. Sospecha que Franconi fue sometido a un trasplante. Me lo pregunto directamente.

– ?En la historia clinica hay alguna informacion sobre nuestro programa de trasplantes? -pregunto Raymond.

– No; he seguido sus instrucciones al respecto. Pero de todos modos, si alguien examina la historia clinica de Franconi, sospecharan que hay gato encerrado. Al fin y al cabo, he documentado el deterioro de la salud de Franconi durante anos. Y de repente, los analisis de la funcion hepatica son normales sin que medie ninguna explicacion. ?Nada! Ni siquiera un comentario al respecto. Le aseguro que me haran preguntas, y no se si podre salir airoso del interrogatorio.

Estoy muy nervioso. Ojala no me hubiera metido en esto.

– No saquemos las cosas de quicio -repuso Raymond con una tranquilidad que no sentia-. No hay forma de que Stapleton llegue al fondo del asunto. Nuestra preocupacion por la autopsia se basaba en una hipotesis, en la remotisima posibilidad de que alguien con el coeficiente intelectual de Einstein pudiera adivinar el origen del organo trasplantado. Pero no ocurrira. De todos modos, le agradezco que me haya llamado para informarme de la visita de Stapleton. Casualmente, en este preciso momento me disponia a visitar a Vinnie Dominick. Estoy seguro de que, con sus recursos, podra solucionar el problema. Despues de todo, el es el responsable de la actual situacion.

A la primera oportunidad, Raymond dio por terminada la conversacion. Aplacar al doctor Levitz no le ayudaba en absoluto a controlar su propia ansiedad. Despues de dar instrucciones a Darlene sobre que decir en el improbable caso de que volviera a llamar Taylor Cabot, salio de su casa.

Cogio un taxi en el cruce de Madison Avenue con la calle Sesenta y cuatro y pidio al taxista que lo llevara a Corona Avenue, en Elmhurst.

En el restaurante Neopolitan, la escena era identica a la del dia anterior, con el unico anadido del olor rancio de un centenar de cigarrillos mas. Dominick estaba sentado en el mismo reservado y sus esbirros en los mismos taburetes. El gordo barbudo lavaba copas detras de la barra.

Raymond no perdio el tiempo. Tras apartar la pesada cortina de terciopelo de la puerta, camino en linea recta hacia el reservado de Vinnie y se sento frente a el sin esperar una invitacion. Le paso por encima de la mesa el arrugado periodico, que habia alisado con esfuerzo.

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