– ?De veras? -pregunto Raymond. Por lo que sabia de Kevin Marshall, la idea se le antojaba completamente absurda.

Raymond jamas le habia visto expresar el minimo interes por el sexo opuesto. Y no podia concebir la idea de que subitamente se liara con dos mujeres a la vez.

– Esa fue mi impresion. Deberia haber oido a las dos mujeres hablando del 'adorable' investigador. Asi lo llamaron.

– -

Se dirigian a la casa de Kevin para cenar con el. Que yo sepa, es la primera cena que organiza, y estoy bien informado, puesto que vivo enfrente de su casa.

– Supongo que deberiamos alegrarnos. -mas bien deberiamos envidiarlo -corrigio Siegfried con otra carcajada que irrito a Raymond.

– Llamaba para decir que saldre de aqui manana por la noche. No puedo decirle exactamente cuando llegare a Bata, porque no se donde repostaremos. Volvere a llamar cuando nos detengamos a repostar, o hare que los pilotos se comuniquen con usted por radio.

– ?Viene alguien mas?

– Que yo sepa, no -respondio Raymond-. Lo dudo, por que el avion estara casi lleno en el vuelo de regreso.

– Lo esperamos.

– Hasta pronto -se despidio.

– Supongo que traera consigo la bonificacion-sugirio Siegfried.

– Vere si puedo arreglarlo.

Colgo el auricular y sonrio. Cabeceo, estupefacto ante la inesperada conducta de Kevin Marshall.

– ?Uno nunca termina de conocer a una persona! -comento Raymond en voz alta mientras se levantaba y se dirigia hacia la puerta. Iria a buscar a Darlene para animarla un poco. Quiza la llevara a comer a su restaurante favorito.

– -

Jack habia examinado detenidamente el unico corte de higado que tenia. Habia usado incluso su lente de inmersion en aceite para observar las particulas basofilas en el centro del minusculo granuloma. Todavia no sabia si se trataba de un hallazgo autentico y, en tal caso, que eran dichas particulas.

Agotados sus conocimientos histologicos y anatomopatologicos, estaba a punto de llevar la muestra al departamento de anatomia patologica del Hospital de la Universidad de Nueva York cuando sono el telefono. Era la llamada para Chet desde Carolina del Norte. Jack hizo las preguntas oportunas y apunto las respuestas. Tras colgar el auricular, Jack cogio su cazadora de encima del archivador metalico, se la puso y cogio el portaobjetos; en ese momento volvio a sonar el telefono. Esta vez era Lou Soldano.

– ?Bingo! -lo saludo Lou con alegria-. Tengo buenas noticias para ti.

– Soy todo oidos dijo Jack. Se quito la cazadora y se sento.

– Deje un mensaje para mi amigo de inmigracion y hace un momento me ha devuelto la llamada -comenzo a explicar Lou-. Cuando le hice tu pregunta me dijo que esperara. Oi como introducia la informacion en el ordenador. Dos segundos despues, tenia la informacion: Carlo Franconi entro en el pais hace exactamente treinta y siete dias, el 29 de enero, por Teterboro, en Nueva Jersey.

– Nunca habia oido hablar de Teterboro -dijo Jack.

– Es un aeropuerto privado. Es para aviacion comercial, pero lo usan muchos aviones privados, ya que esta a poca distancia de la ciudad.

– ?Carlo Franconi viajo en un jet privado?

– No lo se -dijo Lou-. Lo unico que he conseguido son los numeros o letras de identificacion del avion, o como quiera que se llame. Veamos; lo tengo aqui mismo: N6GSU.

– ?Se sabe de donde procedia el avion? -pregunto Jack mientras apuntaba los caracteres alfanumericos y la fecha.

– Si, claro, todo queda registrado. El avion venia de Lyon, Francia.

– No; imposible.

– Son los datos que habia en el ordenador. ?Por que crees que no son correctos?

– Porque esta manana he hablado con el banco de organos frances -dijo Jack-. No tienen constancia de ningun americano llamado Franconi, y negaron categoricamente que pudieran hacerle un trasplante a uno de nuestros ciudadanos, pues tienen una larga lista de espera de franceses.

