– Ya veo que te has acordado -espeto-. No cumpliste tu promesa, maldito cerdo. Y yo te espere. Espere tanto tiempo…

No termino la frase. Abrio la puerta y salio de la habitacion.

Jackson se levanto como empujado por un resorte.

– Ire a buscarla.

– No, dejala. Sabemos donde encontrarla.

– Una chica encantadora -comento Jackson, ironico.

– Lo fue, no te quepa duda -declaro Santos con amargura-. Hace mucho tiempo fue una chica maravillosa.

Capitulo 52

La agente que se encontraba en el mostrador del vestibulo acompano a Liz al tercer piso del edificio, donde se encontraba la brigada de homicidios. Liz sonrio e intercambio unas cuantas palabras con la mujer policia antes de dirigirse al escritorio de Santos, que se encontraba al fondo de una enorme sala. Mientras pasaba ante las mesas varios agentes sonrieron y la saludaron. Liz devolvio los saludos intentando controlar su nerviosismo, con la extrana sensacion de que algo iba mal.

No habia visto a Santos desde el funeral, aunque lo habia llamado por telefono varias veces. Parecia distante, preocupado. Tenia la impresion de que no queria hablar con ella, impresion acentuada por el hecho de que siempre decia que no tenia tiempo.

No obstante, preferia pensar que seguramente estaria preocupado por el asunto del asesino de Blancanieves. Al menos, era su excusa preferida.

Fruncio el ceno. Santos estaba pasando por un mal momento. Lily era su unica familia, y al perderla se habia quedado solo. No resultaba extrano que quisiera centrarse en su trabajo.

Apreto los dedos sobre la cestita de picnic que llevaba consigo. Santos no comprendia que ella podia llenar el vacio que habia dejado Lily al morir. No entendia que podia realizarse de nuevo con una familia. No entendia que la necesitaba.

Lo encontro sentado junto a su escritorio, hablando por telefono. Jackson se encontraba ante el, con expresion seria.

Automaticamente su corazon empezo a latir mas deprisa. Siempre que lo veia ocurria lo mismo. Lo amaba con todo su corazon.

Jackson fue el primero en advertir su presencia. Acto seguido, Santos levanto la mirada. Durante un segundo parecio acorralado, como un animal que contemplara impotente el coche que estuviera a punto de atropellarlo.

– Hola -sonrio de manera forzada-. Pense que tendriais hambre.

Santos se levanto para saludarla, pero no la beso. Ni siquiera la miro a los ojos.

– Muchas gracias, Liz. Es todo un detalle.

Liz dejo la cesta sobre la mesa y se volvio hacia Jackson, desesperada. Pero a pesar de todo sonrio.

– Se que no comeis muy bien cuando estais ocupados con un caso.

– Es por culpa del maniaco con el que trabajo -rio Jackson-. Trabaja veinticuatro horas al dia y se alimenta de cafe.

– Hablando de trabajo -intervino Santos-, siento que no llamaras por telefono, Liz. No has venido en un buen momento.

Jackson miro a su companero, sorprendido. Tanto el como Liz habian comprendido perfectamente el sentido de aquellas palabras.

– Tengo que hacer una llamada -se excuso el detective-. Me he alegrado mucho de verte de nuevo, Liz. Gracias por la comida. Ya hablaremos mas tarde.

Liz se despidio de Jackson, pero tuvo la sensacion de que no volveria a verlo.

– ?Que sucede?

– Tenemos que hablar. Queria llamarte, pero este no es ni el lugar ni el momento mas adecuado.

Liz lo miro, palida. Una vez mas, Glory se interponia en su camino. No podia tratarse de otra cosa.

– Maldito canalla. Te acostaste con ella, ?verdad?

Santos la miro con expresion tan culpable que casi parecia comico. Por desgracia, no habia nada gracioso en ello.

– Vamos a algun lugar donde podamos hablar en privado.

– Te acostaste con ella, ?verdad, Santos? -pregunto, elevando el tono de voz-. Dime que no lo hiciste. Dimelo.

– No puedo, y lo siento. No queria hacerte dano.

– Dios mio… Despues de todo lo que nos hizo. ?Como has podido?

– No queria hacerlo, no lo planee asi -bajo la voz-. Pero ocurrio.

– ?Y se supone que debo sentirme mejor por eso? -pregunto entre lagrimas-. ?Crees que me tranquiliza que no lo hicieras empujado por una irresistible pasion?

Santos intento tomarla del brazo, pero Liz no lo permitio.

– Lo siento.

– Si, claro. ?Cuando pensabas decirmelo? ?O es que estabas pensando en acostarte con las dos?

Santos miro a su alrededor, incomodo.

– Este no es el lugar mas adecuado para una discusion. Por favor, vayamos a otro sitio.

– ?Para que, para que intentes explicarte? ?Para intentar que me sienta mejor? Olvidalo.

– No queria hacerte dano. Por Dios, es lo ultimo que querria hacer. Como he dicho antes, no se lo que ocurrio. Pero ocurrio.

– Y supongo que ahora vas a decir que todo fue un error. Supongo que vas a pedirme perdon, que vas a insistir en que las cosas pueden seguir como antes.

Liz no pudo negar la llama de esperanza que aun vivia en su interior. En el fondo estaba dispuesta a perdonarlo por mucho dolor que le hubiera causado.

Pero Santos no dijo nada. Su silencio fue muy clarificador. Liz se sintio completamente ridicula. Se habia expuesto de forma innecesaria con aquellas palabras.

– No debi confiar en ti. No debi creerte cuando dijiste que no la querias.

– No la quiero. Pero ahora me doy cuenta de que tu y yo no tenemos ningun futuro. Y no seria justo contigo si te enganara.

El odio que sentia hacia Glory Saint Germaine se incremento. Le habia robado la oportunidad de estudiar y ahora le robaba al hombre que amaba. Si seguia asi terminaria arreglandoselas para quitarle tambien el restaurante y el aire que respiraba.

Santos parecio leer sus pensamientos. La tomo del brazo y la obligo, carinosamente, a mirarlo.

– No tiene nada que ver con ella. Es algo sobre nosotros, sobre lo que sentimos el uno por el otro.

Liz hizo un esfuerzo para no llorar, para no humillarse aun mas.

– Bueno, supongo que no puedes ser mas claro de lo que eres.

– Lo siento, Liz. Me gustaria que pudieramos seguir siendo amigos…

– No digas eso, por favor. Te quiero tanto que querria estar siempre a tu lado y… Duele mas de lo que puedo soportar.

– Liz, lo siento tanto…

– Ya te has disculpado, Santos. Pero si realmente lo sintieras no te habrias acostado con ella, en primer lugar. No lo habrias hecho de haber sido cierto todo lo que dijiste sobre Glory y sobre tus sentimientos. Pero eran mentiras, ?no es verdad? Todo lo que me dijiste era mentira.

– No -nego con la cabeza-. No te he mentido nunca.

– No. Hiciste algo mas peligroso. Te mentiste a ti mismo. No quiero volver a hablar contigo. No quiero volver a verte. Y te aseguro que no os perdonare a ninguno de los dos por lo que habeis hecho. En toda mi vida.

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