– La informacion de inmigracion siempre coincide con el plan de vuelo que tiene la administracion de vuelos nacional, es decir, la FAA, y su equivalente europeo -explico Lou-. Al menos eso tengo entendido.

– ?Crees que tu amigo de inmigracion tendra algun con tacto en Francia?

– No me sorprenderia. Los altos jerarcas tienen que cooperar unos con otros. Puedo preguntarselo. ?Para que quieres saberlo?

– Si Franconi estuvo en Francia, me gustaria averiguar que dia llego -dijo Jack-. Tambien me gustaria conocer cualquier otro dato que tengan los franceses sobre el lugar al que se dirigio dentro del pais. Tengo entendido que mantienen un estricto control de los extranjeros no europeos a traves de los hoteles.

– Bien, veremos que puedo hacer -dijo Lou-. Le telefoneare y despues volvere a llamarte a ti.

– Otra cosa: ?Como podemos descubrir quien es el propietario del N6GSU?

– Eso es muy sencillo. Solo tienes que llamar al centro de control de aviacion de la FAA en Oklahoma. Puede hacerlo cualquiera, pero tambien tengo un amigo alli.

– Jolin, tu tienes amigos en todos los sitios convenientes -senalo Jack.

– Ventajas del oficio. Nos hacemos favores mutuamente todo el tiempo. Si hay que esperar que las cosas sigan el cauce normal, lo tienes claro.

– Pues me alegro de poder sacar provecho de tu red de contactos.

– ?O sea que quieres que llame a mi amigo de la FAA? -pregunto Lou.

– Te lo agradeceria mucho.

– Sera un placer. Tengo la sensacion de que cuanto mas os ayude a vosotros, mas me ayudare a mi mismo. Nada me gustaria tanto como resolver este caso. Podria salvarme de ir al paro.

– En este momento me disponia-a salir para hacer una consulta en el Hospital Universitario. ?Que te parece si vuelvo a llamarte dentro de una hora?

– Perfecto -respondio Lou antes de colgar.

Como todo lo demas en este caso, la informacion que le habia dado Lou era sorprendente y desconcertante. Jack ya habia descartado la posibilidad de que Franconi hubiera viajado a Francia.

Tras ponerse la cazadora por segunda vez, Jack salio de su despacho. Puesto que el Hospital Universitario estaba muy cerca, no se molesto en coger la bici. Apenas tardaria diez minutos andando.

Una vez en el bullicioso centro medico, cogio el ascensor para subir al departamento de anatomia patologica. Esperaba que el doctor Malovar estuviera libre. Peter Malovar era un experto en el tema y, pese a sus ochenta y dos anos, uno de los anatomopatologos mas brillantes que Jack habia conocido en su vida. Siempre que podia asistia a las clases magistrales que impartia Malovar una vez al mes. De modo que cuando tenia una duda sobre anatomia patologica, no recurria a Bingham, cuya especialidad era la medicina forense, sino al doctor Malovar.

– El profesor esta en su laboratorio, como siempre -le informo la atareada secretaria del departamento-. ?Sabe llegar alli?

Jack asintio y se dirigio a la vieja puerta de cristal esmerilado que conducia a lo que llamaban la 'madriguera de Malovar'. Llamo y, como nadie respondia, abrio la puerta.

Dentro encontro al doctor Malovar inclinado sobre su querido microscopio. Con su enmaranado pelo gris y su poblado bigote, el anciano se parecia un poco a Einstein. Tambien tenia cifosis, como si su cuerpo hubiera sido creado especificamente para inclinarse sobre el microscopio. De sus cinco sentidos, solo el oido se habia deteriorado con el transcurso de los anos.

El profesor le dirigio un breve saludo mientras miraba con curiosidad el portaobjetos que Jack tenia en la mano. Le encantaba que le hicieran consultas sobre casos problematicos, y Jack se habia aprovechado de esa ventaja en muchas ocasiones.

Mientras entregaba el portaobjetos al profesor, intento resumirle la informacion que obraba en su poder, pero

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